shutterstock 162
shutterstock 162

- ¿Con quién salís hoy?

- Con una amiga...

- ¿A dónde van a ir?

- A un bar, así charlamos tranquilas

- ¿Dónde queda?

- No sé todavía a cuál vamos a ir

- ¿Querés que te pase a buscar cuando termines?

- No, no te preocupes, me vuelvo en taxi

- ¿Me llamás cuando llegues a tu casa?

- ¿Para qué?

- Así me quedo tranquilo...

El diálogo resulta agobiante de sólo leerlo, pero es más usual en muchas parejas de lo que podría creerse.

Situaciones como la simulada arriba bien puede deberse a celos, sentimiento que es habitual que aparezca en las relaciones humanas, sobre todo en las parejas. El problema se produce cuando la intensidad y la frecuencia de estos celos sobrepasan los límites aceptados.

Uno de los pilares fundamentales en toda pareja debe ser la confianza. Si la confianza no existe o está dañada por algo que pasó, esa pareja se encuentra en serias dificultades. En ese contexto es habitual que aparezcan los celos y la desconfianza. También puede pasar que no haya ocurrido ningún episodio en particular que dañe la confianza y que igual existan celos. En ese caso habrá que ver qué le pasa al que desconfía.

"Para poder confiar en los demás primero nos tienen que haber brindado, en nuestra infancia, un clima de confianza. Si eso no está, esto puede traer problemas en las relaciones de la vida adulta. Tener confianza en un vínculo nos permite disminuir la incertidumbre, nos da previsibilidad y también nos permite disfrutar de la relación", explicó el licenciado en Psicología Sebastián Girona (MN 44140).

La desconfianza siempre tiene que ver con la autoestima y la auto seguridad de quien la padece

Según el especialista, "más allá de que la desconfianza siempre tiene que ver con la autoestima y la autoseguridad de quien la padece, es importante aclarar que los celos son primos hermanos del control, o sea que es habitual que los celos aparezcan relacionados con la necesidad de controlar".

Controlar con quién está el otro, qué hace, a qué hora se conectó a Whatsapp por última vez, en una palabra, controlarlo todo. "Todo esto configura un escenario de obsesión alrededor del vínculo que puede llegar a herirlo de muerte", consideró Girona, quien resaltó que "para hacerlo más sutil y para que más o menos sea pasable, muchas veces el controlador, disfraza el control de preocupación".

"Es una forma de que el control sea aceptado. Esto puede servir al principio, pero al fin y al cabo, si el control y los celos se vuelven patológicos, ponen a la pareja en serias dificultades -enfatizó-.

Y tras asegurar que "una faceta del control es su relación con la ansiedad", de ahí que el control siempre tiene que ver con ello, Girona remarcó que "el ansioso quiere tener todo controlado, no quiere que surjan imprevistos".

 shutterstock 162
shutterstock 162

Desde este punto de vista hay que decir que el controlador tampoco la pasa bien. "Muchas veces se pueden ver atrapados en una escalada de pensamiento catastrófico caracterizada principalmente por el famoso 'y si...'", aclaró el especialista, y ejemplificó: "Y si sale con otro...Y si ya no me quiere...Y si la pareja se termina...Y si no conozco a nadie más después...Y si me quedo solo...".

Así, la ansiedad, además de estar relacionada con el control, está íntimamente vinculada con el miedo y el temor. "Es interesante poder ver que ese miedo puede llegar a ser tan grande que nos impide disfrutar del otro y de la relación. El mayor miedo detrás de los celos es perder esa relación o que la persona amada esté con otro/a", detalló.

Para hacerlo más sutil y que sea "aceptable", muchas veces el controlador disfraza el control de preocupación

En el extremo de esto -insiste el psicólogo- "a veces se puede terminar tratando a la pareja como si fuera una cosa". "En ese caso, la situación es más compleja porque cosificar a una persona es un rasgo psicopático peligroso. Si alguien detecta algo de esto en su relación habrá que estar muy atento a qué otras conductas puedan aparecer", resaltó Girona, para quien "además de tratar a la persona como un objeto, a veces se suma que esa persona no puede vivir sin ese 'objeto' y en ese caso la relación pasa a parecerse más a una adicción que a una pareja".

Es interesante poder pensar este tema, no sólo desde el controlador sino también desde el controlado o la controlada. ¿Por qué alguien se queda en una situación así? ¿Por qué tolera semejante presión? ¿Cuáles son los factores psicológicos que influyen para que esa persona no deje la relación? "Muchas veces entra en juego la baja autoestima, otras, en cambio, los proyectos y planes para el futuro que tiene la pareja hacen que sea difícil terminar la relación –detalló Girona-. O también la familia y la estructura creada generan dificultades para terminar con un vínculo patológico".

Y tras asegurar que "sería bueno que la persona que padece el control se pregunte seriamente si ese vínculo es la relación que merece para su vida", el especialista resaltó que al momento de hacerse el cuestionamiento, "a veces la respuesta es no".

Además de todo esto, una relación así viene acompañada de una buena dosis de asimetría. Muchas veces, él sí tiene derecho a salir con un amigo tranquilamente, sin que nadie lo moleste ni le pregunte los detalles minuciosos de la salida. Muchas veces porque el otro es diferente y no es ni celoso ni controlador, pero eso al fin y al cabo hace que uno tenga más derechos que otro en la pareja. Esto suma a la pareja un problema adicional que con el tiempo se puede agravar.