Vicente Palermo: "Argentina es el imperio del cortoplacismo craso"

¿Cuál es su análisis de la situación del país?

—Me parece que tenemos dificultades para procesar un cambio grande como éste en circunstancias económicas muy desfavorables y la dificultad la tiene el gobierno para explicar. Hay un problema de argumentación que no es menor y creo que la sociedad argentina tiene dificultad para adaptarse a periodos de temporalidad, de encontrar una forma de aceptar que los tiempos no son los que deberían ser. Hace cuatro meses que comenzó este gobierno, sin duda cometió muchos errores, pero me parece que debería haber una disposición de nosotros, los formadores de opinión, los intelectuales y los políticos a tratar de alargar los tiempos. No digo de los sectores más desfavorecidos que más están sufriendo. Me parece que hay que darles respuestas sí o sí, algunas se están dando pero no son suficientes. En términos de debate es como si el kirchnerismo hubiese instalado su visión, que en ese sentido es perversa y equivocada; este gobierno está haciendo un ajuste brutal, por falta de sensibilidad, porque son títeres de las corporaciones. Cualquiera de esos argumentos creo que no sirven. Hay que salir a discutir.

Da la sensación de que los intelectuales y periodistas no tienen una percepción más humana de los problemas que vive la sociedad ¿qué opina?

—Estoy de acuerdo. El conocimiento que hay va siempre atrás de las realidades. Lamentablemente se lanzan políticas, posiblemente bien intencionadas o correctas pero quedan desfasadas por esa falta de conocimiento. Y no es que el conocimiento no existe, hay que ponerlo en contacto con los problemas, con la gestión y formulación de las políticas.Hay un desfasaje enorme entre una realidad y una política pública. Ahí las intenciones de los ejecutores de la política no alcanzan.

¿Por qué cree que los sectores más postergados son los que primero se resignan ante la corrupción política?

—El problema es que ellos son víctimas y carecen de capacidades organizacionales como para generar una alternativa que pare eso. Están entre aceptar eso o la nada. Es costoso en tiempo, esfuerzo, riesgo personal. Hace falta una intervención externa, que puede venir del Estado o un llamado empresario de la política con las mejores intenciones, que diga: "yo voy a colocar lo que se necesita en términos de energía para generar una respuesta a esto". El Estado puede hacer mucho si es consciente de esto. La opción en Provincia de Buenos Aires del kirchnerismo cooperativizo ciertos programas para poder explotarlos de la manera más barata posible. Los encargados de los grupos eran los que hacían el control del movimiento político. Era la forma más económica para poder controlar y aprovechar eso. El Estado tiene mucho poder.

¿Por qué ese sistema se perpetúa y la gente no entiende que hay que hacer algo al respecto?

—Es un problema porque hay una tentación política. Si hay falta de control, debilidad institucional, escaza regulación, esa tentación política es muy fuerte. Es obtener beneficios a corto plazo a costa de la gente. Cuando el estado organiza toda una cadena es mucho más perverso. Es importante que el Estado esté a favor de las alternativas y hoy en día con los partidos políticos que tenemos que son partidos débiles, con pocas capacidades, es mucho más importante. Hay asociaciones que son capaces de generar una vida asociativa autónoma, plantarse frente al clientelismo político pero es importante que el Estado las potencie. Esas energías son importantes sino me aparece difícil que los sectores más golpeados puedan generar autónomamente sus capacidades.

¿Cómo se revierte la cultura del cortoplacismo?

—La Argentina es el imperio del cortoplacismo craso. Es algo destructivo. No sé cómo se revierte pero uno podría decir: "pongo algunas fichas en el Estado". Trataría de que las políticas públicas empiecen a incluir una dimensión temporal a más largo plazo y empiecen a convertirse en políticas de Estado. Me parece que co-formular las políticas con otros sectores es fundamental. La situación actual no es muy propicia para eso. Otro tema es la sociedad en la que hay que insistir en una confianza en sus capacidades asociativas. Es cierto que estuvo muy coptada por el kirchnerismo porque la pervirtió, la destruyó, pero la vida asociativa es fundamental.

Para llevar adelante políticas a largo plazo es necesario comunicar esas ideas ¿Cómo se hace para desactivar el discurso coyuntural?

—Hay un déficit de argumentación. Es un tema fundamental y que no sé como tener una idea segura de resolverlo. Lo que creo es que hay que actuar. No podemos quedarnos de brazos cruzados contra eso. A través del periodismo, de actividades culturales decir: "esto está pasando y es un problema". Los problemas de la argumentación a veces chocan contra obstáculos epistemológicos, barreras político-culturales. Decías que si la gente tiene confianza puede esperar un tiempo y bancarse el sacrificio. Fuimos testigos de procesos en los cuales los presidentes dijeron: "estamos atravesando un valle de lágrimas pero esperen a atravesarlo". Esa confianza se tiene que ganar, no se puede pedir.