Por qué la muerte de Mustafá Bradeddine representa la mayor pérdida de Hezbollah en Siria

Mustafa Badredinne, comandante militar de Hezbollah, supervisaba los combates contra rebeldes y extremistas en Siria AP 163
Mustafa Badredinne, comandante militar de Hezbollah, supervisaba los combates contra rebeldes y extremistas en Siria AP 163

Este viernes 13 de mayo, Hezbollah confirmó la muerte de su más prominente figura militar, Mustafá Badreddine, en una explosión en Damasco el martes por la noche. Teniendo en cuenta el papel de Badreddine como jefe de la organización de seguridad externa del grupo terrorista y sus fuerzas en Siria, su muerte representa la mayor pérdida de Hezbollah desde el asesinato del ex "jefe de personal" Imad Mughniyah en 2008. Los dos hombres se conocían muy bien –eran primos– y dirigieron las actividades militares de Hezbollah durante años.

Badreddine (también conocido como "Zulfiqar") tenía una larga historia en las filas de la organización, que data de la década de 1980, cuando participó en una serie de ataques terroristas en el Líbano dirigidas a las embajadas de Estados Unidos y Kuwait, al cuartel de la Marina y otros sitios. Después de su fuga de la prisión de Kuwait durante la ocupación iraquí en la década de 1990, regresó al Líbano y rápidamente se sumó a las filas de Hezbollah, donde ayudó al grupo a establecer algunas de sus unidades más notorias. Un compañero de operaciones incluso lo describió como "más peligroso" que Mughniyah, su "maestro en el terrorismo", según un informe de la organización The Washington Institute.

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En 2008, luego que Mughniyah muriera en una explosión en Damasco, Badreddine fue ascendido a jefe de operaciones de Hezbollah, incluidos los ataques en el extranjero. Sin embargo, permaneció como una figura oscura en el Líbano hasta 2011, cuando un tribunal lo acusó de ser culpable del asesinato del ex primer ministro Rafiq Hariri. Ese mismo año, Badreddine fue definido como uno de los pilares militares del grupo, cuando recibió la cartera de Siria.

De acuerdo con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que le impuso sanciones por diversas actividades, su ascenso de categoría dentro de Hezbollah le permitió asistir a reuniones entre el líder del grupo terrorista, Hassan Nasrallah, y el dictador sirio Bashar al Assad, coordinar el despliegue de combatientes en Siria y planificar algunas de las operaciones en la guerra civil.

Ese poder le trajo muchos enemigos a Badreddine, al punto que ahora está en cuestión saber quién lo mató. Cada vez que un alto mando de Hezbollah muere de forma misteriosa, el sospechoso habitual es Israel y esta vez no es una excepción –algunos informes ya están indicando que podría estar detrás del incidente–. Es cierto que muchas autoridades israelíes estarían contentas de ver a Badreddine fuera del mapa. Sin embargo, dada su importancia, también es cierto que una maniobra así debe pensarse muy bien antes de tomar la decisión de llevarla a cabo, ya que el riesgo de escalada crece después de un asesinato de alto perfil, incluso cuando se lleva a cabo de forma encubierta. Y las autoridades israelíes no quieren una escalada en el frente norte en estos momentos.


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Los grupos rebeldes en Siria también son posibles sospechosos. El papel de Badreddine en ese país lo convirtió en un objetivo de alto valor para ellos, ya que Hezbollah es responsable de la muerte de miles de sirios.

Otros menos probables son los gobiernos del Golfo que apoyan a la rebelión contra Assad, que estarían encantados por la muerte de Badreddine pero tienen poca capacidad de ejecutar una operación de este tipo en Damasco.

Incluso la propia cúpula de Hezbollah es sospechosa, dados los rumores sobre los malos resultados de Badreddine, la inestabilidad y la impetuosidad en los últimos años. Si los líderes del grupo querían apartarlo y creían que iba a resistirse, pueden haber decidido que la ejecución era necesaria.

Independientemente de quién está detrás de la muerte, la conclusión es que el fallecimiento de Badreddine es un golpe significativo a Hezbollah. Ahora, el grupo tendrá que designar a otro miembro de alto nivel para supervisar las operaciones en Siria –una persona con vasta experiencia militar y profundo conocimiento del escenario sirio–. Dos reemplazos posibles son Ibrahim Aqil y Fuad Shukr, ya que ambos integran el máximo órgano militar de Hezbollah (el Consejo yihadista) y ya están involucrados en la guerra siria.

El incidente es también un gran golpe para la imagen del grupo como intocable. Si Badreddine pudo morir en Siria, ningún comandante de Hezbollah está seguro allí.

De cara al futuro, lo crucial que tener en cuenta es a quién culpará Hezbollah por la muerte, ya que atribuir la responsabilidad públicamente lo obligaría a tomar represalias. Por ahora, aparentemente, el grupo ha ordenado a sus cuadros que dejen de especular sobre el culpable, pero sin dudas están investigando lo que pasó para que Nasrallah finalmente tenga alguien a quién culpar y demostrar a sus seguidores en el Líbano que el grupo no dará marcha atrás. Si Hezbollah culpa a Israel, es seguro asumir que habrá una reacción militar, lo que significa que los israelíes entrarán en un largo período de máxima alerta en su frontera norte y en el extranjero.

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