Indagado la semana pasada por el doctor Hernán López, a cargo del Juzgado de Instrucción Nº1, Dante Josué Ramos Gutiérrez, de forma algo obvia, negó todo. Sin embargo, ante el juez, pidió encarecidamente una sola cosa: que no lo manden preso al penal de Marcos Paz, que ahí puede terminar muerto, que tiene enemigos. Se le concedió su deseo; hoy está alojado en Ezeiza, mientras enfrenta serias chances de ser procesado con prisión preventiva bajo la firma de López. Si esos enemigos son suyos o de supuesto padre, Dante Josué no lo quiso decir.

En el Barrio Ferroviario de la Villa 31 bis, el joven de 21 años no parecía ser más que un simple picante con nada que lo destaque del resto, quizás algo bocón. Ni siquiera era un profesional del delito. Con domicilio en un conventillo frecuentado por peruanos en Villa Luro, reconoció algo que sería una vergüenza para cualquier delincuente con dignidad: trabajar como repartidor de gaseosas con un sueldo de cinco mil pesos por mes. Apenas tenía una causa previa por encubrimiento agravado, otra por portación de arma en el fuero correccional y un robo a su nombre de poca envergadura, con ninguna condena.

Pero, en la lógica extraña de los pasillos de la 31 bis, anunciarse como el hijo del transa quizás le servía de algo. En el Barrio Ferroviario, testigos señalaron su hábito de alardear sobre su supuesto padre, uno de los nombres más trágicos en la historia narco de las villas porteñas: Alionzo Rutilio Mariños, alias "Ruti", ex aliado devenido en enemigo mortal de "Marcos" Estrada González en la Villa 1-11-14, condenado a ocho años de cárcel por la masacre de la procesión del Señor de los Milagros en 2008, su intento de recuperar el dominio de la villa del Bajo Flores que terminó con cinco muertos, incluido un bebé de ocho meses.

La 31 bis, con el Barrio Ferroviario como epicentro, fue su nueva expansión territorial, con lugartenientes como su sobrino Richard Ramos Noa, alias "Choclito", en un desembarco investigado por fiscales como Carlos Rívolo y Mónica Cuñarro. Hoy, por su actividad en la 31 bis, "Ruti" es buscado por el juez Sergio Torres, con un pedido de captura vigente y todas las instancias judiciales agotadas. Está en Perú, según él mismo, viviendo como zapatero remendón: el juez Axel López lo benefició con la figura de extrañamiento el año pasado al cumplir la mitad de su condena.

Sin embargo, Dante Josué no quedó preso y a disposición del juez López por un ataque sicario a las órdenes de Mariños o venderle kilos de droga a adictos zombie entre paredes sin revoque: cayó por algo más sencillo e igualmente trágico.

Cuando fue sorprendido el miércoles 19 de este mes en la manzana 7 del asentamiento de Retiro junto a un cómplice que llevaba nueve bolsas de cocaína y tres piedras de paco, el personal de Brigada de la Comisaría Nº46 se encontró al ingresar sus datos con un pedido de captura vigente: el juez López lo buscaba como presunto co-autor de un homicidio ocurrido a los veinte minutos del Año Nuevo, en una causa que investigó meticulosamente junto al fiscal Eduardo Cubría, en la que actuó la División Investigación Federal de Organizaciones Criminales de la PFA.

La víctima fue Leonel Ortigoza, un joven de 16 años, vecino de la 31 bis, con quien no tenía ninguna relación. Ortigoza, dicho en simple, no tenía nada que ver. Simplemente, se llevó un tiro en el tórax por estar ahí. Poco después de las 12 de la noche del 31 de diciembre, el joven se había juntado con un grupo de amigos en el bar La Boca del Barrio Ferroviario. Dante mismo ni siquiera apretó el gatillo; se habría encargado de manejar la moto Honda que transportaba al encargado de matar al chico, hoy prófugo de la Justicia.

El atacante no fue, digamos, certero: hubo ocho tiros en total frente al bar La Boca. Leonel fue transportado al hospital Rivadavia, para morir por sus heridas a la 1:45 AM. En sí, el cómplice de Dante Josué había ido a buscar al disparador del verdadero móvil del hecho: el hombre que se había acostado con su chica, la madre de su hija.

Múltiples testimonios en la causa lo comprometen. Un testigo lo reconoció sin lugar a dudas en una rueda días atrás. Por lo pronto, Dante Josué no sería parte de su organización: Dante Josué no figura en la extensa pesquisa de Torres. Un funcionario judicial que investigó largamente a Mariños padre estima: "Si yo fuese 'Ruti' digamos que para controlar la 31 bis no andaría usando a este muchacho". Sin embargo, un testigo que declaró en la causa del juez López lo involucró el negocio narco: "No vive en la Villa 31 sino en la 1-11-14. Viene a veces, le deja droga a pibes para que la vendan y les da armas también. Hay un pibe que labura para él que va recolectando la recaudación y Dante viene cada tanto y se lleva la mochila con la plata", aseguró.

La disputa genética es clara. "Hijo de María Gutiérrez y padre natural", dice la causa sobre Dante Josué. Sobre su supuesto padre, el joven miente, o calla para despegarse también. La PFA y el juez Hernán López lo consideran hijo de Mariños. Pero "Ruti", mientras tanto, se despega de Dante Josué. Fabio Galante, abogado de Mariños padre, asegura que, "según 'Ruti', no es de él".

¿Mariños tiene intención de entregarse tal como se anunció semanas atrás? En una entrevista histórica en Telenoche, "Ruti" aseguró ser un simple zapatero remendó, alejado de drogas y ajustes de cuentas en una de las zonas más pobres de Lima. El abogado Galante apunta: "La entrega de Ruti está en tratativas pero el juez Torres no brinda ningún tipo de garantías para la entrega. Recuerde que él está en su país y si se entrega en su país se inicia el trámite de extradición, que por más que se acoja a la extradición abreviada tarda más de ocho meses. Buscamos que no tenga que quedar detenido tanto tiempo en la prisión de Perú, en función que en la misma existen enemigos de mi cliente que pueden complicarle la estadía".

Por lo pronto, al contrario de cualquier capo narco, Dante Josué no tiene un abogado privado: lo representa un defensor oficial.