La primera Supercopa de España jugada en Arabia Saudí conquistó el corazón de los saudíes, que acudieron en masa a ver a ídolos como Leo Messi, pero sin lograr librarse de la controversia en un país criticado por los defensores de los derechos humanos.

Mutada por primer año a un formato de final a cuatro, la Supercopa de España llevó a Arabia a Real Madrid, Atlético, Barcelona y Valencia, despertando la alegría de los habitantes de Yedá, a orillas del mar Rojo, que acudieron al estadio King Abdullah para ver a jugar a las estrellas de estos equipos.

Ataviados con camisetas de los equipos, principalmente del Real y del Barça, gritando con cada jugada peligrosa o haciendo la ola, los aficionados prácticamente llenaron las 62.000 localidades del estadio para el ver el jueves el Barcelona-Atlético de Madrid (2-3).

La presencia, sobre todo, de Leo Messi, cuyo nombre corearon durante todo el partido, animó a los aficionados, que la víspera apenas habían sobrepasado la mitad de la capacidad del estadio para ver al Real Madrid ganar al Valencia (3-1).

"Es un sueño hecho realidad ver al Barça aquí", decía Reem, una joven veinteañera, con camiseta azulgrana bajo la típica abaya vestida por las mujeres en el país.

- En busca de ingresos -

Este domingo, cerca de 60.000 saudíes volvieron a llenar el estadio King Abdullah de Yedá para ver al Real Madrid ganar 4-1 al Atlético en los penales y proclamarse campeón de una competición, que la Federación Española (RFEF) ha querido reanimar con un formato más atractivo y su traslado a Arabia en busca de ingresos.

"Estamos metidos en la industria del fútbol, que está buscando fuentes de ingresos, por eso estamos aquí", afirmaba, rotundo, el técnico del Barça, Ernesto Valverde, en rueda de prensa.

Según la prensa española, Ryad debe pagar unos 120 millones de euros por las tres ediciones de la Supercopa en suelo saudí, que se repartirían entre los equipos participantes y la RFEF.

El dinero ingresado "ayudará a los clubes de Segunda B y Tercera, también al fútbol femenino" en España, explicó el presidente de la RFEF, Luis Rubiales.

La ayuda al fútbol modesto en España y contribuir a un cambio en la sociedad saudí, especialmente en lo referente a las mujeres, fueron las principales líneas de defensa de la RFEF frente a las críticas recibidas desde aficionados y organizaciones humanitarias en España.

Incluso la televisión pública española rechazó pujar por los derechos de la competición por celebrarse "en un sitio donde no se respetan los derechos humanos", en particular de las mujeres.

En un reino ultraconservador donde se permitió la entrada a las mujeres a los estadios hace apenas dos años, hombres y mujeres pudieron sentarse juntos en los partidos de esta Supercopa, como pedía la RFEF.

Está por ver si este golpe de efecto deportivo tendrá continuidad, una vez acabe el torneo, en un país que inició recientemente, impulsado por el príncipe heredero Mohamed ben Salmán, un programa de reformas económicas y sociales.

En el marco de esta apertura, se abolieron algunas de las restricciones que pesaban sobre las mujeres permitiendo que puedan conducir u obtener un pasaporte sin el aval de un tutor masculino.

Las organizaciones humanitarias han saludado estos progresos, pero condenan la represión de las voces disidentes que los acompañaron, en particular de activistas feministas que siguen detenidas.

- Un paso más -

Los saudíes, cuyo país se apoya desde hace unos años en el deporte para mejorar su imagen, consideran que la Supercopa puede ser otro paso más en su progresiva apertura.

"Está muy bien que se juegue aquí. Es bueno para el país. Se nos ve un poco más (en el mundo)", asegura Mohamed Hossem, de 28 años y aficionado del Atlético de Madrid, feliz de volver a ver en su tierra a un equipo al que vio jugar en el antiguo Vicente Calderón madrileño.

Pero, el acercamiento de los grandes del fútbol español a la afición saudí también ha supuesto un alejamiento de los hinchas propios, a los que, principalmente, el lugar y el coste del viaje, apenas finalizadas las fiestas navideñas han desanimado. Apenas un centenar de aficionados de los cuatro clubes han viajado desde España.

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