Plan de anexiones de Israel: ¿Un sistema de apartheid?

JERUSALÉN (AP) — Benjamin Pogrund se pasó décadas peleando contra el apartheid como periodista en Sudáfrica. Y desde que se radicó en Israel hace dos décadas ha defendido apasionadamente al país de las acusaciones de que aquí también impera un estado segregacionista.

A los 87 años, sin embargo, está reconsiderando su postura. Dice que si Israel hace realidad su plan de anexar partes de la Margen Occidental, no tendrá otra opción que decir que su patria adoptiva es una versión moderna de la Sudáfrica de la era del apartheid.

“Una tierra ocupada se llenará de israelíes. Y la gente que gobernarán no tendrá derechos básicos”, dijo Pogrund en una entrevista. “Habrá apartheid. Y nos mereceremos ese término. Es algo que me preocupa mucho porque nos expondremos a grandes peligros”.

Pogrund, un autor prolífico que trabaja en un nuevo libro sobre la historia política de Sudáfrica, dice que se siente tan deprimido que no puede hablar de la anexión.

“No logro hacerlo. Para ser honesto, me siento muy mal. Es algo tan estúpido, desaconsejable y arrogante...”, manifestó.

Por años los detractores de Israel han venido diciendo que el trato que da a los palestinos en los territorios ocupados es digno de un sistema de apartheid. En general, Israel logró rechazar esa acusación.

Pero ahora que el primer ministro Benjamin Netanyahu se apresta a iniciar la anexión en el marco del plan de Donald Trump para el Medio Oriente, tal vez el mes que viene, el término está siendo usado con creciente frecuencia en las conversaciones políticas.

Lo emplean políticos reconocidos contrarios a la anexión. Exmilitares desilusionados. El programa satírico más popular de Israel, “Hermoso País”, hace podo usó un aviso burlón de una compañía ficticia de drones que levanta palestinos y los lleva a tierras anexadas.

“Cuando empiezas a tomar estas medidas unilaterales, te colocas en una situación muy complicada”, dijo Gadi Shamni, general israelí retirado que alguna vez estuvo al frente de las unidades emplazadas en Cisjordania. Inevitablemente, los palestinos de las zonas anexadas van a exigir derechos de ciudadanos, incluido el derecho a votar, y esto “a la larga dará forma a algún tipo de apartheid”.

“Apartheid” es un término que alude a un sistema de discriminación racial que impuso un gobierno de minoría blanca en Sudáfrica desde 1948 hasta 1994. Incluía viviendas y servicios públicos separados para las poblaciones blanca y negra, las relaciones interraciales estaban prohibidas y la mayoría negra quedó marginada y postergada. Aislada por la comunidad internacional, Sudáfrica desmanteló pacíficamente el apartheid en 1994, en que Nelson Mandela asumió como su primer presidente de raza negra tras ganar elecciones.

Los partidarios del gobierno se muestran enfurecidos por las comparaciones con Sudáfrica. Dicen que la minoría árabe de Israel, que representa un 20% de la población, puede votar y que, por más de que haya cierto grado de discriminación, puede progresar económicamente, en la política y en la cultura. Dicen que Cisjordania está “en disputa”, no ocupada, y justifican la presencia israelí por razones de seguridad o por la conexión que ciertos sectores sienten con la Judea y Samaria de la Biblia.

La comparación es “muy ofensiva”, según Eugene Kontorovich, director del departamento de leyes internacionales del Kohelet Policy Forum, un grupo de estudios conservador de Jerusalén que a menudo asesora al gobierno de Netanyahu.

“El apartheid fue un sistema en el que un gobierno minoritario blanco gobernó a una mayoría negra”, afirmó. “Les cobraban impuestos. Los reclutaban para las fuerzas de seguridad y aprobaban todas las leyes que los regían”.

Sostuvo que ninguna de esas condiciones rige en Israel, donde la mayoría de los palestinos son gobernados por la Autoridad Palestina, que tiene autonomía limitada sobre partes de Cisjordania.

Pogrund no opina lo mismo.

Como periodista del Rand Daily Mail de Johannesburgo documentó los numerosos horrores del apartheid.

Cosas como la matanza de Sharperville, en la que la policía disparó contra manifestantes negros y mató a 69 personas, o la tortura de reos negros en las cárceles. Estuvo preso por negarse a identificar a un informante y fue enjuiciado. La policía desvalijó su casa y a veces tuvo que ser acompañado por guardaespaldas. Visitó en la cárcel a Mandela, de quien era amigo. El año pasado recibió la “Orden Nacional”, uno de los reconocimientos más prestigiosos de Sudáfrica.

Se fue de Sudáfrica en 1985, luego de que cerrase el diario en el que trabajaba por presión del gobierno. Pasó temporadas en Londres y Estados Unidos, y en 1997 se radicó en Israel.

Es un fuerte crítico del trato de Israel a los palestinos. Describe la ocupación de Cisjordania --en la que los colonos israelíes y los residentes palestinos tienen distintas leyes-- como “tiránica”, “una forma de opresión” y “brutal”. Pero hasta ahora se había abstenido de hablar de apartheid, un término que considera demasiado “perverso”.

Hay quienes sostienen que ya se puede aplicar ese término a la situación en la Margen Occidental, donde Israel controla las entradas y las salidas del territorio, el agua y otros recursos, así como la seguridad. En el marco de acuerdos de paz interinos, controla el 60% de Cisjordania, donde se encuentran los asentamientos israelíes y donde viven decenas de miles de palestinos que no tienen voz ni voto.

Pogrund decía que había un estado de “discriminación y de opresión, que no constituía un apartheid”, porque no había un racismo “intencional e institucional”, como en Sudáfrica.

Pero que empezó a dudar cuando el parlamento israelí aprobó una ley que declaraba a Israel “el estado nacional” de los judíos y parecía relegar a la minoría árabe.

“La anexión sería la gota que colma el vaso”, afirmó.

En una entrevista reciente Netanyahu dijo que los palestinos seguirían siendo “enclaves” que responden a la Autoridad Palestina.

Pogrund recuerda que durante su estadía en Londres vio una vez a una persona quería comprar unas uvas, pero al ver que procedían de Sudáfrica, las dejó, con un gesto de indignación. Sospecha que a Israel puede pasarle lo mismo.

“Soportará el estigma del apartheid”, pronosticó.