Mustapha Adib, tercer primer ministro que arroja la toalla en un Líbano en crisis

Nombrado primer ministro de Líbano hace menos de un mes, Mustapha Adib renunció este sábado a formar un gobierno integrado por ministros "independientes", como pretendía Francia, tras haberse enfrentado a la obstinación de algunos partidos en el poder para preservar sus prerrogativas.

Embajador de Líbano en Alemania desde 2013, fue lanzado al centro del escenario político el 31 de agosto cuando se lo nombró para reemplazar a Hasan Diab, cuyo gobierno renunció tras la mortífera explosión del 4 de agosto en el puerto de Beirut.

Su nombramiento fue apadrinado por un grupo de ex primeros ministros y tuvo lugar a horas de la segunda visita del presidente francés Emmanuel Macron, quien presionó a los principales responsables políticos del país para que formaran "rápidamente" un gobierno que sacara a Líbano de su crisis.

Adib se comprometió desde su designación a formar un equipo ministerial integrado por "expertos" y personas "competentes", capaces de encarar las reformas tan esperadas.

Mencionó también la "necesidad de formar un gobierno en tiempo récord y comenzar a poner en marcha reformas, teniendo como punto de partida un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI)", en un país en pleno naufragio económico.

Pero su tarea demostró ser ardua, a pesar de la presión francesa, ante los engranajes políticos y confesionales múltiples del sistema libanés, pero también frente al desafío titánico de encarnar el cambio cuando fue elegido por una clase dirigente criticada con dureza desde hace meses por la opinión pública.

Adib terminó por arrojar la toalla en medio de las divergencias por la atribución de carteras ministeriales entre las diferentes fuerzas confesionales.

Los principales obstáculos eran el movimiento chiita armado Hezbolá, un peso pesado de la política local, y su aliado Amal, dirigido por el líder del Parlamento, Nabih Berri, que reclaman el ministerio de Finanzas.

- "Calmado, educado y diplomático" -

Casado con una francesa y padre de cinco hijos, este hombre que el domingo festejó sus 48 años, nació en la ciudad de Trípoli (norte del Líbano). Es musulmán sunita, en un país donde el poder se basa en un consenso intercomunitario.

De acuerdo a la Constitución, el cargo de jefe de gobierno corresponde a la comunidad sunita.

En el sitio web de la embajada del Líbano en Berlín, Adib aparece como profesor universitario, doctorado en Ciencias Políticas. Ha realizado "investigaciones en las áreas de seguridad (...) descentralización y democracia local, así como sobre leyes electorales".

"En su desempeño profesional y personal, siempre ha sido un universitario aplicado, con un temperamento calmado, educado y diplomático", señaló un amigo cercano a Adib, bajo condición del anonimato.

Desde 2000 a 2004, fue asesor de Najib Mikati, un multimillonario y ex primer ministro, originario de Trípoli como él.

- Rechazado por la calle -

En un gesto con el que quiso dar una fuerte señal, el nuevo primer ministro visitó el día de su nombramiento un barrio devastado por la explosión en el puerto de Beirut, que dejó más de 190 muertos y miles de heridos. Ni el presidente Michel Aoun, ni el ex primer ministro habían visitado esos barrios.

En camisa, Adib se reunió con varios habitantes, les pidió que confiasen en él y trabajar "codo a codo".

Si algunos vecinos saludaron esa actitud, otros lo abuchearon y corearon lemas de la protesta iniciada en octubre pasado para exigir la partida de toda la clase política juzgada corrupta e incompetente.

En las redes sociales, los militantes compararon rápidamente a Adib con su predecesor Diab, quien había prometido en vano en enero dirigir el primer gobierno de tecnócratas independiente de los partidos tradicionales en el poder.

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