Birmania celebró legislativas con el partido de la nobel Suu Kyi como favorito

Los birmanos acudieron este domingo a las urnas para elecciones legislativas en las que se espera la victoria del partido de la nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, considerada una heroína en el país pero muy criticada por la comunidad internacional por la crisis de los rohinyás.

Son los segundos comicios desde 2011, cuando se disolvió la junta militar que controló el país durante medio siglo.

El recuento comenzó a primeras horas de la tarde, pero los resultados no deberían conocerse hasta dentro de varios días.

Una vez investidos, los parlamentarios procederán a la elección del presidente birmano.

La Constitución impide que Aung San Suu Kyi aspire a este cargo porque estuvo casada con un extranjero. Podría ser nombrada de nuevo "consejera especial del Estado", un puesto hecho a medida y que le permite gobernar de facto el país.

Aung San Suu Kyi en Facebook, que había pedido a la población que acuda a las urnas a pesar de la pandemia de coronavirus.

Con más de 60.000 casos confirmados y casi 1.400 muertes, la situación es una de las más preocupantes del sudeste asiático y muchas voces habían instado a las autoridades a aplazar las elecciones.

A pesar de la pandemia había largas filas de espera frente a varios colegios electorales de Rangún donde se distribuían viseras, mascarillas y gel hidroalcohólico.

"No tengo miedo de infectarme. No me importa morir por 'Madre Suu'", declaró a la AFP Khine Zar Chi, de 27 años. "Debemos votar por el desarrollo del país", dijo por su parte Thu Yain Aung, un obrero.

En 2015, el partido de Aung San Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia (LND), logró una victoria aplastante, pero se vio obligado a compartir el poder con el aún todopoderoso ejército.

Las fuerzas armadas controlan tres ministerios clave (Interior, Defensa y Fronteras) y la Constitución le otorga el 25% de los escaños en el parlamento.

Aunque la LND es favorita debe enfrentar la aparición de decenas de nuevos partidos y su fracaso en alcanzar la paz con varias minorías rebeldes, y los resultados en salud y la lucha contra la pobreza.

La votación en gran parte del estado de Rakáin (noroeste), donde la violencia entre el ejército y una facción rebelde se ha intensificado en los últimos dos años, se anuló por motivos de seguridad. Para algunos era una forma de silenciar a los partidos étnicos que podrían ganar en la región.

Los 600.000 musulmanes rohinyás que se quedaron en el país, la mitad de los cuales tienen edad para votar, no pudieron acudir a las urnas porque se les sigue negando la ciudadanía birmana.

En total casi dos millones de personas se ven privadas de ella en el país de 37 millones de votantes. Estas exclusiones podrían avivar la violencia política y los conflictos armados, ya de por sí numerosos, advierten los expertos.

Según la organización Forum-Asia, "la exclusión de las comunidades más vulnerables" de la votación demuestra en cualquier caso que "la promesa de la democracia no se ha materializado" a pesar de la llegada al poder de Aung San Suu Kyi.

La premio nobel de la paz de 1991 aún es muy apreciada en Birmania, sobre todo entre los bamar, el grupo étnico mayoritario budista (75% de la población). Pero para el extranjero cayó del pedestal.

Se ha convertido en una paria en la escena internacional, acusada de pasividad en el drama de los rohinyás. Cientos de miles de miembros de esta minoría musulmana huyeron a Bangladés desde 2017 para escapar de los abusos del ejército. Birmania está acusada de "genocidio" ante la Corte Internacional de Justicia, el máximo órgano judicial de la ONU.

La nobel acudió en persona a defender a su país ante el tribunal. Negó que hubiera habido "intención genocida", un punto de vista compartido por los bamar, que consideran a los rohinyás como inmigrantes ilegales.

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