El 'misionero del judo' que no se rinde ante el coronavirus

Después de haber viajado durante cuatro décadas por una veintena de países para 'predicar' el judo como si fuera casi una religión, Tsuneo Sengoku no estaba dispuesto a tirar la toalla en la isla indonesia de Bali, ni siquiera ante la pandemia del nuevo coronavirus.

Este 'misionero del judo' de 75 años ha formado a casi 100.000 personas en este arte marcial desde el inicio de su periplo, que comenzó a finales de los años 1970 y que le ha llevado por distintos lugares de Asia, África, Europa y Norteamérica.

"Sin el judo soy solo un hombre viejo más", sonríe Tsuneo Sengoku, que fue condecorado en 2016 por Japón por su compromiso en la difusión de este emblemático deporte en el extranjero.

Este expolicía vive en Bali desde 2007 y forma allí gratuitamente a la población local, principalmente jóvenes. Para él, estos años en Indonesia son una "última etapa" de su misión, que es enseñar este arte marcial nipón a través del mundo.

Con su cinturón rojo y blanco, que le señala como experto, Sengoku enseñaba el judo cuatro días por semana en su dojo, en el que como decoración cuenta con una armadura japonesa decorada con banderas de Japón e Indonesia. Pero la pandemia del COVID-19 forzó a Sengoku a cerrar el dojo, en el que entrenaban más de cincuenta deportistas.

Todos los eventos deportivos en los que sus alumnos debían participar han quedado cancelados. Pero él no se da por vencido.

"No voy a dejar de enseñar. Al contrario, debido al coronavirus mi motivación para entrenar a los niños se ha reforzado", afirma.

"No dejaré nunca que el coronavirus rompa el sueño que construye mi vida. Quiero compartir el mundo maravilloso del judo con cada vez más personas", se ilusiona.

- Filosofía útil -

El mundo 'post coronavirus' podría aprovechar las enseñanzas del judo, subraya.

"Quiero enseñar a mis estudiantes la importancia de la paciencia, que forma parte de la filosofía del judo", dice.

La práctica del judo exige también tener compasión hacia el otro: la noción de "Jita-Kyoei", la solidaridad y la prosperidad mutua son otras de las principales enseñanzas del fundador del judo, Jigoro Kano.

Wayan Tulus Wiarta, un estudiante de instituto que sigue las enseñanzas de Tsuneo Sengoku desde hace más de 10 años, explica que sueña con convertirse en un campeón de judo en Indonesia y con participar en competiciones en Japón, donde el judo fue inventado.

Pero el espíritu de competición no lo es todo. Ha aprendido de su maestro mucho más que la simple práctica del judo.

"El señor Sengoku me ha enseñado muchas otras cosas, como la amabilidad, la disciplina, la puntualidad", indica.

Con los Juegos Olímpicos de Tokio a un año de disputarse en 2021, tras ser retrasados doce meses por la pandemia, Tsuneo recuerda cómo fue la primera edición que albergó la capital japonesa, la de Tokio-1964, en la que participó como policía.

Le encantaría ahora poder ver a jóvenes judocas peleando por la gloria en Tokio en 2021, cuando finalmente se dispute esta segunda cita olímpica en la ciudad.

Su dojo funciona gracias a donativos y él vive con su pensión de jubilado. Entrena todos los días desde el cierre, para estar preparado el día en el que pueda abrir de nuevo sus puertas a los jóvenes judocas balineses.

"Tengo ganas de ver de nuevo las sonrisas cuando mi dojo reabra", explica este hombre, que vive solo en el país. Su familia reside en Japón.

"Este dojo es mi destino. Voy a quedarme aquí el resto de mi vida", asegura.

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