En Líbano llaman a abolir la "neo-esclavitud" que sufren inmigrantes

Tirsit finaliza de preparar paquetes de arroz para trabajadores extranjeros que han perdido sus empleos en Líbano y, entre lágrimas, cuenta su calvario personal de neoesclavitud. El culpable: la "kafala", un sistema de 'apadrinamiento' de inmigrantes.

"Las agencias (de reclutamiento) nos venden", fustiga esta etíope de 30 años, refiriéndose a las sociedades privadas que organizan la inmigración hacia Líbano, exigiendo al empleador entre 2.000 y 5.000 dólares, según el país de origen de la empleada doméstica.

"Si venimos a trabajar para alguien y las cosas no funcionan bien, ya sea que nos golpee o no nos alimente, no podemos partir", señala la joven, que tiene la fortuna de contar con trabajo y ayudar a los necesitados durante su fin de semana.

"El patrón dirá: 'te compré, reembólsame y te vas adonde quieras'", añade.

Unos 250.000 trabajadores inmigrantes, sobre todo etíopes, filipinos y esrilanqueses, trabajan en Líbano bajo el sistema "kafala", al margen del derecho laboral. Algunos cobran 150 dolares mensuales.

Pero estas semanas los llamados a eliminar la "kafala" en Líbano han aumentado. Una solicitud en línea exigiendo su abolición, calificándolo como "neo-esclavitud", ha recogido más de 30.000 firmas.

La situación de los inmigrantes ha empeorado con la crisis económica libanesa. Decenas han quedado en la calle, a otros ni siquiera les han pagado, argumentando sus empleadores que la libra libanesa se ha devaluado y la escasez de dólares afecta a sus ingresos.

"Algo realmente tiene que cambiar", insiste Tirsit, residente en Líbano desde hace 12 años.

- Suicidios -

De acuerdo a la "kafala", el empleador es tutor legal de su empleado. Éste no puede renunciar sin su autorización. Tampoco nada impide al empleador confiscarle su pasaporte, quedando por completo a su merced.

En estas últimas semanas, más de un centenar de etíopes desamparadas, la mayoría abandonadas por sus empleadores, fueron a su consulado con la esperanza de ser repatriadas, encontrándose frecuentemente ante una puerta cerrada por la pandemia de covid-19.

"¡Pongan fin a la kafala. Repatriación!", rezaba una pancarta enarbolada a comienzos de junio frente al consulado.

Ignoradas por el personal consular, decenas han dormido al raso hasta encontrar refugio temporal.

En 2008, Human Rights Watch señaló que en Líbano muere cada semana una trabajadora doméstica, por suicidio o "al caerse de un edificio tratando de escapar".

Desde entonces, ese número se duplicó según activistas de derechos humanos. El jueves pasado, una etíope fue encontrada ahorcada en casa de su empleador, indicó la Agencia nacional de información.

- "Es un ser humano" -

Para Diala Haidar, investigadora de Amnistía Internacional, Líbano debe abolir la kafala e integrar a los trabajadores inmigrantes en la legislación laboral.

El ministerio de Trabajo coopera con la Organización Internacional del Trabajo, y se ha reunido con oenegés para intentar mejorar la forma actual de la kafala.

Las autoridades prevén brindar a estos trabajadores "el derecho a abandonar su trabajo, y también a cambiar de empleador sin el acuerdo del anterior", señaló Haidar. aunque advirtió que "no alcanza con crear un nuevo contrato si no hay inspecciones".

Al no existir un mecanismo de contralor los empleadores "se sienten impunes". Inclusive, algunos denuncian a sus empleados por robo para no pagarles.

A la espera de una mejora, Tsigereda Brihanu, etíope de 25 años, coordinadora del grupo Egna, de ayuda a las trabajadoras, pide a los empleadores: "Aunque usted no tenga más dinero, no la eche a la calle. ¡Es un ser humano!".

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