El Kodokan, una 'Meca del judo' abierta a todos

Se puede pasar por delante sin que llame especialmente la atención. La fachada del Kodokan parece la de otros muchos edificios de oficinas y, a dos pasos, se escuchan los gritos estridentes de las montañas rusas del parque de atracciones de Tokyo Dome.

Únicamente la estatua de bronce del fundador del judo, Jigoro Kano, señala que este edificio aparentemente sin gran encanto del barrio residencial Bunkyo de Tokio es en realidad el Kodokan, la auténtica 'Meca del judo', donde apasionados por este deporte de todo el mundo acuden en peregrinación.

Esta es una pequeña guía por este mítico lugar, cuyo nombre significa "lugar de enseñanza del camino", por decisión de Jigoro Kano, que quiso esa denominación para insistir más en el espíritu de este arte marcial que en sus técnicas.

- Tatamis sagrados -

Es una auténtica sede mundial del judo, con al menos seis dojo para los entrenamientos y los combates, con 1.300 tatamis en total y 150 entrenadores de alto nivel para ocuparse de los alumnos japoneses y extranjeros.

El lugar más santo de este templo está en el séptimo nivel: 420 tatamis permiten la organización simultánea de cuatro combates y hay asientos para acoger a 900 personas.

En uno de los lados, una especie de estrado, con un sillón situado detrás de una pequeña mesa y delante de un gran retrato de Jigoro Kano.

El personal administrativo no deja de pararse en este punto, para mirar hacia el sillón e inclinarse.

El Kodokan dispone en los dos pisos inferiores de espacios más reducidos, pero especializados: "dojo internacional", "dojo de las mujeres", "dojo de los niños", "dojo escolar" y un "dojo especial" que se alquila para eventos privados.

- Disciplina de vida -

Por la módica suma de 800 yenes (6,7 euros), toda persona que practique las bases del judo puede venir libremente a entrenarse aquí con otros judocas y entrenadores. La condición es que respeten las estrictas reglas del Kodokan y que luzcan un judogi blanco limpio, así como mantener cortas las uñas de pies y manos.

"Lo más importante es no renunciar nunca. Los alumnos deben guiarse con disciplina, cuidando su salud mediante su alimentación y su vida diaria", dice el reglamento.

El Kodokan es más que los dojos destinados al "randori" o entrenamiento con compañeros elegidos por azar.

Alberga también un gran museo de historia del judo, un restaurante con paredes adornadas con fotografías de campeones y una biblioteca que comprende unas 6.000 obras que van desde libros universitarios a mangas sobre el judo.

El edificio tiene también un centro de acogida para visitantes extranjeros. En la puerta de entrada se lee un mensaje: "Judoca un día, judoca para siempre". En el interior hay habitaciones individuales y dobles, así como un dormitorio común para 18 personas. Este lugar tiene especialmente sentido cuando llega el célebre entrenamiento de enero, durante el cual las sesiones comienzan a las 05h30 de la mañana. Los alumnos únicamente tienen que subir las escaleras para comenzar su randori.

- Una historia convulsa -

La sede actual se remonta a 1958. Posteriormente se construyó un ala suplementaria, ampliando la superficie total a 2.107 m2, algo muy lejos de los inicios del judo, cuando Jogoro Kano comenzó a enseñarlo en 1882. Entonces tenía apenas nueve alumnos en doce tatamis (menos de 20m2) en el templo Eishoji, en el este de Tokio.

Hoy, ese templo se encuentra entre una tienda de mangas y un puesto policial, cerca de una estación de metro, en una animada arteria urbana.

Únicamente una pequeña placa metálica indica que ese es el "lugar de nacimiento del Kodokan", donde Jigoro Kano "comenzó a formarse con sus amigos y sus discípulos".

El Kodokan alberga además las oficinas de la Federación Japonesa de Judo y tiene otro papel esencial: certifica los "dan", el sistema de grados honoríficos de la disciplina. Dos veces al año se organiza allí un torneo "Batsugun", que permite a los vencedores sumar en la escala de los dan.

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