El mariscal Tito ya no tiene calle en su ciudad favorita de la ex-Yugoslavia

La pequeña ciudad de Bugojno, en Bosnia, era la vitrina de la fraternidad yugoslava tan amada por Tito y uno de sus destinos favoritos. Pero 40 años después de la muerte del mariscal, ninguna calle lleva ya su nombre.

La convivencia entre croatas, serbios y musulmanes en este lugar del centro del país estalló en pedazos durante a guerra de Bosnia de 1992-1995 que dejó unos 100.000 muertos.

Hoy los 30.000 habitantes en Bugojno (antes del conflicto tenía 47.000) son en su mayoría bosnios musulmanes.

La antigua calle Mariscal Tito se llama ahora Ahmet II, un sultán otomano que lideró su imperio a finales del siglo XVII y construyó en Bugojno una mezquita que también lleva su nombre.

El "Parque de los Partisanos" tampoco lleva ese nombre. En lugar de un monumento en mármol blanco dedicado a esos combatientes liderados por Tito durante la Segunda Guerra Mundial, se levanta uno a la memoria de los soldados bosnios muertos durante el conflicto de los años 1990.

A pesar de todo, un puñado de admiradores del hombre que gobernó la Yugoslavia comunista desde 1945 hasta su muerte, el 4 de mayo de 1980, luchan por mantener vivo su nombre.

- Ejemplo de desarrollo económico -

Dragan Mucibabic, miembro de la asociación Josip Broz Tito, que cuenta con unos mil asociados, reconoce que Yugoslavia "no era para nada el país de unidad y fraternidad" que proclamaba el mariscal.

Pero era "un país feliz en el que cada uno, si era trabajador, podía encontrar empleo", asegura.

"Hoy en día conseguir un trabajo es como ganar la lotería", dice a la AFP este anticuario y coleccionista de objeto "yugonostálgicos".

En la época de Tito, Bugojno "figuraba entre las cinco ciudades yugoslavas económicamente más desarrolladas", afirma Viktor Dundovic, profesor de 59 años y presidente de la asociación Josip Broz Tito.

La prosperidad económica colocaba a la cuestión identitaria en segundo plano. Tito había hecho construir una fábrica de armamentos cerca de Bugojno en los años 1950.

"Ese gigante empleaba antes de la guerra de 1992-95 a cerca de 10.000 personas", explica este hombre que viste una camiseta amarilla con el rostro del mariscal.

Los nostálgicos se esfuerzan en mantener el recuerdo de una ciudad que fue presentada por el régimen de Tito como modelo del éxito de la unidad yugoslava.

Dundovic cuenta que sus admiradores, apoyados por el alcalde, lograron colocar delante de la escuela secundaria, en el centro de la ciudad, los bustos de tres "héroes" de la Segunda Guerra Mundial, un bosnio, un serbio y un croata, que habían sido condecorados por Tito.

A unos metros de allí, el monumento dedicado a los partisanos muertos durante la liberación de Bugojno, que llevaba el escudo de Yugoslavia y una estrella roja, sobrevivió a un intento de desplazarlo durante la renovación de la calle peatonal frente a la escuela, dice el presidente de la asociación.

Cientos de monumentos dedicados al mariscal o a los partisanos fueron destruidos en toda la ex-Yugoslavia durante el estallido del país en los años 1990. La mayoría de las calles que llevaban su nombre fueron rebautizadas.

- Residencia convertida en vertedero -

Durante la última década de su vida, Tito visitó varias veces Bugojn. "Entre 1969 y 1979, vino 22 veces", precisa Dundovic.

Gran aficionado a la caza, buscaba sus presas en los bosques de pinos en los alrededores y descansaba en una residencia construida para él en la colina de Gorica, a 570 metros de altura.

"Tito decía que en ninguna parte comía y descansaba tan bien como en Bugojno", cuenta el profesor.

Tras su muerte, la residencia fue convertida en un un museo donde los visitantes podían admirar sus armas de caza y sus trofeos.

Pero ese lugar tampoco resistió a la guerra. Fue incendiado en 1993 y las ruinas sirven hoy de vertedero.

"El trato que recibió esta residencia durante la guerra y que recibe hoy en día refleja bien la actitud con respecto a Tito y todo lo que él representa", lamenta Dundovic.

rus/ev/mar/pc