Migrantes víctimas del confinamiento se instalan en campamentos improvisados en París

En dos meses de confinamiento en Francia, Jétou, una migrante congoleña sin papeles, perdió su trabajo y su vivienda. A regañadientes, se instaló el miércoles en un campamento improvisado de inmigrantes en el corazón de París, donde viven en su mayoría mujeres y niños.

Con una boina negra en la cabeza, esta cristiana de 36 años no pierde la sonrisa mientras cuenta la "espiral" que puso fin a cuatro años de vida clandestina en Francia "en un abrir y cerrar de ojos".

"Hace dos semanas tenía un trabajo, informal, cuidaba a niños. No me pagaban mucho, pero me bastaba para comer y tener un techo. Pero con el confinamiento ya no me necesitaban. Perdí mi trabajo y ya no podía seguir pagando el alquiler. Ahora estoy en la calle", cuenta a la AFP.

"Es muy difícil, no duermo, pero espero que la situación se solucione ahora que todo el mundo nos ve", señala Jétou, oriunda de Kinshasa.

Junto a ella unos 50 migrantes instalaron carpas al borde del canal de la Villette, al norte de París. La mayoría viene de África subsahariana y llegaron a Francia poco antes del confinamiento.

Entre ellos hay 14 niños, de entre tres meses a doce años de edad, que juegan alrededor del campamento improvisado.

- "Olvidados" -

"Al inicio del confinamiento se ayudó a gente pero muchos fueron olvidados, y la gente sigue llegando a Francia", explica Florent Boyer, responsable de la asociación Utopia56 que ayuda a inmigrantes.

Durante el confinamiento, que estuvo en vigor desde el 17 de marzo hasta el 10 de mayo en Francia, la asociación propuso lugares donde dormir, como iglesias.

Pero ahora dice que ya no puede seguir asumiendo esa carga, sobre todo porque las parroquias ya no pueden acoger a gente desde la reapertura de los lugares de culto hace unos días.

Justo antes de la crisis sanitaria, por orden del ministerio del Interior, la policía desmanteló todos los campamentos improvisados de París, donde vivían varios miles de migrantes en condiciones insalubres.

Las personas instaladas en este nuevo campamento serán evacuadas e instaladas en viviendas provisionales, como gimnasios, indicó a la AFP la prefectura de la región parisina.

Durante la crisis sanitaria se desbloquearon unas 12.000 plazas de alojamiento, añadió.

Sam, un eritreo de 27 años, comienza a perder la esperanza. Desde que llegó a Francia "cuando apenas comenzaba el coronavirus" ni él ni su familia, incluyendo su hija de solo un año de edad, tuvieron un puesto en un centro de acogida.

Durmieron tres noches en casas de familias que les abrieron sus puertas gracias Utopia56. Pero la asociación no pudo seguir proponiendo esta opción debido a los riesgos sanitarios, dice este padre de familia, que hizo una solicitud de asilo antes del confinamiento.

Según Djibo, una marfileña de 31 años, este campamento es un grito de auxilio. Sentada en la orilla del canal cuenta con amargura sus intentos infructuosos de conseguir una vivienda de emergencia.

"Los últimos meses ni siquiera tenía una carpa, dormía en la calle solo con una manta por encima", dice con el rostro cubierto con una mascarilla. "Este campo es un primer cambio".

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