El deporte del parapente toma vuelo en el norte de Irak

Hazem Amin llena sus pulmones de aire antes de lanzarse desde el borde del precipicio. Su parapente se despliega suavemente y le transporta entre las montañas, por encima de planicies con abundante vegetación y de pintorescos pueblos del norte de Irak.

El monte Korek, a unos 120 kilómetros al noreste de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, se ha convertido en el terreno de juego preferido de los cada vez más numerosos amantes del parapente en el país asiático.

"Es un deporte mágico. Me siento tan feliz cuando despego", explica Amin, de 30 años y miembro del Aeroclub de Erbil.

Este kurdo explica a la AFP que se aficionó a esta actividad después de haber seguido una formación intensiva con su club hace dos años.

"Hace falta valentía, fuerza física y mucha preparación mental", detalla mientras prepara su arnés, verificando en varias ocasiones el estado de la vela y a la vez que se coloca el casco.

"Es al mismo tiempo aventura, riesgo y placer", resume el joven.

Creado en 2008, el Aeroclub de Erbil cuenta con más de 40 abonados, de los cuales un elevado número son mujeres.

Aunque los deportes más tradicionales reciben habitualmente subvenciones del Estado, el parapente, actividad relativamente nueva en Irak, vive gracias a la pasión de sus adeptos, explica Ali al-Atrushi, empresario kurdo y uno de los fundadores del club.

"Nuestro amor por este deporte nos llevó a abrir el club, sin ningún apoyo del gobierno. Nosotros solo recibimos la licencia", precisa.

Los creadores del club financiaron de su propio bolsillo los treinta parapentes y el material de seguridad, lo que puede representar hasta 5.000 dólares (4.100 euros) por parapentista.

- "Sueño hecho realidad" -

Los fines de semana, los coches serpentean hasta los 2.000 metros de altitud para alcanzar las alturas de la localidad de Rawanduz, donde un llano sirve de pista de despegue.

La mayoría de las veces apuntan hacia el oeste para disfrutar de la puesta del sol antes de sobrevolar los verdes pastos.

Mohammad Abbas, de 35 años, pasa los fines de semana junto a otros amantes de parapente. Hace cinco años aprendió en Erbil y quedó impresionado por el profesionalismo del club.

"La formación dura treinta días, primero sobre suelo, después por las colinas, y por último en las montañas", explica.

Abbas ama de tal forma la sensación que ofrece el vuelo que quiso compartirla con los demás. Ahora trabaja para el club como formador.

"Lo más duro es despegar. Una vez que sabemos hacer eso podemos hacer el resto".

Rawez Mustafa, una de las cuatro mujeres en practicar el parapente en el club, suma cuatro vuelos en solitario en su haber.

"Adoro este deporte desde mi infancia. Soñé con él, con despegar en hacia el cielo y admirar estas magníficas vistas", afirma esta profesora de 27 años.

"Mi sueño se convirtió ahora en realidad y espero que el club acoja aún a más mujeres".

- Viento y pasión -

El club de Erbil no es el más antiguo de Irak, pero parece ser el que conoce mayores éxitos.

Según Haydar al-Saidi, quien comenzó a volar en 1994 en Bagdad, el viento es el mejor en la región de Erbil.

"Entre los numerosos factores que nos impulsaron a crear un club [en Erbil], está la calidad del viento y las alturas de las montañas", explica este miembro fundador del Aeroclub, de 52 años.

Varios parapentistas de Erbil finalizaron en el tercer puesto en una competición internacional en Marruecos en 2018. Otras asociaciones de parapente abrieron en la región autónoma kurda, especialmente en Duhok, Solimania y Halabja, pero ninguna es tan popular como la de la región kurda.

Ahmad Shaker, secretaria general de la federación iraquí de deportes de viento, considera que los nuevos clubes permitirán motivar a otros adeptos y crear al final una selección nacional.

"La forma en que estas actividades se desarrollan en la región kurda de forma tan rápida contribuirá, eso esperamos, a la formación de una selección nacional de Irak que podrá participar en competiciones internacionales".

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