Alemania protestó el jueves tras la imposición por Estados Unidos de sanciones contra empresas que colaboran con el gasoducto ruso Nord Stream 2, que Berlín considera crucial para su suministro pero que según sus detractores refuerza la influencia de Moscú en Europa.

Alemania justificaba hasta ahora el proyecto --que entra teóricamente en servicio a fin de año-- con argumentos económicos, pero ahora adopta una línea de defensa más política.

"La política energética europea se decide en Europa y no en Estados Unidos. Rechazamos por principio las intervenciones y las sanciones exteriores que tienen efectos extraterritoriales", afirmó en Twitter el ministro alemán de Exteriores, Heiko Maas.

Un responsable del partido socialdemócrata, aliado gubernamental de los conservadores de Angela Merkel, opinó por su lado que "Estados Unidos vuelve al Far West, donde solo se aplica la ley del más fuerte".

Nord Stream 2 debe permitir duplicar el suministro de gas natural ruso a Alemania, pasando bajo el mar Báltico pero eludiendo a Ucrania, lo que provocó el enojo de Washington --que desde hace meses amenaza a Europa con sanciones--, pero también de Kiev y países como Polonia, preocupados por las ambiciones rusas en Europa.

Según estos países, el gasoducto va a incrementar la dependencia de los europeos ante el gas ruso y reforzar la influencia de Moscú, debilitando a Ucrania, aliado de los occidentales y por cuyo territorio transitaba hasta ahora gran parte del gas ruso.

Rusia es el principal exportador de gas natural del mundo.

El gasoducto Nord Stream 2, que costó 9.500 millones de euros, está financiado en partes iguales entre el gigante ruso Gazprom y las compañías europeas Wintershall y Uniper (alemanas), Shell (angloholandesa), Engie (francesa) y OMV (austriaca).

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