Las "ollas comunes" reaparecen en Chile y reviven recuerdos de la crisis económica en dictadura

Una familia comparte raciones de comida obtenidas en las llamadas "ollas comunes", instaladas para entregar alimentación a quienes lo necesiten en medio de la crisis desatada por la pandemia de coronavirus en Santiago, Chile, el 20 de mayo de 2020. REUTERS/Ivan Alvarado
Una familia comparte raciones de comida obtenidas en las llamadas "ollas comunes", instaladas para entregar alimentación a quienes lo necesiten en medio de la crisis desatada por la pandemia de coronavirus en Santiago, Chile, el 20 de mayo de 2020. REUTERS/Ivan Alvarado

Por Natalia A. Ramos Miranda

SANTIAGO (Reuters) - A medida que el coronavirus no sólo deja contagiados y muertos sino que también golpea con fuerza los empleos y la economía en Chile, en los barrios más pobres de la capital volvieron a aparecer las "ollas comunes" para enfrentar la precariedad y la falta de comida.

Muy populares en Chile durante la década de 1980, en plena dictadura de Augusto Pinochet cuando el país atravesó una severa crisis económica, los comedores colectivos resurgen de manera masiva y extendida en los barrios de la periferia, cuando para muchos el confinamiento significa quedarse sin ingresos.

"Esta pandemia nos deja claramente la regresión de la desigualdad que tenemos acá en Chile, porque tenemos zonas completamente abandonadas, donde hemos tenido que 'parar' ollas comunes porque no han llegado recursos", dice Alina Sandoval, una líder vecinal del popular municipio de Puente Alto, en el extremo sur de Santiago.

En los días fríos que preceden la llegada del invierno austral, las ollas comunes son organizadas sobre todo por mujeres, líderes locales y a veces tienen apoyo de los municipios. Y, a tono con los nuevos tiempos, también se divulgan, piden donaciones y recolectan recursos a través de las redes sociales.

El coronavirus llegó a Chile en marzo cuando el país aún estaba agitado por la ola de protestas que estalló en octubre, las más masivas en tres décadas y que dejaron al descubierto problemas de la sociedad chilena como las bajas pensiones o la deficiente salud pública.

Las protestas callejeras cedieron con las medidas de confinamiento impuestas por la pandemia, pero la crisis sanitaria empeoró el panorama económico que apenas había mostrado señales de recuperación tras el estallido.

Tanto el gobierno del centroderechista Sebastián Piñera como el Banco Central prevén que la economía se contraerá este año por el impacto del coronavirus.

El ministro de Hacienda, Ignacio Briones, dijo que será la peor crisis para el país desde la década de 1980, luego de que la oficina nacional de estadísticas reportó en abril que el desempleo subió a su nivel más alto en una década.

"Mi gente está entrando en desesperación, porque no tienen qué comer, así que pedimos ayuda y como nosotros siempre decimos, el pueblo ayuda al pueblo", contó Sandra Cariz, que lidera otra organización de vecinos en Puente Alto, mientras reparte en una sede social platos de carbonada, un guiso local de carne de res y verduras.

Los contagios de coronavirus en Chile se acercan a los 62.000 y al viernes había más de 600 muertos.

Frente a esta crisis, el gobierno anunció recursos por unos 17.000 millones de dólares para enfrentar la pandemia, con medidas para mantener el empleo, apoyar a pymes y asegurar ingresos de emergencia, un paquete considerado insuficiente por políticos de izquierda opositora y algunos académicos y dirigentes sociales.

Una de las medidas más recientes es la entrega de 2,5 millones de canastas de alimentos para las familias más necesitadas del país. La distribución empezó el viernes en Santiago y otros dos municipios.

Pero esta semana, con la toda la capital bajo cuarentena y los contagios subiendo fuertemente, volvieron a estallar protestas y enfrentamientos callejeros en barrios pobres de Santiago por falta de comida e ingresos. En las redes sociales se viralizó una acción de arte que proyectó la palabra "Hambre" en uno de los edificios más altos y céntricos de la ciudad.

"Si en un par de semanas, fruto del confinamiento y de la pérdida de actividad, surge el hambre, es muy decidor de la profunda desigualdad que hay en Chile y de lo que originó el estallido social de octubre", dijo a Reuters la exministra socialista Clarisa Hardy, autora de un libro sobre las ollas comunes durante la dictadura.

"Hay una memoria en los sectores populares, estamos hablando de ollas comunes de más de 30 años atrás, donde el niño chico lo vio en sus abuelos y hoy es un adulto, o una mujer", lo que permitió que hayan resurgido rápidamente estos días como una solución comunitaria, añadió.

(Reporte de Natalia Ramos y Reuters TV; Editado en español por Javier López de Lérida)

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