En la tercera edición de los Juegos Olímpicos organizados por San Luis en 1904 se instaló la controvertida iniciativa de realizar una feria antropológica con los deportistas extranjeros. Fue uno de los factores por los que el Barón Pierre de Coubertin se negó a viajar a Estados Unidos, sumado al extenso calendario en el que se desarrolló el evento (del primero de julio al 23 de noviembre en el marco de la Feria Mundial).

Si bien de los 650 atletas que participaron del evento, sólo el 10% perteneció a otros países, los aspirantes a las medallas debieron sufrir las humillantes caracterizaciones de sus pueblos originarios para captar una mayor atención del público.

Así, descendientes de aborígenes africanos y americanos, junto con chinos, moros y sirios le dieron vida a los Anthropological days con sus respectivos atuendos, donde se vieron obligados a ingerir monos y otros animales exóticos. También debieron de participar de pruebas relacionadas al lanzamiento de peso y otras situaciones ridículas. El ejemplo de ello fue una lucha entre un gigante negro ante dos pigmeos que cautivó a los espectadores. Según el francés que presidía el COI por aquellos años, se trató de "un hecho ultrajante propio de un país joven".

Uno de los casos más resonantes fue el que protagonizó Len Tau, quien llegó a Norteamérica con el orgullo de ser uno de los primeros representantes de África junto a Jan Mashiani. Los veloces jóvenes de la Universidad de Free State de Sudáfrica debieron vestirse con plumas y harapos para emular a zulúes antes de ingresar al maratón. Además de la farsa implementada por los organizadores, Len Tau debió lidiar con las trampas locales, dado que en las instancias decisivas de la carrera de 40 kilómetros debió escapar de un perro rabioso en el momento que lideraba la grilla. Cuando estaba cerca de la meta y se perfilaba como candidato a quedarse con el oro, un can se atravesó en su camino y el sudafricano debió esconderse en un sembradío de maíz para evadir al animal. Esa pérdida de tiempo lo marginó al noveno lugar y le permitió a Thomas Hicks subirse a lo más alto del podio.

El británico que representó a EE.UU. consiguió la gloria gracias a la colaboración de su supuesto entrenador, quien le inyectó en dos ocasiones un alcaloide estimulante del sistema nervioso central, llamado estricnina, que puede provocar convulsiones, fallos respiratorios y muerte cerebral.

A pesar de la denuncia de los testigos, Hicks fue legitimado como campeón, aunque después de su participación sufrió alucinaciones y desmayos a causa del fármaco. Fue lo que impulsó al COI a empezar a tomar los primeros recaudos en contra del dóping.

No fue el único hecho ilícito que se produjo en esa disciplina, ya que otro norteamericano llamado Frederick Lorz se subió a un auto que acompañaba la prueba a modo de exhibición. Como gran parte del trayecto lo hizo a bordo de un Ford, el atleta local fue el primero llegar a la meta, donde festejó junto al presidente Theodore Roosvelt. Sin embargo, su alegría se desvaneció cuando los jueces lo descalificaron del certamen por su patraña.

Finalmente, en el maratón también estuvo presente Félix "Andarín" Carvajal, un carismático cubano que llegó a San Luis por la ayuda de los improvisados amigos que fue haciendo desde su salida de La Habana.

Luego de cruzar el Golfo de México, el deportista gastó todos sus ahorros en mujeres, alcohol y timba. Tal es así que recorrió a pie y a dedo los 1100 kilómetros que separan Nueva Orleans de la ciudad anfitriona.

Sin dinero, ni zapatos en condiciones para la carrera, el fondista se presentó en el campus de la Washington University, donde fue asistido por un grupo de pesistas que lo acobijaron. Además de alimentarlo y brindarle una cama donde dormir, le regalaron un par de camisas, un pantalón y unas botas.

A pesar de no tener la indumentaria adecuada, Carvajal pudo realizar la prueba, pero su actuación no fue la esperada: cuando transcurría la mitad del camino se encontró con unos manzanos que lo tentaron a parar para comer. Sin embargo, las frutas no estaban maduras y una descompostura lo obligó a detener su marcha. A pesar del infortunio, "Andarín" culminó cuarto, a diez minutos de Arthur Newton, quien se subió al tercer escalón del podio.