Los tallos de las palmeras languidecen en un terreno amarillento frente a las ruinas de una casa abandonada, en una región árida del sudeste de Marruecos, una escena desoladora que resume el destino de los oasis amenazados de extinción por el cambio climático.

"Crecí en este oasis y fui testigo de su disminución gradual", lamenta Mohamed El Houkari, un residente del oasis de Skoura, que tiene unos 25.000 habitantes.

"La amenaza de su desaparición es muy real", se alarma este activista comunitario de 53 años, frente a un canal de riego seco.

Durante siglos, los oasis marroquíes han albergado concentraciones humanas, actividades agrícolas y un patrimonio arquitectónico y cultural, beneficiándose de su ubicación en la ruta de las caravanas comerciales transsaharianas.

En la actualidad, en Skoura solo los olivos que no consumen mucha agua aún resisten la sombra del palmeral, que por lo demás se reduce a un paisaje de tierra agrietada.

Sin embargo, hasta la década de 1980 "los árboles de granadas y manzanos crecían aquí", recuerda Mohamed.

Con ciclos de sequía cada vez más frecuentes y devastadores, los oasis que antes eran escudos contra la desertificación ahora están "amenazados de extinción debido al considerable impacto de las altas temperaturas en los recursos hídricos", alertó recientemente la oenegé Greenpeace.

Durante el último siglo Marruecos ya ha perdido dos tercios de sus 14 millones de palmeras, según cifras oficiales.

- Sobreexplotación -

"Las actividades de los oasis se basan en el agua subterránea, generalmente suministrada por la nieve [de las montañas]", subraya Lahcen El Maimouni, decano de la facultad de Uarzazat, en una pausa de una conferencia sobre turismo solidario en oasis.

Esas regiones "han sufrido con el calentamiento global de los años 80 y 90", apunta.

Anteriormente atractiva para los agricultores, la región de Skoura no logra impedir que los jóvenes vayan a trabajar a otros lugares, y la vida en los oasis se ha vuelto marginal. Solo el turismo permite retener a algunos.

"Estoy listo para vender mi tierra, pero no hay comprador, ¡todos se han ido!", se lamenta Ahmed, un granjero de Skoura, sin ocultar la angustia.

Este hombre de unos 50 años se estableció en la zona junto con su familia hace 25 años, "cuando el área era verde y el agua era abundante".

"Pero la sequía ha destruido todo", suspira, lamentando el alto costo de las bombas eléctricas utilizadas para extraer agua cada vez más profunda.

Para hallar agua, las bombas ahora deben alcanzar una profundidad de más de 40 metros, contra 7 a 10 metros en la década de 1980, según los vecinos.

El uso intensivo de bombas eléctricas también ha contribuido a la sobreexplotación de la capa freática, lamenta Abdeljalil, de 37 años, un electricista que trabaja en Marrakech y Agadir (sur), donde pasa la mayor parte de su tiempo.

"¡Nuestra vida ya no está aquí!", dice.

Mohamed, por su parte, lamenta el abandono de los métodos tradicionales que permitieron distribuir el agua "económica y racionalmente", en referencia a un antiguo sistema de riego por canales llamado "Khatarat".

- "Conciencia" -

En el horizonte se alzan los picos de las montañas de la cadena Atlas, cubiertas de nieve. Pero esa nieve no es suficiente para alimentar los lechos secos que cruzan el oasis.

Los efectos de la sequía también son visibles a lo largo del sinuoso camino de Marrakech a Uarzazat, a 40 km de Skoura.

"La frecuencia de las sequías ha aumentado en los últimos 20 a 40 años en Túnez, Marruecos, Siria y Argelia, pasando en Marruecos de una vez cada cinco años a una vez cada dos años", alerta Greenpeace.

Para Mohamed, salvar los oasis requiere "crear conciencia" sobre el peligro de la desertificación. En particular, lamenta "el desarraigo de muchas palmeras para venderlas a los propietarios de las villas".

Para rehabilitar el área de oasis, la Agencia Nacional para el Desarrollo de Áreas de Oasis lanzó en 2008 un "programa importante con la plantación de tres millones de árboles, un objetivo logrado en 2019", asegura Brahim Hafidi, su director gerente.

"Nos hemos fijado el objetivo de movilizar 1.000 millones de metros cúbicos de agua para fines de 2020", especialmente con la construcción de presas y la rehabilitación de canales de riego. Es un "programa muy avanzado", dice.

La escasez de agua no solo amenaza a los oasis. La ciudad semidesértica de Zagora , en el sur del país, experimentó en 2017 "manifestaciones de sed" contra los recurrentes cortes de agua.

A principios de enero, Marruecos lanzó un programa nacional de suministro de agua potable y riego para 2020–2027, dotado con el equivalente a 10.900 millones de euros (11.800 millones de dólares).

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