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El acuerdo nuclear entre las principales potencias del mundo e Irán despertó la bienvenida de casi todo el mundo, menos de los gobiernos de Israel y Arabia Saudita –y de los países que siguen la línea de la monarquía. Sin embargo, las razones de unos y otros son muy distintas. El primero considera que los activos recuperados por Teherán con el fin de las sanciones le darán más fondos para financiar el terrorismo de Hezbollah. La negativa del segundo y de sus seguidores proviene del conflicto geopolítico que mantienen, de la rivalidad entre chiítas y sunitas y del aumento de influencia de la República Islámica en el Golfo Pérsico.

El gobierno de Barack Obama, por su parte, encabezó las negociaciones entre el G5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania) y el régimen teocrático. El mandatario norteamericano está convencido de que, con este acuerdo, el mundo será un lugar más seguro: Irán se integrará, retomará relaciones con el resto del planeta y, principalmente, Occidente podrá controlar que el programa nuclear persa no tenga como fin el desarrollo de la bomba atómica.

Empero, el primer ministro Benjamin Netanyahu teme que el levantamiento de sanciones a uno de los principales productores de petróleo del mundo le proporcione más dinero para financiar el terrorismo de Hezbollah.

Itzhak Shoham conoce en carne propia los temores del mandatario israelí. Estuvo a punto de morir en 2012, cuando todavía era embajador de Israel en Tailandia. Terroristas iraníes lo esperaban en Bangkok con artefactos explosivos. Pero contaba con información de que "podía suceder algo" y decidió cambiar sus planes para ese día. Los persas que lo estaban por atacar volvieron entonces al departamento de refugiados en el que se alojaban. Uno de ellos acabó con las piernas amputadas cuando se le escurrió una granada de las manos. Los otros dos escaparon. "Cuando el herido sale con las cargas explosivas, para un taxi, pero al verlo ensangrentado no le paró. Le tiraron una bomba al coche, pero el hombre se salvó", cuenta quien también fue director para América Latina de la cancillería de Israel. Finalmente, los tres terroristas fueron apresados. Dos en Tailandia y el tercero en Malasia debido a que había logrado cruzar la frontera. "Fui casi víctima del terrorismo iraní", resume con la voz calma, ya alejado de aquellos trágicos hechos que apuntaron contra él y otros diplomáticos israelíes.

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Aclara que habla a título personal, pero sus 43 años de carrera diplomática a veces lo llevan a hablar en primera persona al referirse al gobierno israelí.

–¿Qué opinión le merece el acuerdo entre las potencias occidentales e Irán?

–La diplomacia es el camino adecuado para resolver problemas y conflictos y, por lo tanto, siempre vi con buenos ojos las negociaciones. En este caso especifico, creo que se podría haber hecho algo mejor. No se negoció en la medida en que era posible. Había que haber obtenido muchas más cosas de parte de Irán que no se obtuvieron. Este es un acuerdo un poco tambaleante. Irán es un país que tiene tres grandes problemas a los ojos de occidente y del resto del mundo. Uno es el programa nuclear, el segundo es el apoyo al terrorismo internacional y el tercero el programa balístico de misiles de largo alcance.

–¿Qué otras concesiones podría haber obtenido Occidente de Teherán?

–El acuerdo se dedicó solo al primer tema, dejando algunos huecos. Vamos a ver si las medidas de control dan resultado y si Irán deja de lado sus ambiciones de desarrollar armas nucleares. Los sistemas de control no son los que deberían haberse implementado. Tenían que ser controles más sorpresivos. Quedan aún sin resolver los otros dos problemas. Por ejemplo, los iraníes continúan con su programa balístico.

"Rohani no ha cambiado el rumbo marcado por Ahmadinejad: Irán continúa financiando el terror"

–De hecho, al día siguiente del levantamiento de las sanciones, Estados Unidos volvió a tomar medidas contra la República Islámica por su programa balístico.

–Exactamente.

–¿Por qué Occidente no fue entonces más exigente?

–Los que van a las negociaciones se ponen metas definidas y tratan de no agrandar el espectro para conseguir esas metas primarias. Nosotros no fuimos parte de las negociaciones.

–¿Estados Unidos no invitó nunca a Israel a formar parte de las negociaciones?

–No creo que EEUU haya invitado a Israel.

"Israel podría haber negociado mejor con EEUU sobre cómo manejar el acuerdo"

–Usted dice que la diplomacia es el camino adecuado. Sin embargo, el gobierno de Netanyahu criticó el acuerdo nuclear.

–El gobierno sostenía que es un mal acuerdo, que no es suficiente y que hay que ver cómo funciona. El comandante en jefe del Ejército hizo una evaluación general de las amenazas. No se refirió contra el acuerdo, pero sí mencionó que con el levantamiento de las sanciones Irán dispondrá de mas fondos (ahora envía 1.000 millones USD a Hezbollah). Y también financia a Hamas a la Franja de Gaza con cientos de millones, aunque menos que a Hezbollah.

–¿Cuáles son las expectativas en Israel sobre esta nueva relación de Irán con el mundo?

–Quisiéramos ver que este acuerdo sea respetado para que Irán disminuya la producción de uranio enriquecido en grados suficientes como para que no pueda ser utilizado para armas nucleares y que las inspecciones sean profundas. Irán hace 20 o 30 años ya ocultó sus actividades nucleares, cuando recién estaba en pañales su programa nuclear. Irán tiene una historia no muy limpia en el tema de respetar los acuerdos. Queremos que sea hagan las inspecciones y los controles.

–En síntesis, ¿el mundo está mejor o peor que antes del acuerdo?

–Creo que no es una pregunta que se pueda responder fácilmente. El mundo está mejor porque de alguna manera se avanza en uno de los temas claves que es el armamento nuclear. Si va a funcionar, es positivo y hay que seguir en esa senda. Si va a influir en la posición que mantiene Irán sobre los otros temas puede servir para controlarlos.

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–Usted ya no es funcionario. ¿Cómo evalúa la forma en que manejó el tema el gobierno israelí?

–Yo siempre estoy a favor de las negociaciones e Israel podría haber negociado mejor con los Estados Unidos sobre cómo manejarlo. El gobierno israelí fue a una confrontación muy abierta y a fin de cuentas no contribuyó.

"El gobierno israelí fue a una confrontación muy abierta y a fin de cuentas no contribuyó"

–Usualmente se cataloga a Hasan Rohani como un presidente moderado, frente al ex mandatario Mahmoud Ahmadinejad, quien había llamado a "borrar a Israel del mapa". ¿Cómo lo ve usted?

Rohani no ha cambiado el rumbo marcado por Ahmadinejad. Por ahora, Irán sigue financiando el terror. Lo vemos en el Golfo, en el Medio Oriente, en Yemen. Continúa con sus acciones. Irán representa la tendencia religiosa de los chiítas, que son casi el 10% de los musulmanes en el mundo. Pero el conflicto con los sunitas es un problema de miles de años no resuelto a través de los siglos. Ocurre que Rohani se hizo una imagen más simpática que la que tenía Ahmadinejad. Pero, como suelde decirse, "la prueba está en cómo el flan sale del horno".

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