El GNA no frenará su ofensiva hasta recuperar Sirte y el oasis de Al Jufrah

EFE/STR/Archivo
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Trípoli, 8 jun (EFE).- Las milicias a las órdenes del Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU en Trípoli (GNA) mantendrán su ofensiva hasta que recuperen el control total de la ciudad de Sirte, en la costa norte de Libia, y el oasis de Al Jufrah, la principal base avanzada en el oeste de las fuerzas bajo el mando del mariscal Jalifa Hafter, tutor del Ejecutivo no reconocido en el este y hombre fuerte del país.
"No nos vamos a sentar a ninguna mesa a negociar hasta que hayamos conseguido todos nuestros objetivos, incluidos Al Jufrah y Sirte", insistió hoy a Efe una fuente del ministerio de Interior asociado al GNA, que controla la capital y gran parte del noroeste del país desde que se formara en 2015 tras el fallido proceso de paz impulsado por Naciones Unidas.
La ciudad, que quedó prácticamente destruida tras la ofensiva que en 2016 puso fin a un año bajo control de la rama libia de la organización yihadista Estado Islámico, es escenario desde hace dos días de intensos duelos artilleros ente las fuerzas del GNA, apoyadas por las milicias de Misrata y mercenarios sirios reclutados por Turquía, y las fuerzas bajo el mando de Hafter (LNA).
NUEVO FRACASO DE UNA PROPUESTA DE ALTO EL FUEGO
La decisión del GNA de proseguir con las operaciones bélicas deja sin efecto la propuesta de alto el fuego lanzada la semana pasada por el presidente de Egipto, Abdel Fatah al Sisi, uno de los principales apoyos de Hafter -junto a Jordania, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Francia, Sudán y Rusia-, la tercera iniciativa de tregua que fracasa en los últimos seis meses.
La tregua ha sido aceptada y aplaudida tanto por Francia como por Estados Unidos y la ONU, pero rechazada por Turquía, principal respaldo del GNA, junto a Catar e Italia.
Ya el fin de semana el ministro de Interior del GNA, Fathi Bashaga, principal interlocutor con Ankara y oriundo de la ciudad-estado de Misrata, antigua colonia otomana, ya había sugerido que el Gobierno reconocido por la Naciones Unidas no era proclive a frenar la tendencia militar victoriosa iniciada hace tres semanas.
A mediados de mayo, las milicias asociadas al GNA lograron arrebatar al LNA la estratégica base aérea de Al Watiya, próxima a la frontera con Libia y esencial en el combate de drones que domina la guerra en Libia.
Diez días después recuperaron el control del antiguo aeropuerto internacional de Trípoli, en desuso desde 2014 pero esencial para cualquier conquista o defensa de la capital desde el eje sur.
En los últimos días también han conseguido reconquistar la base de Al Whiska y penetrar en el centro de Sirte, aunque no asumir su control total, y avanzar en la carretera que conduce a Al Jufrah.
UNA GUERRA MULTINACIONAL DE MERCENARIOS
Hacia este oasis se han replegado las fuerzas de Hafter desplegadas en los alrededores de Trípoli desde abril de 2019 y los mercenarios sirios, sudaneses y rusos, que apoyan al LNA.
El avance del GNA coincidió con la llegada de cerca de 10.000 mercenarios sirios reclutados por Turquía entre los grupos de oposición a la dictadura de Bachar al Asad.
Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la OTAN contribuyera a la victoria militar de los diferentes grupos rebeldes sobre la dictadura de Muamar al Gadafi.
Desde que hace un año Hafter pusiera cerco a la capital para arrebatársela al GNA, el enfrentamiento fratricida se ha tornado en un conflicto multinacional privatizado sin ejércitos, librado por milicias locales y mercenarios extranjeros.
Solo en estos 14 meses han muerto más de 1.800 personas -entre ellas unos 400 civiles-, en torno a 20.000 han resultado heridas y alrededor de 200.000 se han visto obligadas a abandonar sus hogares y convertirse en desplazados internos en el oeste del país.
Mohamad abdel Kader

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