AP 163
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La esperanza de que Temer reduzca los subsidios estatales y restaure la confianza en la novena mayor economía del mundo ha provocado un alza en las acciones brasileñas, y los economistas ya comenzaron a elevar las previsiones de crecimiento para este año y para 2017.

Brasil, que fue uno de los mercados emergentes preferidos, verá una contracción del 3,9% de su producto interior bruto (PIB) en 2016 y sólo crecerá un 0,5% durante 2017, según el promedio de las previsiones de unos 100 economistas consultados la semana pasada por el Banco Central del gigante sudamericano.

Si bien es poco consuelo para un país que sufre un aumento del desempleo, un declive del gasto de consumo y una inflación de casi el 10%, ésta es la primera vez en casi un año en que mejoran las proyecciones de crecimiento.

Orquestar un cambio será una tarea de enormes proporciones para Temer. A sus 75 años, el líder del partido más grande de Brasil ha relevado a la presidente Dilma Rousseff, quien será sometida a un juicio político por violar las reglas presupuestarias.

 AFP 163
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La pérdida de empleo sigue aumentando a un ritmo histórico y algunos economistas advierten de que el mercado bursátil –que ha subido cerca de un 40% en términos de dólares en 2016– refleja las ilusiones de los inversionistas después de años de intervencionismo bajo el gobierno de Rousseff.

Pese a todo, han empezado a aparecer señales de que la recesión se está frenando. Con una caída de la producción económica en un 7% desde 2014, las compañías se han desprendido de su exceso de inventarios y los costos laborales han bajado, reduciendo la inflación.

La confianza de los consumidores y empresarios, aún en mínimos históricos, ha mostrado señales de estabilizarse.

"Las cosas han dejado de empeorar", dijo Walter Cover, presidente de Abramat, una asociación de empresas de materiales de construcción, luego de reportar una caída del 10% en las ventas de abril con respecto al mismo período de 2015.

 Gentileza O Globo 163
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Una fuerte devaluación de la moneda brasileña, el real, en el último año ha ayudado a reducir la competencia extranjera y los fabricantes comienzan a respirar tras dos años de dolor.

El déficit de cuenta corriente de Brasil, una medida de la vulnerabilidad del país a las crisis globales, se redujo en un 70% en el primer trimestre en comparación con igual lapso del año anterior por una caída de las importaciones.

Pero aún se prevé que la economía se contraiga por segundo año consecutivo en 2016, en la que sería la peor recesión en más de un siglo. Esto ocurre tras una década de prosperidad que sacó de la pobreza a casi 30 millones de personas, según el Banco Mundial.

En febrero, un sondeo de la agencia de noticias Reuters mostró que analistas esperan que la economía de Brasil vuelva a su tamaño previo a la crisis recién en 2019.

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"Oportunidad dorada"

Temer planea moverse rápido tras la suspensión de Rousseff, proponiendo cambios al costoso sistema de pensiones y al complejo código tributario, dijeron sus asesores. Y también buscará la privatización de compañías estatales.

"Una nueva administración con Michel Temer tiene una oportunidad dorada para provocar un giro en la economía brasileña", dijo Marcelo Carvalho, economista jefe de BNP Paribas para América Latina, quien elevó su previsión de crecimiento para 2017 del 0 al 2 por ciento.

Las expectativas de que Temer tenga éxito en la aprobación de las reformas son fundamentales para el pronóstico de Carvalho. Otros son menos optimistas, ya que muchos de los cambios propuestos son impopulares y necesitarán la aprobación de un Congreso fragmentado.

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Los economistas también advierten de que la economía, sofocada por los altos impuestos y la burocracia, no será capaz de crecer mucho más rápido sin reformas. La tasa de crecimiento potencial de Brasil ha caído a sólo el 1,5% al año, bastante baja para un país de ingresos medios, según el economista de Nomura Joao Pedro Ribeiro.

Fitch degradó la semana pasada la calificación crediticia de Brasil aún más dentro del territorio basura, en un recordatorio de la complicada tarea a la que se enfrenta Temer, quien hasta hace poco era un desconocido para la mayoría de los brasileños.

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