¿Con pelea o sin pelea? es la pregunta obligada que Joaquín y Lucía Galán hacen al finalizar el show. El público explota y siempre la respuesta es: "Con pelea". Eso pasó ayer, se repetirá esta noche en el Luna Park y el 28 en el estadio Orfeo de Córdoba con un espectáculo totalmente renovado, visual y lleno de interacción con el público: "Cuando subimos al escenario nos gusta poner todo, no sabemos hacer las cosas a medias", dice Joaquín, y se nota.

— Son casi terapéuticos los shows ¿no?

— LG: Sí, sobre todo las mujeres, que se posesionan y hacen una especie de catarsis. Algunas se emocionan, se ponen a llorar, otras se divierten, otras se lo toman como algo terapéutico. Nosotros simplemente largamos esta especie de juego, esta mini telenovela de tres o cuatro minutos donde se fusiona la música con el teatro e interpretamos cada una de las historias. Después es el público el que la recibe como mejor le convenga o como pueda.

— Su nuevo trabajo se llama Son todos iguales. ¿Es así? ¿Son todos iguales?

— LG: Gracias a Dios no... Son la mayoría, el prototipo, pero dentro de todo no son todos iguales, hay algunos mejores y otros peores.

— JG: Son mundos distintos, el hombre es mucho más pragmático, se puede concentrar en una sola cosa al mismo tiempo; la mujer puede estar mirando televisión, hamacando al nene, cocinando, hablando por teléfono con la amiga y le sale todo bien. Si nosotros hiciéramos eso, se nos quemaría la cocina, el nene se nos caería al piso y pasarían un montón de cosas.

"No soy el malo, soy muy bueno, siempre le doy el mejor lugar a las mujeres como autor"

— ¿Y en qué te parece que nosotras somos iguales?

— JG: Están todo el día pensando. Nosotros cuando decimos algo simplemente decimos lo que estamos diciendo, la mujer lo interpreta y ahí está el problema. Somos más básicos de lo que parecemos, aunque yo sé que parecemos muchas veces muy básicos, pero lo que decimos es lo que hay, no hay segundas lecturas. En cambio la mujer siempre trata, inconscientemente, de encontrar una explicación. Con algo que a lo mejor pasó hace un mes se quedaron colgadas en la palmera y nosotros ya no sabemos ni de qué nos hablan. Si estamos viendo un partido estamos viendo un partido, no estamos viendo el partido y al mismo tiempo pensando en algún problema que esté sucediendo.

— A vos en las canciones te toca ser el malo ¿te gusta ese lugar?

— JG: No soy el malo, soy muy bueno, siempre le doy el mejor lugar a las mujeres como autor, siempre son las heroínas, las que ganan y yo termino pidiendo perdón. Representamos un poco el arquetipo del hombre y la mujer latino, argentino, hispano, donde el hombre se está tratando de adaptar a esta nueva mujer potente, independiente, fuerte, pero la esencia nos vence, esa cosa de dejarnos llevar por el instinto y luego pagar las consecuencias.

"El hombre es machista porque la mujer lo permite"

— ¿Somos muy machistas los argentinos?

— LG: El latino es bastante machista, sí, el hispano. Hay países que pueden llegar a serlo un poco más, México, Colombia. Pero el hombre es machista porque la mujer lo permite. Hay que ver qué es lo que le pasa a esa mujer que sigue siendo sumisa, que sigue agachando la cabeza y que se deja maltratar, abusar o menospreciar o cree todo lo malo de ella que le cuenta el hombre. Si la mujer no se lo permitiera iría para otro lado y aprendería a estar sola, que es en definitiva lo que se hace habitualmente. Cuando tenes una relación tóxica, si la permitís, algo te pasa a vos también. Pero sí, todavía queda un vestigio de machismo, sí.

— Lograron no perder su esencia y adaptarse a cómo la sociedad evolucionó ¿Era necesario?

— LG: Sí. No hubiera servido estancarse en los 80 porque "Olvídame y pega la vuelta" haya funcionado y girar alrededor de eso. No hubiéramos durado tanto. Fuimos creciendo con nuestro público, hemos ido creciendo como personas, como hombre, como mujer, como ciudadanos, como individuos, y eso se ve reflejado en nuestro trabajo. Por ahí las cosas que me enojaban como mujer en los 80 ahora ya no me enojan y me enojan otras que antes ni las tenía en cuenta, o al revés. Hace muchos años, Joaquín compuso una canción que habla de la violencia de género, "Cuéntale al mundo". Hemos cantado el matrimonio igualitario. Hemos cantado a las leyes en contra de los latinos indocumentados en Estados Unidos. Es estar atento a las cosas que pasan, no solamente como pareja sino que también en la vida.

— ¿Hay una responsabilidad como artistas de transmitir estas cuestiones en las que uno cree?

— LG: Depende de cada uno. El artista tiene que entretener y tiene que sacar a la gente en esas dos horas que dura un espectáculo de su problemática y llevarla a un mundo de fantasía, a que se divierta, baile y haga catarsis, que se apasione, se emocione. Después está en cada artista qué hace con esas cosas que le afectan de la realidad. Nosotros hemos cantado estas canciones no porque creamos que el artista tiene que ser el bastión para llamar a reflexionar y a bajar línea; simplemente nos emocionan historias, nos tocan, nos llegan, y las interpretamos. No desde un lugar tan omnipotente de creer que esa canción va a poder modificar algo. Ojalá que sí lo pueda modificar pero no depende de nosotros, depende de otra gente mucho más arriba.

— JG: No lo sentimos como una obligación, lo sentimos como una necesidad. Cuando vemos lo que pasa en la televisión nos pasa lo mismo a nosotros que al resto de la gente, nos conmueve; y de pronto sí tenemos la necesidad de ponerlo en una historia. El matrimonio igualitario, el poder aceptar aquello que uno no entiende, romper el prejuicio, tratar de entender que todos tenemos derecho a ser libres, a pensar y a sentir como querramos. Cuando lo expresamos no es para tratar de dar un mensaje de que esto tiene que ser así porque yo lo digo, sino es meterlo dentro de una historia y hacer que la gente que está sufriendo eso se identifique y a lo mejor lo pueda modificar. Pero no con la omnipotencia de que es nuestra responsabilidad; la responsabilidad del artista es ser auténtico, nada más.

"Cuando llevan a un país a pensar y a involucrarse tanto en la política es que los políticos están haciendo algo mal"

— Hoy de la realidad, de lo que estamos viviendo ¿a qué le escribirías?

— JG: Le escribiría a la fe, a la esperanza y a la unión. Haría una canción donde aprendamos a aceptar al que no piensa como nosotros, a tratar de desandar este camino de dos mundos que se ha llevado a cabo en estos últimos 12 años. A entender que podemos pensar distinto pero que vivimos en un mismo país. La gente no quiere estar pensando en la política, no tenemos obligación de estar pensando en la política. Nuestra obligación es estar pensando en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestros hijos, en disfrutar. Cuando llevan a un país a pensar y a involucrarse tanto en la política es que los políticos están haciendo algo mal. Entonces sí haría una canción para cantarles a ellos, para decirles que sean más discretos, que hagan las cosas que tienen que hacer porque nosotros los votamos y son nuestros empleados, no nosotros sus rehenes. Que dejen de convertirse tanto en el centro de la cuestión, que sean más discretos en lo que hacen y más efectivos, para que los argentinos podamos pensar en el futuro y vivir en paz juntos, con progreso, con trabajo y no tener que estar tan pendientes de todo lo que los políticos hacen.

— LG: Una canción larga, duraría como...

— JG: Una canción larga, ahora le pongo música, si hay una guitarra te la grabo ya. Pero bueno, tocaste un tema que me interesa mucho y que me da mucha bronca. Hablar tanto de eso, nos decía Borges, es como que estuviéramos hablando todo el día de los buzos, de los hombres rana ¿Por qué hay que hablar todo el día de esto? Por qué hay que estar tan invadidos de todas esas informaciones; porque obviamente hay varias generaciones que no lo están haciendo bien.

"Somos y seguiremos siendo amigos de Daniel (Scioli), pero él sabe perfectamente cómo pensamos"

— Es muy importante esa unión a la que convocás. Ustedes, públicamente han apoyado a Daniel Scioli como candidato y tienen una historia de trabajo y de amistad en común. Pueden de todas formas desear que al otro le vaya bien, y querer lo mejor para el país.

— LG: Por supuesto, nosotros somos amigos de Daniel hace 25 años y seguiremos siendo amigos. Lo que nosotros apostábamos era por el proyecto que Daniel tenía en su mente y en su corazón y después respetamos su decisión de seguir involucrado en un proyecto con el que nosotros no comulgábamos ni nos identificábamos. Siempre hemos sido muy claros en eso, hemos estado al lado de Daniel apoyando lo que pensábamos que era la decisión que él iba a tomar. Después por equis circunstancia tomó otra, es aceptable, es respetable, no era la nuestra. Él sabía, porque lo sabe perfectamente, cómo pensamos, y vamos a seguir siendo amigos toda la vida como lo hemos acompañado en estos cambios de su profesión, de su trayectoria política y él a nosotros. Pero principalmente somos ciudadanos argentinos, yo quiero que mi hija, que estudia psicología, tenga clases. Quiero un país con cultura. Quiero que cada vez haya menos hogares de chicos, no tener que celebrar 20 años como si fuera algo maravilloso, por un lado sí es maravilloso porque nos hemos roto el traste con este Hogar Pimpinela desde hace 20 años pero por otro lado me indigna, me da vergüenza y me da pudor que sigan existiendo.

— Cuántos chicos viven hoy en el hogar.

— LG: Siempre hay 25 como máximo pero ya han pasado más de 350, 400, con historias tremendas y con casos maravillosos que han pasado a vivir con sus familias adoptivas. Pero por otro lado vemos familias que hace años, años, años y años que esperan, jueces a los que no les importa un carajo, que están sentados atrás de un escritorio y no hacen absolutamente nada pudiendo hacerlo; otros que sí, que hacen lo imposible con lo poco que tienen. Hay un momento cuando llegas a casa y decís: "Guau, que día largo". Eso hemos hecho siempre, en nuestra profesión y en lo que encaramos, involucrarnos y poner el cuerpo, que es la única manera que conocemos.

"Se cumplen 20 años de lucha cotidiana con los juzgados de menores y con tanta desidia"

— Más allá de que no sea una obligación, ustedes pusieron el cuerpo y están con los chicos día a día.

— JG: Sí, sí, sobre todo Lucía que es la que lleva adelante el hogar. Se cumplen 20 años de la lucha cotidiana con los juzgados de menores y con tanta desidia que te encontrás cuando hay tanta gente que quiere adoptar un chico y te encontrás con tantas trabas de burocracia porque, lo de siempre, la frase hecha pero es así, "los chicos no votan", con lo cual su presencia nunca obliga a nadie a tomar medidas importantes. Se han hecho cosas, como la Ley de Adopción, los Derechos del Niño, pero sería fantástico que...

— LG: Que se cumplan sí.

— JG: Claro, sería fantástico que se cumplan y que haya más gente dedicada a ellos. Es tremendo, porque ellos y la gente mayor son los más dejados de lado cuando ellos van a ser nosotros en el futuro. La gente mayor ya lo fue y tiene que tener como mínimo la dignidad de poder vivir dignamente de su jubilación. Es realmente una deuda enorme que tiene nuestro país, llámese el gobierno que se llame. Que se los utilice simplemente como un speech, como un discurso demagógico y como "mirá qué bondad lo que les estoy dando" cuando en realidad están en su derecho los abuelos de recibir lo que tienen porque han trabajado toda la vida para tener eso. Si no están ayudados por sus hijos o se juntan entre ellos no podrían vivir. Hay muchas deudas acumuladas acá que te dan bronca.

— Cambiando totalmente de tema ¿Los puedo llegar a ver como pareja en Showmatch algún año?

— LG: Nada más lejos de la posibilidad remota, no. Todos los años el Chato y Hoppe me lo plantean, me encanta, hemos trabajado en Ideas del Sur mucho tiempo, es un programa que nos divierte, pero no. Él tuvo propuesta este año de bailar, lo han llamado...

"Me encanta el programa (Showmatch), me divierte, pero tengo sentido del ridículo"

— JG: Me puse el tutú y como soy un poco chueco, no me quedaba bien la calza...

— LG: Para el adagio.

—JG: Para el adagio. Entonces me dije mejor el adagio yo no. Y el acquadance nado más o menos, chapoteando no. No, yo agradezco el chiste que me han hecho, me lo han propuesto pero no. Me encanta el programa, me divierte...

— LG: Hay muchos que aceptaron que todavía estamos así (Gesto de asombro).

— JG: Sí, pero yo tengo sentido del ridículo.

— Va Alejandro Lerner este año, por eso me atreví a preguntarles si lo evaluarían.

— JG: Cualquier comentario que se parezca a la realidad es pura casualidad (risas). No, a Alejandro lo queremos mucho y te aseguro que cuando él baile yo voy a prender el televisor.

— LG: Es capaz de cerrar la boca, la mandíbula. Lo queremos mucho a Ale, compartimos todo el año pasado en Laten corazones y por eso cuando supimos que aceptó nos quedamos los dos como tildados porque no nos coincidía mucho, pero es una buena causa.

— ¿De qué sienten que los salvó la música?

— LG: Nos salvó quizás de muchas frustraciones como quizás tanta gente tiene por tener su vocación guardada, y trabajar de otra cosa. Nos salvó de ser tristes. Nos salvó de vivir angustiados. Nos salvó de querer por ahí darnos algunos privilegios y no poder. Creo que fue una gran aliada nuestra y nos permitió ser quienes somos, sí.