Wakako Ueno, la madre de campeonas que transmite el judo a los jóvenes

Wakako Ueno ha llevado a tres hijas a la élite del judo y ahora esta auténtica matriarca del emblemático deporte nipón trabaja para transmitir su experiencia y su pasión a los más jóvenes.

A sus 64 años se la ve rodeada de diez niños en el tatami de su dojo de la pequeña ciudad de Toma, a más de 900 kilómetros al norte de Tokio, en la isla de Hokkaido.

Cada sesión comienza con los niños sentados y recitando las enseñanzas del fundador del judo, Jigoro Kano, que preside el lugar con su imagen en un pequeña retrato en blanco y negro, colgado en la pared.

"El judo es diversión. Es excitante. Quiero que los niños experimenten esa excitación", afirma este veterana entrenadora a la AFP.

Wakako Ueno se enamoró perdidamente de este deporte hace ya cuarenta años, aprendiendo de su esposo. Todavía recuerda cómo se sentía cuando "era capaz de derribar a la oponente limpiamente".

En aquella época había pocas mujeres judocas en su entorno y eso le producía frustración.

"No había mujeres, para nada. Así que practicaba con mi marido y no tenía opciones de ganar", recuerda.

Tanto ella como su marido centraron sus esfuerzos en preparar a su hija mayor para las competiciones internacionales de judo. Masae triunfó y se colgó la medalla de oro en los Juegos de Atenas-2004 y de Pekín-2008.

"No tenía elección. El judo era como comer, era parte de nuestras vidas", dice Masae, que tiene ahora 41 años y que trabaja a tiempo parcial como entrenadora de judo en Tokio.

Desde niña, Masae tuvo claro que debía hacerse un camino luchando más que el resto. Una vez fue colocada en medio del tatami para pelear contra diez chicos, uno por uno.

También en los años de Masae las mujeres eran minoritarias en el judo, por lo que sus compañeros de entrenamientos eran básicamente varones, que a menudo eran más fuertes por sus condiciones físicas.

"Tuve que seguir adelante a pesar de que era derribada por mis oponentes", cuenta Masae sobre los métodos de preparación diseñados por su padre.

"Él era estricto, no recuerdo disfrutar practicando judo. Lo hacía porque tenía que hacerlo", añade. Ahora, décadas después, sí que sonríe al recordar esos momentos.

Su hermana Yoshie ganó luego el bronce en los Juegos de Londres-2012 y también tuvo que someterse a los métodos estrictos el padre de la familia. Recuerda cómo su padre agitaba una espada de bambú mientras gritaba a los pupilos que no rendían lo suficiente.

"La educación del judo se nos inculcó en casa. Es por eso que estamos donde estamos ahora", estimó a la AFP esta mujer de 36 años, que es ahora entrenadora en el equipo nacional japonés.

- Competencia de béisbol y fútbol -

Pero hay otro miembro de la familia Ueno también con una gran carrera, la hija menor, Tomoe (30 años), que en su día fue campeona mundial júnior y que ahora ayuda a su madre en el dojo.

La madre Wakako está decidida a reavivar la llama del judo en las nuevas generaciones, donde se ha producido un declive de popularidad. De 250.000 practicantes en 1993 hasta los 150.000 de 2018 en el país, según los datos de la Federación Japonesa de Judo.

"El béisbol está en televisión todos los días. El fútbol también. Los niños están atraídos por los deportes que se ven en televisión", afirmó.

El judo dispara su popularidad durante los Juegos Olímpicos, pero es una fama efímera, ya que muy pronto vuelve a un segundo plano, dice.

Echando la vista atrás, Wakako se ha dado cuenta de que quizás su marido y ella presionaron demasiado a sus hijas, de manera muy intensa, para que triunfaran en el deporte.

Recuerda cómo de impactada se quedó cuando Masae quedó fuera de los Juegos Olímpicos de Sídney-2000 tras perder tres combates y no podía ni hablarles.

"Lo lamento. Las deportistas están ya bajo mucha presión", admite Wakako.

Ahora quiere seguir el legado de su marido entrenando a los más jóvenes, pero sin métodos de entrenamiento tan estrictos.

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