La oposición bielorrusa anuncia huelgas pese a la presión de las autoridades

La líder de la oposición bielorrusa, Svetlana Tijanóvskaya, anunció el lunes el inicio de un movimiento de huelga para exigir la salida del presidente Alexander Lukashenko, un día después de una nueva gran manifestación contra el gobierno en Minsk.

"Desde esta mañana, empleados de empresas y fábricas públicas, del sector de transportes, los mineros, profesores y estudiantes empezaron a hacer huelga", afirmó Tijanóvskaya en la mensajería Telegram.

"La huelga en las empresas públicas es una palanca de presión económica. Y en el sector privado es una muestra de solidaridad de cada uno, es igual de importante", agregó.

En una entrevista difundida en Youtube, la opositora exiliada en Lituania estimó que solo era "el principio" y afirmó que se habían recaudado "más de siete millones de dólares" de donaciones para ayudar a los huelguistas.

El Estado bielorruso sigue controlando una gran parte de la economía. Las huelgas precedentes en las fábricas emblemáticas del país no duraron, ante las intimidaciones de las autoridades y las amenazas de despidos.

Según una periodista de la AFP, cerca de 2.500 manifestantes, en su mayoría estudiantes y jubilados, marcharon por la tarde por una de las principales arterias de la capital, coreando consignas contra Lukashenko y con banderas rojas y blancas, los colores de la oposición.

"Me manifiesto contra los que se han apoderado ilegalmente del poder", declaró Maria Buriak, de 74 años.

Ivan Projorov, un estudiante, dijo por su parte que quiere vivir en un país "donde es el pueblo el que tiene el poder, no las fuerzas antidisturbios".

Medios de la oposición difundieron videos donde se veía a la policía dispersando manifestaciones. Según la oenegé Viasna, más de 180 personas fueron detenidas el lunes, sobre todo en Minsk.

- Presión sobre los huelguistas -

El medio independiente Tut.by publicó imágenes que mostraban a varias decenas de obreros haciendo paros o acciones de solidaridad en al menos cuatro grandes fábricas públicas, especialmente en la química Grodnoazot, en el oeste de Bielorrusia.

En cambio, por el momento no se señalaron huelgas masivas. Una portavoz del gobierno aseguró el lunes por la mañana que las empresas funcionaban con normalidad.

"Es difícil saber hasta dónde llegará la gente, debido a la gran presión de las autoridades", indicó a la AFP Alexander Yaroshuk, jefe del Congreso bielorruso de Sindicatos Democráticos, precisando que no había llamado a la huelga.

"Una parte de nuestros empleados se unieron a la huelga", sostuvo Natalia Bezrukova, de 54 años, huelguista de una firma pública de construcción preguntada por la AFP en el centro de la capital.

La oposición bielorrusa exige la salida de Lukashenko, de 66 años y en el poder desde 1994, tras las elecciones presidenciales del 9 de agosto, consideradas fraudulentas.

Desde entonces, el movimiento de protesta sufre una presión constante de las autoridades.

En una declaración conjunta leída este lunes en la ONU, 53 países y entidades observadoras pidieron que "se pare la violencia y que los responsables de vulneraciones de derechos humanos sean perseguidos". "Pedimos que se deje en libertad de manera inmediata y sin condiciones a los prisioneros políticos y a todos aquellos que fueron detenidos de manera arbitraria", añadía el texto de la declaración impulsada por Estonia.

El domingo, una nueva manifestación reunió a más de 100.000 personas en Minsk. Las fuerzas de seguridad usaron granadas aturdidoras para dispersar a la multitud. En total, 523 personas fueron detenidas en protestas en todo el país, según el ministerio del Interior.

Para el politólogo Artiom Chraïbman, si la oposición logra recuperar la iniciativa y movilizar otra vez a tantas personas, podría "empujar al adversario al error".

"Por miedo que cada vez más gente vuelva a la calle, el poder tendrá que cambiar su táctica: o cede con fuerza [liberar a prisioneros políticos, acelerar una reforma constitucional], o va más allá en la represión", comentó por Telegram.

Tras haber realizado una brutal represión en los días posteriores a las elecciones, las autoridades advirtieron este mes que dispararían balas reales "si es necesario". Pero esto no impidió nuevas manifestaciones.

Por su parte, Lukashenko, apoyado por Rusia, no ha mostrado ninguna intención de plegarse.

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