Después de varios días se conoció el resultado final: Bolivia le dijo que "no" a un nuevo mandato de Evo Morales. La derrota del presidente fue "sorpresiva" porque, según las encuestas, no hay en la sociedad un descontento tan grave como sí lo hay en Venezuela. Sin embargo, hay un cansancio con aquellas figuras que quieren "permanecer o perpetuarse en el poder". Así lo consideró Andrés Cañizalez, doctor en ciencia política por la Universidad Católica Andrés Bello y consejero académico del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

De visita por la Argentina, evaluó en diálogo con Infobae el nuevo panorama político en la región y el futuro en Bolivia. "No hay una figura que pueda sustituir a Evo para las próximas elecciones", aseguró.

-¿Cómo evalúa el resultado del referéndum en Bolivia?

-Es sorprendente. Al igual que ocurrió en Venezuela con las elecciones legislativas del 6 de diciembre o con las argentinas que ganó Mauricio Macri, estamos ante sorpresas electorales. En los análisis previos en Bolivia, la expectativa era que el referéndum lo ganara Evo Morales. Se había planteado un escenario reñido, pero había poca expectativa de que ganara el No, como ha ocurrido.

-¿Por qué esta diferencia entre los sondeos y los resultados?

Ahí hay un signo importante: las encuestas no terminan de medir el descontento en nuestras sociedades y eso hace que esos cálculos previos se queden cortos. El triunfo del No es un triunfo inesperado, no estaba en los pronósticos, al igual que la victoria tan abierta de la oposición en Venezuela o la de Macri en Argentina. Hay un malestar en las sociedades con los modelos populistas. Desde el análisis no hemos logrado aproximarnos a ese grado de malestar y a esa necesidad de cambio en la región.

"Hay un malestar en las sociedades con los populismos, hay necesidad de cambio"

-Evo Morales perdió su primera elección. ¿Cuáles fueron los factores que influyeron en el resultado?

-Esa idea continuista, mesiánica. El tema de preparar un sucesor o alternativa dentro de los propios factores de poder ha sido una debilidad. En Venezuela, Chávez intentó gobernar incluso con una enfermedad que le provocó la muerta. Y la designación de Maduro fue precipitada.

-¿Y en Bolivia?

-No se observa una figura de poder dentro del movimiento de Morales que pueda sustituirlo para cuando él no se presente a las elecciones. Las sociedades se cansaron de esas figuras que quieren permanecer o perpetuarse en el poder, más allá de que lo puedan estar haciendo bien, porque en el caso de Evo Morales las encuestas no revelan un descontento grave con su gestión como sí lo hay en Venezuela con Maduro. Interesante en ese contexto lo que anunció Rafael Correa adelantando que no se va a presentar a un nuevo mandato en Ecuador, a pesar de que había pugnado por una reforma constitucional que le permitiría volver a presentarse. Correa debe estar interpretando los signos de los tiempos donde también Ecuador viene manifestando un descontento y no quiere arriesgarse a una derrota en las urnas.

 AP 163
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-¿Por qué es tan difícil elegir un sucesor? El vicepresidente Álvaro García Linera es un intelectual renombrado en la región y lo acompañó a Evo desde el primer momento.

-Estos modelos asumen el poder con un ejercicio personalísimo. Se asume que el apoyo popular es porque hay un líder carismático, una suerte de mesianismo, y eso le hizo mucho daño a estas organizaciones. En Venezuela, por ejemplo, no se establecieron mecanismos democráticos dentro de estos partidos de gobierno para instituir una dirección electa democráticamente por las bases. Ese ejercicio tan largo y personalísimo del poder termina siendo un boomerang para esos modelos de gobierno populistas.

-¿Cómo evalúa la lentitud del recuento de votos?

-Me llamó la atención que hubo pronunciamientos de la OEA por este punto. Termina generando suspicacias, inquietudes, preguntas de por qué, teniendo un arranque de escrutinio muy tecnificado y rápido, luego parece que todo se detuvo. Podría explicarse por el tema geográfico, por los centros de votación más distantes. Pero, desde afuera, termina siendo un aspecto preocupante, que puede generar suspicacia sobre esos propios resultados.

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-A principio de siglo se produjo un giro a la izquierda en los gobiernos de América Latina. ¿Qué análisis merecen los últimos cambios en la región?

-Creo que si bien ese giro a la izquierda tenía muchos elementos comunes y el presidente (venezolano, Hugo) Chávez tenía una influencia en América Latina, y buena parte de lo que llevó adelante Evo Morales durante varios años o Correa se inspiraban en él y había una relación muy estrecha entre estos países, lo que estamos viendo ahora no lo calificaría como un giro a la derecha pero sí como un fin del populismo.

-¿Es un fin de ciclo?

-Se está cerrando un ciclo político en América Latina. Es saludable que ese giro político ocurre en el campo democrático, electorales, que sea por decisión popular. Pero encuentro dificultades en colocar todo esto que está ocurriendo con elementos identificadores. Así como en un momento el chavismo, el populismo, era una marca distintiva entre varios países, hoy hay una diversidad, políticas moderadas, con más responsabilidad en el manejo de los fondos públicos. Eso es lo que prevalece hoy en la región.