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Corría julio de 2010 cuando el Fútbol Club Barcelona anunció la contratación del ex arquero Andoni Zubizarreta como director deportivo. Entonces el equipo era dirigido por Josep Guardiola y venía de ganar títulos al por mayor. No era aquello por lo que el mánager debía bregar, su objetivo principal era el de mantener a los mejores jugadores en el plantel, deshacerse de aquellos que no fueran del gusto del DT y conseguir las fichas de los mejores talentos. Todo marchaba bien con Pep hasta que un día el súperhombre decidió marcharse, entonces fue el tiempo de Tito Vilanova, fallecido poco tiempo después producto de un cáncer, y entonces por pedido de Zubi llegó la era de Tata Martino, acaso su sentencia de salida del club, que lo despidió de su cargo en enero de 2015.

De estos y otros temas habló Zubizarreta en una charla con el periodista Santiago Segurola para el diario Marca. A continuación, los pasajes más destacado de la nota:

Teníamos algunas opciones. La primera no era Suárez. Lo sabe él. En invierno nos planteamos el fichaje de Agüero. Aquello no salió. En esta situación, no había duda: Luis Suárez era nuestro único objetivo. Durante el proceso de negociación se produjo el incidente con Chiellini. El asunto produjo un movimiento de duda en muchos de los clubes que le pretendían. Se cuestionaba su carácter y no se sabía la gravedad de la sanción. Pensé que era el momento de acelerar los trámites del fichaje.Me gustaba todo de él: no era estático, sabía moverse por fuera y nos daba un perfil que no teníamos. Influyó otro aspecto capital: desde el primer momento su predisposición a fichar por el Barça fue máxima. Nos desconcertó, a él y a nosotros, la gravedad de la sanción y todo lo que eso suponía en las restricciones de su preparación.

Él describió su llegada como la de un paracaidista a un portaaviones. Tata es un hombre de fútbol. Y lo sigue siendo. Nos ayudó mucho en un momento muy complejo. No olvidemos que llega cuando se le reproduce el cáncer a Tito Vilanova, poco después de la dimisión de Sandro Rosell.La referencia de Martino siempre fue el equipo, el fútbol, los jugadores. Si lo mides en títulos, no fue el mejor año del Barça, pero en términos de lealtad, discreción y colaboración fue extraordinario. Le tengo un enorme respeto. Es difícil encontrarse en el fútbol con una persona más honesta, coherente, cabal, capaz de aceptar un papel delicadísimo en un momento muy complicado para todos. Siempre fue leal al club y al vestuario, a pesar del tiroteo que sufría en la prensa.

Fichamos a Neymar, la estrella de Brasil, con pocos precedentes parecidos en el Barça. Romario, Ronaldo y Ronaldinho llegaron con experiencia previa en equipos europeos. Neymar tenía algo necesario para nosotros: era un jugador con extraordinaria capacidad para el regate, para eliminar gente, para abrir defensas. Luego, ha hecho eso y muchísimo más. Se ha planteado más retos y los ha ganado, como ha ocurrido después de la lesión de Messi. En cuanto al equilibrio de los tres, de Messi, Suárez y Neymar, eso yo no lo tenía calibrado. Si el presidente me hubiera preguntado si los tres acabarían haciendo asados juntos, no se lo habría podido asegurar.

Ahí confluyen dos caminos. Por una parte, es imposible sostener la ficción de que Messi sea Maradona en todos los partidos, aunque a veces lo parezca. Para empezar, ser Maradona ya es complicado. Si a partir de ahí se produce un descenso, por pequeño que sea, en el rendimiento, eso afecta a él, al equipo, a todo el mundo. Luego, están el fútbol y su perversa necesidad de rastrear el momento del declive de los grandes jugadores. Nos pasó con Ronaldinho y me parece que algo parecido está ocurriendo con Cristiano. Mientras tanto, marca dos goles por partido. A Messi le afectó una secuencia de lesiones más alta de la habitual. Dentro de eso, su rendimiento fue enorme. No excelso, pero enorme. A cualquiera le ocurre. Cuando comparas al Courtois del Chelsea con el del Atlético de Madrid, te parece humano. Sí, pero su calidad está ahí y es buenísimo. Con Messi ocurrió lo mismo, más otra cualidad: su capacidad para reinventarse como jugador. Es mérito suyo, estrictamente suyo.