EFE 163
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Al grito de "¡Golpistas, fascistas!", cientos de brasileños se movilizaron este domingo frente al palacio presidencia de Brasilia, para exigir el regreso de Dilma Rousseff y manifestar su repudio al presidente interino Michel Temer.

Los protestantes repetían una y otra vez la consigna: "¡Vuelve querida!". La explanada se vio cubierta por banderas de Brasil y del Partido de los Trabajadores (PT).

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Rousseff fue apartada del cargo la semana pasada por un plazo de 180 días, en el que será sometida a juicio político por el Senado, luego de ser acusada de maquillar las cuentas públicas. En caso de ser juzgada, será destituida de la presidencia.

"Creemos en Dilma, la queremos de vuelta. Haremos de todo para que esas ratas salgan", manifestó a la agencia AFP Elaine Ruas, una promotora cultural de 57 años. "No se pueden mandar 54 millones de votos a la basura para que estos bandidos tomen el poder", agregó Vanderson Silva, un profesor de 32 años.

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Temer asumió el poder el jueves pasado con un gabinete conformado sólo por hombres blancos, ricos, conservadores y algunos con casos en la justicia, lo que ha despertado fuertes críticas.

"¡Golpista, Temer, cómo es eso de un ministerio de bandidos y sin mujeres!", se escuchó entre las consignas de repudio al mandatario interino.

 AFP 163
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Los manifestantes se concentraron en el medio de la plaza de los Tres Poderes, entre el palacio presidencial de Planalto, el Congreso y la Corte Suprema. Llegaron a bloquear el escaso tránsito por unos minutos.

Otras protestas fueron convocadas en ciudades como San Pablo y Rio de Janeiro.

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"Brasilia no es un parámetro de referencia, pero creo que en otras ciudades la presión popular será mayor, no podemos permitir que este gobierno acabe con los logros sociales, y ya están dando muestras de que es eso lo que quieren hacer, eliminando el ministerio de Cultura, de igualdad racial. ¿Qué dice eso?", afirmó Felix Valente, de 70 años.

Valente y su esposa, Suzana Brainer, se preparan para abandonar Brasilia en los próximos días y volver a su casa en el noreste del país. Ella renunció a un cargo en el ministerio de Educación y él a una empresa contratista del Estado.

"Nos negamos a trabajar para este gobierno", indicó Brainer.

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