HANOI, Vietnam (AP) — El secretario de defensa de Estados Unidos Mark Esper concluyó el jueves una gira por Asia con los mismos problemas en la península coreana que encontró a su arribo la semana pasada. Juntos, esos problemas representan un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos y el futuro de la alianza de Washington con Seúl.

El problema más difícil, y se puede decir el más significativo, es la negativa de Corea del Norte a reiniciar negociaciones con Washington sobre la eliminación de sus armas nucleares.

Esper no tiene un papel directo en la diplomacia nuclear, pero había esperado que su decisión de aplazar unas maniobras de vuelos militares con Corea del Sur _ que Corea del Norte había calificado de provocaciones _ alentase a Pyongyang a regresar a la mesa de negociaciones.

Al anunciar el aplazamiento en Tailandia la semana pasada, Esper lo calificó de acto de “buena voluntad” que no degradaría la presteza de combate de las fuerzas estadounidenses y surcoreanas. Pero el Norte rechazó inmediatamente el gesto, insistiendo en que Estados Unidos ponga fin a su “política hostil”, que considera la causa de las tensiones que llevaron Pyongyang a desarrollar armas nucleares.

El jueves, Esper les dijo a reporteros en Hanoi que estaba decepcionado por la respuesta negativa de Corea del Norte.

“Pero no lamento haber tomado el mejor camino y mantenido abierta la puerta a la diplomacia”, dijo.

El problema parece ser ahora que los estadounidenses no tienen la menor idea de qué quiere el Norte de Washington para poner fin al impasse diplomático. En juego está la posibilidad de un regreso a las tensiones que no hace mucho empujaron a las dos partes hacia una guerra.

Bruce Bennett, un analista de Corea del Norte para la RAND Corp., un centro de estudio con fondos federales, ve una peligrosa desconexión diplomática.

“Corea del Norte no ha estado dispuesta a explicar lo que significa el fin de ‘la política hostil estadounidense’ aparte de decir que Estados Unidos no debe seguir tratando a Corea del Norte como un enemigo”, dijo Bennett esta semana en un correo electrónico.

Bennett piensa que es posible que Pyongyang solamente se sienta satisfecho con la retirada de los 28.500 soldados estadounidenses de Corea del Sur y la disolución de la alianza militar Washington-Seúl que emergió de la guerra de Corea de 1950-1953.

Complicando los esfuerzos está una fisura entre Estados Unidos y Corea del Sur creada por demandas del presidente Donald Trump de que Seúl aumente por cinco lo que paga para mantener a los soldados estadounidenses en el país.