En Estados Unidos, un país del tamaño de Europa, conducir un automóvil es muchas veces una necesidad, así como una pieza clave de la cultura nacional desde hace más de un siglo.

Pero para los más de 10 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos esa sensación de libertad que puede provocar un viaje en carretera era un sueño inalcanzable hasta hace poco tiempo.

Gradualmente, sin embargo, las cosas están cambiando.

- "Manejar sin miedo" -

Hace 13 años que el mexicano Luis Jiménez conduce su automóvil sin permiso por el condado de Livingstone, Nueva York, cerca de la frontera con Canadá.

"El sueño de todos nosotros es manejar sin miedo a ser parados por la policía, sin miedo a que llamen a la policía migratoria y nos deporten", dijo a la AFP este inmigrante indocumentado de 34 años, que trabaja criando becerros en una granja 12 horas por día, seis días a la semana.

Jiménez aplicó a una nueva licencia esta semana, cuando entró en vigor en Nueva York una ley que le permite obtener el documento.

"¡Es un alivio! Se terminó el aislamiento, ese ir de la casa al trabajo y del trabajo a la casa", se felicitó este padre de tres hijos que preside la Alianza Agrícola, un grupo de trabajadores rurales inmigrantes que luchó durante años para conseguir la aprobación de la ley.

El estado de Washington fue el primero en otorgar licencias de conducir a inmigrantes indocumentados en 1993. Fue seguido por varios otros, la mayoría bajo control demócrata. El jueves, tras los pasos de Nueva York, el gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, ratificó una ley que convirtió a su estado en el 14º (más el Distrito de Columbia) en autorizar la medida.

"Darle a más personas la oportunidad de obtener licencias independiente de su estado migratorio reducirá la cantidad de conductores sin seguro y aumentará la seguridad en nuestras calles", tuiteó este viernes Murphy en español.

En un 15º estado, Oregon, una ley similar fue aprobada en junio pero comenzará a regir en 2021. Otros proyectos legislativos están en curso en al menos seis estados más.

- ¿Una amenaza para la seguridad? -

Los defensores de la ley argumentan que miles de inmigrantes ya conducen sin permiso, arriesgando multas y la deportación.

Aseguran que la medida aumenta la seguridad vial, permite a los conductores tener un seguro y genera beneficios económicos para las ciudades que otorgan los permisos.

Pero en la era Trump, que tornó a la inmigración ilegal en su caballo de batalla, muchos republicanos están furiosos, entre ellos el jefe interino de la Patrulla Fronteriza (CBP), Mark Morgan.

La "ley de la luz verde", como ha sido apodada, "es perjudicial para la CBP y para la policía migratoria" porque bloquea su acceso a los archivos de la policía de tránsito y "crea una amenaza significativa para la seguridad pública", tuiteó Morgan el martes.

Otros opositores aseguran que alienta la inmigración ilegal y puede facilitar el fraude de identidad y electoral.

Pero la licencia para los indocumentados es más limitada que la entregada a residentes legales o ciudadanos: no les permite votar ni puede ser utilizada como documento de identidad para vuelos domésticos.

"Me opongo a esta legislación porque confiere privilegios a aquellos que violaron nuestras leyes a sabiendas", dijo el diputado estatal de Nueva Jersey Erik Peterson (republicano) al votar contra la ley.

En el estado de Nueva York, un puñado de secretarios de condados republicanos a cargo de los departamentos de vehículos desafiaron la decisión ante la justicia porque aseguran que no están preparados para verificar la autenticidad de documentos extranjeros, pero perdieron el caso y ahora deben aplicar la ley.

- "No es un lujo" -

Cientos de indocumentados hacen interminables filas cada día en Nueva York para tramitar su primera licencia.

"Ahora podré ir libremente y sin miedo al trabajo, a buscar a los niños a la escuela, a hacer mandados. Aquí un auto es una herramienta, no es un lujo", dijo a la AFP Noé, un obrero de la construcción que no quiso dar su apellido por temor a la policía, mientras aguardaba su turno en el departamento de vehículos de Brooklyn.

Este hondureño de 40 años contó que tiene un auto y conduce sin licencia. Ha recibido ya varias multas de 400 dólares.

Otro inmigrante en la fila, José Hernández, un repartidor de comida mexicano de 35 años, quiere obtener el permiso para poder dejar atrás la bicicleta y "conseguir un mejor trabajo" como conductor de taxi o Uber.

Seis horas al norte de Manhattan, Jiménez fantasea con viajar de vacaciones por primera vez en 15 años.

"Siempre he querido llevar a mis hijos a la playa, pasear libres de miedo".

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