"Nos tocó pagar el precio": repartición de culpas en ancianato golpeado por COVID-19

A medida que el coronavirus inunda Estados Unidos, el instinto de buscar culpables se ha intensificado... y qué mejor lugar para comenzar que en el ancianato a las afueras de Seattle, donde 35 personas, residentes en su mayoría, murieron.

En el centro de cuidados Life Care en Kirkland -que tenía un total de 120 residentes- se han registrado casi un cuarto de todas las muertes en todo el país, devastando no solo a las familias de las víctimas, sino de las que tiene aún a sus parientes atrapados ahí.

Todos exigen respuestas.

La agencia federal de salud CDC divulgó un informe el miércoles que avivó las llamas, apuntando a empleados que acudían al centro a trabajar aún cuando presentaban síntomas y deficiencias en general sobre formación y equipamiento.

Recreó un imagen de caos total y colapso, que frecuentemente habían expresado antes los familiares de los ancianos internados en esta organización.

"Aquí no hay cuarentena. Esta enfermedad se está extendiendo", dijo Kevin Connolly, cuyo suegro Jerry Wall, de 81 años, es residente, a periodistas a principios de este mes. "¡Demandamos respuestas!".

Los familiares por ejemplo quieren saber quién es responsable de los atrasos, tanto en la identificación de la COVID-19 -que en principio se pensó que era influenza- como en la conducción de exámenes diagnóstico o el cierre total del centro.

"Es devastador", indicó Clancy Devery, yerno de Chuck Sedlacek, un paciente infectado, al Seattle Times. "Sentimos que si hubieran honrado nuestra petición de ser examinados y sacarlo de allí, no estaríamos en la situación en la que estamos".

- "Más fácil" -

El hogar notó el brote de problemas respiratorios el 10 de febrero, pero el proceso de aislamiento de toda la instalación no comenzó sino un mes después.

"Es más fácil colocar toda la culpa en un ancianato", dijo a la AFP el portavoz de Life Care Tim Killian. "Estamos claros que vamos a recibir ataques".

Pero destacó que aparte de la naturaleza sin precedentes de la pandemia, el "gobierno no estaba completamente listo para responder a las cosas que hubiéramos necesitado para poder contener esto".

Los kits de pruebas para todos los residentes no llegaron sino una semana y media después del primer caso confirmado, siguió Killian, asegurando que "tomó alrededor de una semana conseguir personal de atención médica adicional en el sitio".

En cuanto a los retrasos en el aislamiento, "nos llevó un tiempo sentir que habíamos recibido la autoridad adecuada del gobierno" para cerrar la casa hogar, que según dijo, ya no tiene policías o funcionarios del gobierno custodiándola.

Hay enfermeras que siguen atendiendo a los que siguen internados, 32 de los cuales dieron positivos para COVID-19.

La única excepción son las visitas familiares a pacientes moribundos.

- "Perder la paciencia" -

Algunos familiares han expresado empatía por el sobrecargado personal del ancianato.

Una enfermera le dijo a Pat Herrick por error que su madre Elaine seguía viva, después de que ya se le informara que había fallecido.

"Eso es trágico. Pero también siento una gran compasión por la humanidad [de la enfermera]", dijo.

"Tuvimos la horrible suerte de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado", dijo Scott Sedlacek, que contrajo el coronavirus al visitar a su padre Chuck, al Washington Post.

Connolly describió la respuesta del gobierno en todos los niveles como "risible", aunque los funcionarios locales culpan al hogar.

"Hemos enfrentado desafíos con Life Care, y estoy empezando a perder la paciencia", dijo a periodistas la máxima autoridad del condado de King, Dow Constantine.

Pero Killian asegura que si bien su centro fue uno de los primeros afectados en Estados Unidos, no es culpa de su personal.

"Nuestros enfermeros no fueron la causa del brote viral, el virus fue la causa de este brote viral", insistió. "Nos tocó pagar el precio por eso".

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