Por Linda Sieg

TOKIO, 25 feb (Reuters) - Mientras Japón lucha por detener la propagación del coronavirus dentro de sus fronteras, los críticos se preguntan: "¿Dónde está Abe?".

Shinzo Abe, de 65 años, el primer ministro japonés con más años en el cargo, no ha tomado el timón como rostro público de la respuesta al virus, según los críticos, y le ha dejado la tarea en gran parte a su ministro de Salud.

Ahora las dudas sobre el liderazgo de Abe amenazan con erosionar su valoración entre los votantes, que ya está cayendo, como muestra una encuesta en un periódico del fin de semana que afirma que la desaprobación hacia su manejo supera a la aprobación por primera vez desde julio de 2018.

Además, el virus podría alterar los escenarios optimistas en los que Abe preside unas exitosas Olimpiadas de Tokio -con su inicio previsto para julio-, lleva a su partido a una victoria electoral y tal vez incluso obtiene un inédito cuarto mandato cuando acabe a finales de septiembre de 2021 su periodo como líder del partido gobernante.

"¿Dónde está el liderazgo?" preguntó Gerry Curtis, un experto en política japonesa y profesor emérito de la Universidad de Columbia. "No está ahí afuera, no está hablando con la gente y movilizándolos (...), creo que esto le hará daño cuanto más tiempo pase".

Abe ha resistido varios momentos difíciles desde que regresó al cargo en diciembre de 2012.

Sin embargo, su apoyo, ya afectado por los escándalos recientes, incluida la polémica sobre la invitación de demasiados partidarios a una costosa fiesta para ver los cerezos en flor, cayó 8,4 puntos, hasta el 36,2%, en la encuesta del periódico conservador Sankei publicada el fin de semana.

La tasa de rechazo al mandatario aumentó en 7,8 puntos, situándose en el 46,7%.

Los votantes se dividieron en lo relativo a la respuesta del Gobierno al virus, y el 85% dijo que les preocupaba la enfermedad.

"Aunque la ansiedad de la gente crece a diario, él (Abe) no ha dado una rueda de prensa propiamente dicha", escribió en Twitter el usuario @yumidesu. "En otras palabras, si aparece con más frecuencia, solo dará una mala imagen, por lo que, para evitar eso, aparece en público lo menos posible".

ETAPA CRÍTICA

Japón ha recibido duras críticas por su gestión de un brote de virus en el crucero Diamond Princess -un buque registrado en el Reino Unido- que produjo 691 infecciones y 4 muertes, desde que el buque atracara cerca de Tokio el 3 de febrero.

La preocupación también ha aumentado a medida que ha ido creciendo el número de casos transmitidos a nivel nacional, superando los 159, con una muerte incluida.

El Gobierno dio a conocer medidas el martes para frenar el ritmo de infecciones y muertes.

"Estamos en una etapa extremadamente crítica para lograr el fin temprano de la propagación del virus", dijo Abe, leyendo rápidamente un documento en una reunión sobre las medidas, antes de dejar al ministro de Salud, Katsunobu Kato, para que se lo explicara a los periodistas.

Entre los pasos contemplados se incluyen precauciones como trabajar por internet desde casa, turnos escalonados de trabajo y pedir a los organizadores de eventos que evalúen cuidadosamente los planes.

Algunos otros países están dando pasos más duros.

Italia, que surgió el lunes como una nueva frontera en la lucha contra el virus, aisló sus poblaciones más afectadas, cerró escuelas y suspendió el carnaval de Venecia.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, solicitó al Congreso 2.500 millones de dólares para combatir el virus, aunque la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, denunció que esos fondos son insuficientes.

La cifra contrasta con los 10.300 millones de yenes (92 millones de dólares) de fondos procedentes de las reservas presupuestarias que ha movilizado Japón, aunque la agencia de noticias Jiji dijo que se estaba planteando la posibilidad de asignar más dinero.

"Creo que (Abe) está en la fase de negación", opinó Koiichi Nakano, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Sophia. "Están tratando de creer los escenarios más optimistas, aunque en el fondo no crean en ello".

¿ESCALOFRÍO EN LA ECONOMÍA?

Los críticos de las redes sociales cuestionaron por qué Abe no cerró las fronteras de Japón a todos los visitantes chinos en lugar de solo aquellos de la provincia central de Hubei, cuya capital Wuhan es el epicentro de la epidemia, y de la provincia oriental de Zhejiang.

Abe ha supervisado el estrechamiento de los lazos con el líder chino Xi Jinping, a pesar de las críticas desde su Partido Liberal Democrático, y las autoridades hablan en público de preparativos para una visita de Xi en abril.

La economía de Japón también se ha vuelto muy dependiente de los turistas chinos en los últimos años.

Algunos escépticos también sugirieron que Japón estaba reduciendo el número de pruebas para minimizar el volumen de infecciones.

"Tal vez el Gobierno japonés tenga en mente la celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio, por lo que intenta ocultar la cantidad de personas infectadas. A Shinzo Abe se le da bien esconderse", declaró en Twitter el usuario @shumi_wake.

Abe ha hecho de los Juegos Olímpicos, que se realizarán hasta el 9 de agosto, un objetivo prioritario de su administración. El martes, el ministro de Salud, Kato, dijo que era demasiado temprano para hablar sobre una posible cancelación.

Los expertos han señalado que las próximas semanas serán cruciales para mostrar si Japón puede frenar el ritmo de propagación del virus. De lo contrario, el número de pacientes podría aumentar, sobrecargando el sistema sanitario y lastrando a la economía.

La economía de Japón se contrajo en el trimestre de diciembre a su ritmo más rápido en casi seis años, afectada por la subida del impuesto a las ventas. En este contexto, el riesgo del virus supone una amenaza adicional que podría llevar al país a la recesión.

"Si la economía se viene abajo y nunca recibe el impulso de los Juegos Olímpicos, será catastrófico", dijo Nakano.

(Información de Linda Sieg; Edición de Clarence Fernandez; traducido por Tomás Cobos)