El ciclo infernal de los rescatistas de migrantes en el Ocean Viking

Todo comienza con una tragedia: migrantes que mueren ahogados y cuyos cuerpos sin vida son sacados del agua. Después viene el traumatismo, las pesadillas, la culpa. Por último, como para curar el mal con el mal, el regreso al mar. Bienvenidos al ciclo infernal de los rescatistas en el Mediterráneo.

Que se trate de viejos lobos de mar o jóvenes con poca experiencia, los quince marineros del Ocean Viking, que retomó sus operaciones de rescate el lunes, llevan consigo las cicatrices de precedentes rescates fallidos.

Para Viviana, una italiana de 40 años, socorrista de profesión tras haber estudiado derecho marítimo internacional, la "bofetada" vino en su primera misión, en 2017. Ese día, una lancha rápida trajo una primera oleada de náufragos a bordo del Aquarius (el predecesor del Ocean Viking) para intentar resucitarlos.

"Me pasaban muertos, duros como una piedra. Había también niños, con burbujas saliendo de sus bocas", recuerda.

Después su cerebro se "desconectó", como para "protegerse". "Recuerdo haber sacado del agua a un bebé sin pulso", cuenta, imitando la escena. "A partir de eso no recuerdo más nada. Sé que salvamos a mucha gente".

Desde entonces, está "traumatizada" y tiene "flashes" de lo ocurrido. "Al principio me decía que podría haber hecho esto o aquello para salvar a más gente", dice Viviana a la AFP, a bordo del Ocean Viking.

Cuando regresa a su casa en Sicilia, desde donde vio comenzar la crisis migratoria de 2015, a veces piensa en tirar la toalla, pero siempre termina aceptando una nueva misión. "Es importante que estemos aquí".

Consciente de los traumatismos que pueden causar estas operaciones, la ONG SOS Mediterráneo, que fleta el barco, creó una unidad de ayuda psicológica. Para minimizar el riesgo, los rescatistas rotan. Una misión y después un descanso, explica Farshad, un marinero iraní que presentó los riesgos del trastorno de estrés postraumático (TEPT) al equipo antes de embarcar.

- Pesadillas -

"Los que están en primera línea ven a gente ahogarse, no es algo que puedes sacar de tu mente de la noche a la mañana. Para ellos, el TEPT es bastante clásico. Volver a casa entre las misiones es una forma de tomar algo de distancia", dice.

Sentado en la cubierta, Ludovic Duguépéroux, de 36 años, descubre por primera vez el Ocean Viking. Conoció el Aquarius y lo que vio allí lo llevó a tomarse un año y medio de descanso.

Pero pese a esto, las pesadillas no han desaparecido. En realidad es siempre la misma. "Estoy en el  Aquarius. Me llaman por radio, veo a una señora y a un niño golpeando mi ventana, se están ahogando. Quiero ir a ayudarlos, pero no tengo piernas".

Su primera misión en 2017 se saldó con ocho muertos. En la siguiente salvó a un hombre "con cuatro balas Kalashnikov en su vientre" y a jóvenes "con los brazos rotos" por contrabandistas.

En el verano de 2018 vivió una rescate difícil. Cuenta la operación: "Era de noche, su barco (de los migrantes, ndrl.) se rompió. Como lo habían hecho ellos mismos, sus pies fueron lacerados por tornillos. Se quemaron por la mezcla de agua de mar y el combustible. Había gasolina por todas partes, te da nauseas. Un rescate en el que todo sale mal es increíblemente violento".

Después de esto vivió un período en el que tenía "asco de todo". Tomó una pausa, fue a ver a un psicólogo, y luego vino "la culpa de detenerse".

Hoy, asume su "miedo", pero necesitaba dar un "sentido" a todo esto.

Cuando subió a bordo Ludovic recibió un mensaje de texto. En su móvil, muestra una foto de una niña con un vestido blanco sosteniendo la mano de su hermano pequeño. "Ella tenía un año y él un mes cuando los rescatamos. ¡Eso ayuda!".

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