El activista anticapitalista Micah White, uno de los impulsores del movimiento Occupy Wall Street, admite que venir al foro de Davos, que termina este viernes, puede parecer una contradicción, pero aboga por dialogar con la élite y promete evitar "el champán y el caviar", en una entrevista con la AFP.

Antes de venir a la pequeña estación de esquí suiza donde cada año se celebra el Foro Económico Mundial (WEF), que reúne a líderes económicos y políticos de todo el mundo, White sabía que su visita podría dañar su reputación.

"Venir aquí es una especie de suicidio para mi reputación, es una manera de reinventarme a mí mismo", dijo el jueves Davos, antes de arrancar un maratón de intervenciones en los múltiples seminarios y mesas redondas previstas en este pueblo al pie de los Alpes.

"Muchas de las luchas políticas con las que nos hemos involucrado en los últimos 300 años, la lucha de clases, la lucha contra los ricos, quedarán en segundo plano con el intento de movilizar a cientos de millones de personas para actuar por el clima", afirma.

Micah White fue uno de los principales impulsores, en particular en las redes sociales, de Occupy Wall Street, un movimiento pacifista contra los excesos de las finanzas y la desigualdad económica que llevó a los manifestantes a "ocupar" a finales de 2011 en el barrio financiero de Nueva York.

Por eso sorprende verle en el pequeño pueblo de Davos, cuyo nombre se ha convertido desde hace años para los anticapitalistas en sinónimo de lo peor de la globalización y que cada año acoge a centenares de grandes empresarios llegados en jet privado, helicóptero o limusina.

Según el activista, los organizadores del foro están ávidos de nuevas ideas pero "¿están escuchando realmente? Esta es la cuestión, creo que es muy difícil saber hasta qué punto habrá cambios".

Micah White fundó una "universidad en línea" de pago donde da consejos y analiza el fenómeno del activismo. También tiene el proyecto de lanzar un criptomoneda "redistributiva".

"Soy optimista, Creo que hay una especie de cinismo profundo de los activistas que consiste en pensar que las élites no quieren cambiar realmente. Pero en mis intercambios [en Davos] creo que hay gente que realmente quiere cambios, sobre todo en la cuestión del cambio climático", afirma.

Su participación en el WEF y algunas de sus declaraciones, como cuando aseguró que quería "descubrir el potencial revolucionario de Davos", fueron ridiculizadas en las redes. Entre otros insultos en Twitter le calificaron de "vendido" o de "izquierdista narcisista corrompido".

Pero él asegura que no ha vendido su alma al diablo.

"Para mi lo más importante es proteger mi espíritu revolucionario, activista, y eso significa evitar el lujo, la decadencia, no he ido a ninguna fiesta, a ningún cóctel" dice. "Estoy evitando deliberadamente la experiencia 'caviar y champán'".

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