Los jóvenes birmanos, entre esperanza y frustración

Cinco millones de jóvenes se disponen a votar por primera vez este domingo en las elecciones legislativas de Birmania, un país donde la transición a la democracia se eterniza.

La AFP ha hablado con esta juventud que oscila entre esperanza y frustración. Con una artista satírica recién salida de prisión, una estudiante indignada, un musulmán discriminado y hasta un buscador de jade.

- Artista satírica encarcelada -

Kay Khaing Tun, de 22 años, pasó 17 meses en prisión.

En 2019, durante una actuación de thangyat, un arte folclórico que mezcla poesía, danza y música, osó burlarse del ejército, todavía todopoderoso nueve años después de la disolución de la junta militar.

Los militares controlan el 25% de los escaños del parlamento y "tienen el poder de hacer lo que quieran a quienquiera que sea", declara a la AFP, unas semanas después de salir de la cárcel.

Ella coopera como voluntaria en un hospital de Rangún y algún día espera lanzarse en política.

Pese al balance mitigado del gobierno de Aung San Suu Kyi, sobre todo en derechos humanos, Kay Khaing Tun votará por su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND), bien posicionada para mantenerse en el poder.

"Estamos al comienzo de la transición democrática. No se puede pedir a un bebé que sepa caminar", necesita tiempo, estima.

- Estudiante enfadada -

"Queremos los mismos derechos que los demás". Wai Wai Tun es estudiante de Historia en el estado de Rakáin, una región pobre y con mucha violencia étnica y religiosa.

La joven de 19 años está furiosa porque, aunque puede acudir a las urnas el domingo, su familia y amigos que viven en otras ciudades no podrán: las elecciones han sido anuladas en gran parte del estado por motivos de seguridad ante la intensificación de los combates entre el ejército y una facción rebelde.

Algunos aseguran que de este modo se silencia a los partidos étnicos que podrían ganar en la región.

¿"Somos ciudadanos birmanos de pleno derecho" si no se nos permite votar?, pregunta Wai Wai Tun. Esta exclusión podría intensificar aún más las tensiones y "no contribuirá a la estabilidad", recalca.

- Musulmán discriminado -

Wai Yan Min Khin, de 20 años, vive en Meiktila (centro), donde los enfrentamientos entre budistas y musulmanes causaron decenas de muertos en 2013. Esta ola de violencia dejó profundas cicatrices.

"Nos siguen insultando, nos llaman 'kalar'"(persona de piel oscura), un término peyorativo para designar a los musulmanes, señala el joven. "Esperé cuatro años para recibir los documentos de identidad, fue mucho más rápido para mis amigos budistas".

Los musulmanes constituyen el 4% de la población y no tienen representación política.

A muchos de ellos se les ha negado la ciudadanía birmana y, por tanto, no pueden votar. Es el caso de los 600.000 rohinyás que todavía viven en el país, víctimas del "apartheid", según las oenegés.

Se acusa a Birmania de haber organizado un genocidio en 2017 contra esta minoría musulmana y 750.000 rohinyás huyeron a Bangladés.

Sawyed Ullah, de 18 años, es uno de ellos. Vive refugiado en un campamento improvisado, sin acceso a la educación. "Admirábamos mucho a Aung San Suu Kyi cuando llegó al poder, pero no nos respeta", afirma. La nobel de la Paz niega que haya "intención genocida".

Él espera poder volver algún día a Birmania, donde sueña con convertirse en abogado o periodista.

- Buscador de jade -

"No hay estado de derecho en Hpakant", una ciudad minera situada en el norte del país, cerca de la frontera con China, asegura Kyaw Htet Aung, de 19 años. "Aunque haya un nuevo gobierno, nada cambiará, por eso los jóvenes de aquí no están interesados en estas elecciones".

La región, otrora tierra de exuberantes selvas, es un paisaje lunar, desfigurado por minas de jade a cielo abierto.

Junto a la extracción industrial, cientos de miles de clandestinos cavan el suelo para satisfacer el apetito insaciable del gigante chino.

Al igual que ellos, Kyaw Htet Aung sueña con "encontrar una piedra preciosa, mudarse y montar una pequeña empresa agrícola".

Es peligroso: los deslizamientos de tierra mortales son frecuentes durante el monzón. A principios de julio murieron casi 300 mineros.

bur-rs/sde/lbx/erl/es