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"Mi hija fue víctima de las redes sociales", aseguró Mónica Cid, la madre de Micaela Ortega -12 años-, la joven asesinada en Bahía Blanca por Jonathan Luna -26 años-, quien admitió haberla matado por negarse a tener relaciones sexuales. El vínculo entre ambos había comenzado por Facebook. El homicidio reviste la categoría de delito de "grooming", una nueva forma de acoso asociado a las plataformas digitales modernas.

Conductas o comportamientos operados online por personas mayores en pos de seducir a niños, adolescentes o menores a través de un identidad adulterada. El plan es causar empatía, fingir simpatía, ejecutar buenos modos, brindar contención emocional. La finalidad es pactar un encuentro y materializar un abuso sexual. El "grooming" es la práctica de este cometido: proviene del verbo inglés "groom", que entre sus diversas definiciones engloba técnicas de "preparación o acercamiento para un fin determinado".

Internet ofrece un hábitat fértil para el desarrollo de este delito. Los "groomers", los adultos que ejecutan estas prácticas de ciber-acoso, usufructúan las redes sociales para entrar en contacto con sus potenciales víctimas. Mediante perfiles apócrifos o falsificados ganan la confianza de niños o niñas que experimentan sus primeros contactos con las plataformas digitales de información y vínculo social. Por Facebook, por Twitter, por Instagram, por páginas de chats, empiezan a tejer una relación ficticia que paulatinamente va adquiriendo mayor intensidad.

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A través de acabados mecanismos de seducción, propone el intercambio de material comprometedor y privado de contenido sexual o erótico que luego será utilizado a modo de chantaje y extorsión. El propósito final es extrapolar esa relación virtual a un encuentro real para concretar un acto de acoso moral, una violación, un asesinato.

Luna tenía varios perfiles con nombres falsos distribuidos en distintas redes sociales, tal como detalló la abogada de la familia de Micaela, Fernanda Petersen. Utilizó uno de una nena de la misma edad para acercarse a su víctima. Y aunque luego le revelara su verdadera identidad, el contacto se sostuvo hasta el día en que se encontraron por primera vez.

El crimen de la niña de 12 años es una demostración cabal de los riesgos del "grooming", que se sustenta en las complacencias que otorga internet: fácil accesibilidad, anonimato en los delincuentes e inocencia en los menores. El proceso de engaño estudiado requiere tiempo y diálogo constante en procura del fortalecimiento de una relación virtual. La viralización de las redes sociales concede el escenario ideal para llevar a cabo este tipo de delito.

En 2010 se difundió el primer caso con repercusión en Argentina. El abusador de 26 años se hizo pasar por un estudiante de cocina profesional para seducir a una niña de 14 años mediante Facebook. El hombre fue detenido en el barrio porteño de Floresta luego de haber sido acusado de violación. En abril de 2016, una madre usó de señuelo a su hija para atrapar a un policía bonaerense de 28 años que se hacía pasar por un niño de 13 que le enviaba mensajes a la menor con contenido sexual por celular y por Facebook. El delito no es exclusivo del país: también ha sido reconocido en Estados Unidos, Australia, Alemania, Inglaterra, entre otros.

"Grooming" es una palabra en inglés que alude a técnicas de "acercamiento o preparación para un fin determinado"

En noviembre de 2013, el Senado convirtió en ley la incorporación al Código Penal del "grooming". El proyecto establece que será reprimido con prisión de entre seis meses y cuatro años de prisión, a quien a través de cualquier medio electrónico le requiera a un menor que realice actividades sexuales explícitas o actos con connotación sexual o le solicite imágenes de sí mismo con contenido sexual.

Los especialistas sugieren atender los riesgos del fenómeno "grooming", que acompaña el crecimiento de las redes sociales en la vida de los jóvenes. Hay quienes explican que no son nuevos delitos, sino que se trata de la adaptabilidad a los tiempos modernos de antiguas formas de abuso de menores que se aprovechan de las utilidades de la Red. Diversas organizaciones sociales proponen reforzar medidas de prevención y concientización, y recomiendan a los adultos estar cerca de los niños para no dejarlos sufrir estos tipos de abusos. Entre los consejos útiles, es importante no difundir información ni imágenes comprometedoras a desconocidos o potenciales "groomers".