Descontento social acecha en este foco latinoamericano del virus

Police officers stop vehicles to check if drivers have proper permits to travel through downtown Santiago, Chile, on Monday, April 20, 2020.
Police officers stop vehicles to check if drivers have proper permits to travel through downtown Santiago, Chile, on Monday, April 20, 2020.

(Bloomberg) -- El Gobierno de Chile está enfrentando dificultades para controlar un brote de coronavirus que ha llevado a los hospitales al colapso y podría amenazar con revivir los disturbios sociales generalizados.

Con una población de solo 18 millones de habitantes, Chile está registrando cifras de nuevos casos de COVID-19 a un ritmo comparable, en términos per cápita, al de España en marzo, en el punto más alto de la propagación del virus, y los recursos están cerca de llegar a su límite en la economía más rica de Latinoamérica. En Santiago, la capital chilena, 95% de las camas de cuidados intensivos está ocupado, y los pacientes hospitalizados están siendo trasladados a otras regiones del país. Además del dilema de la salud pública, la actual crisis ha puesto de relieve la desigualdad y la deficiencia de los servicios públicos que llevaron a millones de manifestantes a las calles en octubre pasado.

“El coronavirus viene a poner a prueba nuevamente al sistema de salud, un sistema de salud que ya es deficitario”, dijo el Dr. José Miguel Bernucci, secretario nacional del Colegio Médico de Chile, a través de un mensaje de WhatsApp. “Es un síntoma más sobre las falencias de la sociedad chilena”.

El país todavía no se recuperaba de la ola de disturbios antigubernamentales del año pasado cuando comenzó la pandemia, y ahora el presidente Sebastián Piñera se encuentra en una delicada situación. Con el recuerdo vivo de los disturbios sociales, los funcionarios del Gobierno caminan por la cuerda floja al poner a Santiago bajo confinamiento para frenar la propagación del virus, con el riesgo de provocar más descontento.

“Cuando hablamos de cuarentena estamos hablando de un instrumento que tiene muchos efectos adversos. Las cuarentenas producen hambre, producen miserias, producen conmoción social, producen aumento de los asaltos, producen aumento de la violencia intrafamiliar”, dijo el ministro de Salud, Jaime Mañalich, durante una conferencia de prensa el 21 de mayo, donde se manifestó contrario a una cuarentena nacional. “Son instrumentos que hay que usar con mucho cuidado”.

Cuarentenas Dinámicas

Hace tan solo un mes, la estrategia de cuarentenas dinámicas de Chile, que restringía los traslados en comunas específicas en lugar de regiones enteras, parecía estar funcionando. Establecimientos como centros comerciales implementaron planes para reabrir, y a fines de abril Piñera comunicó sus intenciones de reabrir escuelas y oficinas, señalando que lo peor había pasado.

Pero desde entonces, el número de nuevos casos de coronavirus aumentó de 500 por día a más de 4.000 por día. Se han establecido “aduanas sanitarias” con control policial alrededor de Santiago, el epicentro del brote; las personas fiscalizadas que no cuentan con permiso deben pagar una multa. Los hospitales están sobrepasados, e incluso muchos de los establecimientos privados de la ciudad no tienen más espacio para pacientes.

El personal hospitalario está sintiendo la presión. Gabriel de la Fuente, médico de la unidad de cuidados intensivos del hospital estatal Félix Bulnes en Santiago, trabaja en turnos de 24 horas cada dos días, durmiendo donde puede. Dijo que no había visto a sus hijos en dos semanas debido a la carga de trabajo.

“Se está poniendo muchísimo peor”, señaló. “A muchas personas mayores ahora les da miedo ir al hospital y esperan hasta último minuto para venir. Cuando llegan, ya están condiciones realmente graves y necesitan ventiladores en cuestión de horas”.

Crisis social

En ese contexto, Piñera está gastando el equivalente a 7% del PIB en esfuerzos de estímulo mientras entrega paquetes ayuda de emergencia a familias que se están viendo afectadas económicamente por la cuarentena.

Pero en algunos lugares, los disturbios ya comenzaron. La semana pasada, las tensiones aumentaron cuando estallaron violentas protestas por la escasez de alimentos en comunas de escasos recursos de Santiago, como El Bosque y La Pintana.

Si bien en este momento muchas personas no esperan que se repitan las multitudinarias marchas de 2019, los incidentes tomaron desprevenidos a las autoridades la semana pasada. Algunos alcaldes advierten que hay más disturbios en gestación. Para complicar las cosas, Chile enfrentará una contracción económica “sin precedentes” en el segundo trimestre, según Goldman Sachs.

“La pandemia sanitaria pasa ya a dar forma a la pandemia social”, dijo en Twitter Sadi Melo, alcalde de la comuna de El Bosque, en Santiago. “El Estado central tiene que hacerse presente”.

Desaprobación

Lo bueno es que la situación no es tan grave fuera de Santiago. Algunas partes del norte y sur de Chile solo han utilizado 50% de su capacidad hospitalaria. Cientos de ventiladores todavía están disponibles en todo el país, según datos del Ministerio de Salud, y hay planes para agregar 500 nuevas camas hospitalarias.

Pero las encuestas sugieren que esos puntos positivos no son suficientes ante los ojos de la mayoría de los ciudadanos. Casi dos tercios de la población desaprueba la forma en que el Gobierno de Piñera está manejando la crisis del coronavirus, según una encuesta a nivel nacional llevada a cabo por Cadem entre el 13 y 14 de mayo.

En Santiago, hospitales de toda la ciudad están contratando personal nuevo, volviendo a capacitar a enfermeras, sacando a médicos de otras unidades y reacondicionando habitaciones. Es posible que aún no sea suficiente.

“Estamos tratando de hacer todo lo humanamente posible, pero estamos sobrepasados”, dijo De la Fuente, del hospital Félix Bulnes. “Si sigue así, no vamos a poder atender a todos adecuadamente. Más personas van a empezar a morir fuera de los hospitales”.

Nota Original:Social Unrest Is Lurking in This Latin American Virus Hotspot

©2020 Bloomberg L.P.

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