La naturaleza de la costa Amalfitana respira pero ¿hasta cuándo?

Gracias al confinamiento y la merma del turismo, la naturaleza vuelve a respirar en la costa Amalfitana, una región muy turística del sur de Italia, donde ahora hay más peces, menos contaminación y se escucha el canto de los pájaros.

Es una ocasión para reflexionar sobre el equilibrio entre economía y desarrollo sostenible y, también, sobre la reorganización del turismo, consideran muchos habitantes de la región.

"Nuestro mar siempre ha sido límpido, cristalino, pero ahora con la escasa presencia de barcos y el cese de actividades por un tiempo, es espectacular. Y vemos muchos más peces que antes", afirma Andrea Coppola, timonel de Plaghia Charter, que organiza excursiones en barco.

La costa Amalfitana, conocida por sus casas encaramadas en la ladera de las montañas con vistas al Mediterráneo, tiene aires de bella durmiente.

Italia ha sido el primer país afectado por la pandemia de coronavirus en Europa. A principios de mayo salió de dos meses de confinamiento y desde el 3 de junio puede recibir turistas, pero estos escasean.

"Normalmente, en esta época del año, hay yates por todas partes, desde aquí hasta Capri", explica Giovanni Casci, un guía de excursiones, mientras mira desde un promontorio el litoral casi vacío.

- "Oportunidad" -

Con el confinamiento, "el mar volvió a ser como hace 40 años. En términos de tranquilidad, el impacto ha sido innegable. Antes había tantos barcos que adelantar, parecía una autopista", dice Gaetano Esposito, de 58 años, de los cuales pasó 53 pescando.

"Pero el problema es económico. Si pescas y no vendes..." destaca este hombre bronceado.

Además de los delfines, frecuentes en la costa, "hubo cachalotes, grandes cetáceos que entraban en los puertos, que se acercaban más fácilmente y en zonas donde antes no se veían", precisa Casci, que trabaja con la asociación Cartotrekking.

En las rutas de senderismo, como el espectacular Sentiero degli Dei, la vegetación ha crecido "de forma desmesurada" y lo primero que hubo que hacer después del confinamiento fue "cortar las zarzas donde ya no se podía pasar", añade.

Con el regreso de los senderistas, en su mayoría italianos, las salamandras y las serpientes se han vuelto a esconder.

"De marzo a octubre, la costa Amalfitana está demasiado concurrida", y el probable regreso del turismo de masas, después de este paréntesis, tendrá un impacto en la naturaleza, advierte el guía.

Su colega Marco Marotta cree que la pandemia podría "ser una gran oportunidad para reorganizar el turismo".

"El turismo de excursiones y de senderismo ha crecido mucho en los últimos años, pero todavía hay lugares que merecen ser descubiertos y ofrecen tranquilidad con relación a la locura de las playas y de las magníficas ciudades de la costa", señala.

- "Territorio habitable" -

Andrea Ferraioli, presidente del distrito turístico de la costa Amalfitana, también cree que la crisis sanitaria es una oportunidad que hay que aprovechar a pesar de las consecuencias para el sector por la ausencia de visitantes estadounidenses.

"La costa ha tenido una afluencia turística quizá demasiado elevada en los últimos años, sobre todo en el verano", llegando a "casi dos millones de visitantes el año pasado", explica.

Él es partidario de un turismo más escalonado, en "12 meses al año, en lugar de 7 u 8", mediante el desarrollo del trekking (recorrer a pie largas distancias) o la enogastronomía, pero también más responsable desde un punto de vista medioambiental.

En los pueblos se saborea la calma, aunque se echa de menos a los turistas. Una ecuación difícil de resolver.

"Positano vive un momento maravilloso, la naturaleza recupera su lugar, el mar es cristalino, por la mañana, nos despertamos con los pájaros... Una localidad tan hermosa como Positano merece tener un turismo de muy alta calidad, como hemos tenido en el pasado, sin los tormentos del turismo de masas, considera Tanina Vanacore, copropietaria del hotel de cuatro estrellas Palazzo Murat.

Normalmente "teníamos 200 a 300 autobuses al día que iban y venían a la costa", causando atascos de tráfico y problemas a los habitantes; "para recorrer cinco kilómetros, tardábamos tres horas", explica.

El final de este tráfico ha sido "un alivio" y "hemos recogido casi 10.000 firmas para que no vuelva. Necesitamos un territorio habitable, donde se respete la naturaleza y el mar", subraya.

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