Armenios huyen de Nor Maragha con ganado y cosechas

Los civiles armenios, que huyen antes de la llegada de las fuerzas azerbaiyanas, cargan en la parte trasera de una furgoneta blanca aves de corral, con las patas atadas, y cerdos muertos a tiros de Kalashnikov y desangrados.

En la aldea de Nor Maragha -Kyzyl Kengerli para los azerbaiyanos- los hombres se esfuerzan por llevarse todo lo que pueden. Un camión incluso cargó una casa entera en su remolque.

El viernes, todo el distrito de Aghdam, un territorio ocupado desde hace casi 30 años por los separatistas armenios de Nagorno Karabaj, debe ser entregado a las fuerzas azerbaiyanas después de su victoria militar, consagrada en un acuerdo negociado bajo los auspicios de Rusia el 9 de noviembre.

Para la población armenia local, que ha tomado el lugar de los azerbaiyanos que huyeron de un primer conflicto en la década de 1990, dejar al enemigo los huertos, las granjas y las casas es una agonía.

Gagik Grigorian, controlador de redes eléctricas, estaba lleno de proyectos antes de que la nueva guerra por el control de Karabaj estallara a finales de septiembre, dando lugar a seis semanas de combates sangrientos que causaron varios miles de muertos.

"Queríamos construir un sauna, una cocina y otras cosas", explica este hombre de 40 años, mostrando su casa en obra. "Pero ahora tengo que desmontar todo. Y quemaré la casa con todo lo que quede dentro en el momento de irme", juró.

Casas incendiadas se convirtieron en imágenes tristemente familiares en las zonas que los armenios deben devolver.  El fin de semana pasado, fue en el distrito de Kalbajar donde los periodistas de la AFP vieron este tipo de escenas, al acercarse la fecha de entrega de esta región a Bakú, prevista el 25 de noviembre.

En Nor Maragha, también se recogen tantos caquis de los árboles como es posible. Y, bolsa tras bolsa, se saca también el trigo de los graneros. Los militares están aquí para ayudar a cargar los camiones.

- Ya no será mi huerto -

Los tanques de los separatistas, obligados a retirarse, y los camiones destartalados de los civiles cargados con muebles, tuberías, tablas y otros artefactos que representan vidas enteras, se cruzan en el camino hacia los territorios que permanecen bajo control armenio.

"¡Esta es mi casa! No había casa aquí antes, yo la construí", comenta un anciano, con barba blanca y dientes de oro, señalando con el dedo la vivienda que se dispone a abandonar.

El último objeto personal que agrega en el baúl sobrecargado de su camioneta 4x4 Lada Niva es un crucifijo.

En otra parte del distrito de Aghdam, Aren Jachaturian, de 29 años, mira con tristeza su huerto de granados. "No sé qué vamos a hacer mañana. Probablemente ya no será mi huerto", lamenta.

Junto a él, Vladimir Arapetian carga en su vehículo las cajas llenas de estas frutas. Tuvo que huir de su casa con urgencia, cerca de Shusha, segunda ciudad de Nagorno Karabaj, reconquistada por los azerbaiyanos y punto de inflexión del conflicto, que obligó a los armenios a reconocer su derrota.

"No nos llevamos nada con nosotros, sólo la ropa que teníamos puesta. Algunas personas huyeron en pantuflas", cuenta tristemente el hombre, de 59 años.

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