"No hay una grieta entre los fósiles del poder y los jóvenes. Hay un cráter", dice Lyes, de 22 años, envuelta en la bandera argelina durante una marcha de estudiantes.

El rechazo masivo a la presidencial del 12 de diciembre en Argelia revela la brecha vertiginosa que separa a una juventud en el centro de las protestas, ávida de democracia y libertad, y un poder sordo que quiere regenerarse a través de ex simpatizantes del expresidente Abdelaziz Buteflika, de 82 años.

En Argelia más de la mitad de la población tiene menos de 30 años. Los responsables políticos, en cambio, son todos septuagenarios, como el jefe del estado mayor del ejército  Ahmed Gaid Salah, de 79 años, y el presidente interino Abdelkader Bensalah, de 78.

"Los dinosaurios" en el poder desde la independencia "nos han hecho sentir asco de la política", afirma Lyes, estudiante en geología en Argel, al reconocer que los jóvenes se interesaban muy poco en el tema antes del inicio en febrero del "Hirak", el movimiento popular de protesta.

Una prueba de esto es que la mayoría de sus compañeros no están siquiera inscritos en las listas electorales, dice.

A su alrededor, sus amigos asienten. Salen a la calle cada martes desde hace más de nueve meses para reclamar el final del "sistema" en el poder desde la independencia en 1962.

Cada movilización repite el ritual: banderas con los colores de Argelia -verde y blanco, con un estrella y una media luna rojas- que llevan como capa o atada alrededor de la cintura.

Con el objetivo de manifestar "el orgullo de ser argelinos", como lo explica Sumia, una estudiante de 22 años.

Sus reivindicaciones son una "nueva Argelia libre, democrática y social".

- "Las cosas cambiaron" -

Los responsables políticos se han vuelto blanco privilegiado de los cantos de los estudiantes durante las manifestaciones.

Cuando se les pregunta, los jóvenes argelinos aspiran a vivir más libremente, estudiar en buenas condiciones, encontrar un empleo que no sea precario, tener un poder adquisitivo decente, disfrutar de verdaderos entretenimientos en lugar de vegetar en la calle.

Pero esas aspiraciones son ignoradas, denuncian jóvenes consultados por la AFP, ya sean estudiantes, graduados con empleos precario o desempleados.

"Antes teníamos miedo de hablar y dar a conocer nuestra opinión, pero las cosas cambiaron desde el 'Hirak'", estima Hanya Assala Abdedaim, estudiante de 24 años.

- Conflicto generacional -

Nunca pareció tan grande la grieta entre una juventud que desea "otra Argelia" y una generación que se aferra al poder.

La transición pretendida en Argelia "no es solo una transición política, sino también una transición generacional", analiza la socióloga Nacer Djabi.

Pero si el conflicto generacional existe, algunos jóvenes estiman que las razones de la crisis actual no se reduzcan a ese solo parámetro.

Al constatar que todas las generaciones están presentes de manera masiva en las protestas, Mohamed Lamin Harhad, otro estudiante de 22 años, asegura no tener "problema con los 'viejos', sino con las viejas ideas".

Para este joven, es necesario tener un "nuevo sistema basado en la democracia para una Argelia que aliente a los jóvenes sin descuidar" a los ancianos "que tienen experiencia".

Una opinión que comparte Lamnauar Hamamuch, estudiante en sociología en Bejaya, al este de Argel, para quien "la brecha no es la diferencia de edad sino la visión de las cosas".

Lamnauar teme que la crisis se acentúe y los políticos en el poder se consoliden, pero está persuadido de que los jóvenes "no van a ceder".

Muchos de ellos esperan una abstención masiva en la presidencial el jueves.

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