El coronavirus acelera el éxodo urbano en África

Desde hace días, centenares de malgaches avanzan a pie, en fila india, por la carretera nacional 7 huyendo de la capital, Antananarivo, confinada debido al coronavirus, un éxodo que sorprende incluso a los policías más veteranos de este país africano.

Uno de los que huyen es Richard Rakotoarisoa, que salió junto a decenas de personas a la RN7 rumbo al sur, prefiriendo el éxodo antes que quedarse en la capital pasando hambre.

"Hemos dejado de trabajar para respetar la disciplina del confinamiento, a pesar de que tenemos que comer y alimentar a nuestros hijos", explica este padre de familia de 30 años. "En mi caso, o desobedecía o tenía que irme".

Fue así como de madrugada se marchó con sus dos hijos y una bicicleta con algunas pertenencias rumbo a la ciudad de Antsirabe, a más de 150 kilómetros y a tres días de camino a pie, donde está su mujer y el resto de su familia.

"No sabemos cuándo llegaremos, pero nos preparamos para pasar noches en la carretera y dormir al aire libre", dice Rakotoarisoa.

"En nuestro pueblo, nuestros padres son agricultores, podremos vivir de los productos de nuestras tierras" según él, a diferencia de la vida en Antananarivo, donde el confinamiento "nos obliga a esperar que el hambre nos lleve".

En toda África la pandemia de coronavirus está provocando éxodos similares.

Según el último balance de la AFP con fuentes oficiales, la enfermedad contaminó en el continente más 3.300 personas, con más de 90 fallecimientos.

En Kenia, desde que se confirmó el primer caso, el 13 de marzo, muchos habitantes de Nairobi, la capital, tomaron sus coches y asaltaron los "matatu" (minibuses) con destino al campo.

Aunque ahora ya no se ven vehículos privados, las furgonetas de transporte, de múltiples colores, siguen llenas, aunque solo se permite ocuparlas a medias por las medidas sanitarias.

"La ciudad no es segura para nosotros, por eso vuelvo al pueblo con mi familia", dice Jerry Musyoka, el gerente de una tienda de electrónica de Nairobi, que se va con su esposa y sus dos hijos a Kitui, 150 kilómetros al este.

Para luchar contra el coronavirus, Kenia no impuso de momento el toque de queda nocturno pero podría decretarlo pronto.

En muchos países africanos los gobiernos temen también las consecuencias de estas grandes migraciones.

En Gabón, donde oficialmente hay siete casos y un muerto en la capital, Libreville, el gobierno decidió suspender sus vuelos nacionales y los trenes y pidió a los habitantes que limiten sus desplazamientos dentro del país.

- Aislar las grandes ciudades-

Costa de Marfil, Burkina Faso o la República Democrática del Congo (RDC) decidieron asilar sus ciudades más grandes.

El presidente de la RDC, Félix Tshisekedi, prohibió así los desplazamientos aéreos, fluviales y terrestres entre su capital, Kinshasa, donde hay diez millones de habitantes, y el resto del país.

A pesar de ello un caso de coronavirus fue registrado el viernes en la provincia de Ituri (noreste), el primero fuera de Kinshasa.

Algunos países africanos decidieron ir más lejos y ordenar el confinamiento de toda o parte de la población. Es el caso de Sudáfrica, Ghana, Ruanda, Zimbabue o Madagascar.

En la carretera nacional 7, las autoridades sanitarias malgaches instalaron una barrera, al sur de la capital, para intentar detectar posibles contagiados "que huyen".

"Más de 2.000 personas pasaron por esta barrera desde esta mañana", dijo el jueves el médico Hanitriniaina Radrianarison. "Hasta ahora nadie tenía una temperatura superior a la normal".

Los policías también revisan los vehículos para limitar el flujo de viajeros en la RN7, aunque no logran convencerles para que se queden.

Justin Randriamahefa, un repartidor de pan de 35 años, abandonó Antananarivo junto a su esposa y dos hijos para ir en bicicleta a la ciudad de Ambositra, un periplo de 250 kilómetros.

"Ya solo podía trabajar por la mañana. Por eso me fui", explica. "No podemos dejar que nuestros hijos se mueran de hambre".

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