El coronavirus deja sin trabajo y sin Pascua a los cristianos de Pakistán

Los cristianos de Pakistán, una comunidad discriminada formada en su mayoría de trabajadores agrícolas o empleados domésticos, están perdiendo sus empleos por la crisis del coronavirus y muchos pasarán las fiestas de Pascua con el estómago vacío.

"Ya éramos unos parias pero ahora los ricos creen que los pobres pueden traerles el coronavius a casa", lamenta Aamir Gill, que de un día para otro fue despedido por la familia rica que le daba trabajo como limpiador.

Junto a otros empleados domésticos, trabajaba a tiempo parcial en una de las inmensas mansiones de Islamabad, principalmente limpiando tras la celebración de fiestas.

Solo podía entrar en la mansión cuando le daban la orden y le hacían esperar en una pequeña sala especial para el personal.

"No sé cuantas habitaciones había pero era grande", afirma y asegura que su patrón tenía empresas en el extranjero y muchos coches.

Aamir Gill, de 30 años, también trabajaba como vendedor en una tienda de ropa, pero la tienda cerró por orden de las autoridades para evitar la propagación de la COVID-19, que ha dejado 66 muertos en Pakistán.

"Mis hijos me pidieron vestidos nuevos y ropa para Pascua pero les dije que este año no tendríamos Pascua", explica en su pequeño apartamento, en una barriada.

Los cristianos representan el 2% de la población de Pakistán y son una minoría discriminada en este país de 200 millones de personas, en su mayoría musulmanes.

Muchos de ellos son descendientes de los intocables o parias, la casta hindú más baja, y están discriminados por esta razón.

Los grupos extremistas les odian y fueron objeto de ataques durante los años 2000. Por eso los cristianos temen ser acusados de blasfemia, una cuestión incendiaria en varios países del sur de Asia que puede provocar linchamientos.

En Islamabad, muchos cristianos viven en las "colonias", barrios insalubres donde es imposible practicar el distanciamiento social contra el coronavirus.

"En esta crisis, en la que están confinados en espacios sobrepoblados con pocos recursos, no podemos forzarlos a elegir entre hambruna e infecciones", dice Omar Waraich, de la oenegé Amninstía Internacional en el sur de Asia.

"Nos han sacado el poco pan que nos quedaba", lamenta Haroon Ashraf, de 25 años, que fue despedido del restaurante donde trabajaba como camarero.

Para los cristianos de Pakistán, Pascua es una de fiesta de alegría con numerosas comidas, pero este año será difícil celebrarla.

"Este año no habrá Pascua, solo depresión y desesperación", dice Haroon Ashraf. Junto a su hermano tiene que alimentar a una familia de siete personas que vive en solo dos habitaciones.

Como no pueden acudir a las iglesias, los cristianos esperan celebrar misa virtualmente a través del teléfono o subirse a los tejados para oír sermones y cánticos a distancia.

Las iglesias también organizaron bancos de alimentos para ayudar a una comunidad "muy vulnerable", según el obispo de Lahore, Alexander John Malick.

Para Sharoon Shakeel, de 20 años, los tiempos están siendo especialmente duros, después de que su padre muriera a finales de marzo y que perdiera su trabajo de barrendero en un hospital. Esta Pascua será, para él, "una pesadilla".

Sin trabajo no puede devolver el dinero que le prestó su familia para el entierro y sus allegados también están en el paro.

"Nos falta comida (...) ¿Cómo vamos a celebrar Pascua? Tengo amor propio, no puedo ir a pedir limosna", afirma.

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