Dice que nació con un lápiz en la mano. Hijo de padre pintor y de familia de artistas de clase media porteña, se autoproclama amante de Klimt y Rembrandt. Con apenas 5 años, sus dibujos tridimensionales ya superaban los clásicos garabatos de cualquier niño. Pese al indiscutido talento, su padre lo impulsó a estudiar Bellas Artes en Lola Mora donde pulió las técnicas que hace décadas lo inclinaron hacia lo figurativo. Cuerpos humanos, rostros y expresiones corporales hacen del atelier de Pablo Renauld una sinfonía de Bach.

Colores intensos se apropian de su paleta y desenmascaran historias cargadas de penas, pasión y crisis. De adolescente, mientras dibujaba y pintaba, también estudiaba caracterización teatral en el Teatro Colón y fotografía. "El artista no descansa nunca", insiste. Con perseverancia en el complejo mundo del arte afrontó altibajos económicos pero con la convicción de que no hay otra cosa en el mundo que pueda llenar ese espacio.

Comprometido social y políticamente, Renauld le regaló a Cristina Kirchner un retrato de Néstor pintado al óleo. La obra fue inaugurada por la ex presidenta en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada. Hoy, prepara lo que será su primera exposición en Londres, Inglaterra, donde reside desde hace un año por cuestiones personales.

¿A qué edad y cómo empezó tu pasión por la pintura?

— En realidad yo nací con eso. Me ayudó muchísimo que me viejo también sea artista plástico. Me acompañó muchísimo y me apoyó en todo momento. Creo que nací con un lápiz en la mano.

Lo que para un chico es un simple dibujo, en tu caso ya eran obras...

—Y yo de chico ya trabajaba la tridimensión, de la nada. Ojo, yo de eso me di cuenta cuando años después vuelvo a ver mis trabajos y digo ´Ah, yo hacía esto´.

¿Y tenías apoyo familiar?

—Sí, totalmente. Familia de artistas

¿Crees que el artista adquiere el talento o es algo que también puede trabajarse?

—El artista nace con talento y luego va puliendo las técnicas.

¿Cómo definirías el arte que haces?

—Y es un poco de todo. Tengo mucho de Rembrandt y mucho de Gustav Klimt. Es un figurativo del cual ahora estoy saliendo un poco. Mutando recién ahora aunque haya dejado de pintar 20 años.

¿Qué artistas nacionales e internacionales te inspiraron más en tu vida?

—Ernesto de la Cárcova, ¡tremendo artista argentino! De los internacionales, miles: Rembrandt, Van Gogh, Miguel Ángel. Hay mucho material. Estamos hablando de un país de 200 años de historia contra un continente de mil años de historia.

Ya que lo mencionaste, Van Gogh representa un poco cuán difícil es también la vida de los artistas plásticos...

—Es duro. Pasa mucho. La vida económica del artista es muy complicada. Vos ves a todo tu entorno crecer y uno siempre está estancado ahí. Es duro, pero es hermoso.

La perseverancia ¿qué rol juega? ¿Compartís con Picasso que la inspiración te tiene que agarrar trabajando?

—Totalmente. Es un trabajo continuo. El artista no descansa nunca, se la pasa viendo cosas, milésimas de segundos una imagen, en sueños, leyendo un libro. En todo momento uno está trabajando.

Hace poco te mudaste a Inglaterra. ¿Hay diferencias marcadas entre la sociedad europea y argentina hacia el arte?

—Es similar aunque en Europa hay más cultos en base al arte. Personas que no son artistas, que admiran el arte como cualquier persona del planeta tierra, pero que reconocen a los artistas que están viendo y saben más de historia del arte. Hasta para quien menos conoce de arte, siempre hay algo de una obra que le llama la atención y te dice me gusta o no me gusta. Siempre hay un feedback.

¿Invierten más en arte?

—Sin dudas.

¿Crees que los artistas plásticos son reconocidos en Argentina?

—Nosotros tenemos una calidad de artistas realmente excelente. Como así también hay mucho chanta y hasta te diría que ganaron el mercado. Mucho tiene que ver el galerista con eso y también la falta de cultura. Al no conocer, el galerista te vende cualquier cosa, es sabido. Por eso también muchos artistas verdaderos no tienen lugar acá. Pero bueno, son cosas a cambiar para que no pasen más.

¿Y de qué manera?

—Cambiando el sistema educativo. Enseñándole a las personas desde cero. Hay artistas que hacen 30 pinturas por día y claro, al galerista le sirve porque tiene un tipo que le produce en masa. Y la gente va y lo compra. ¿Por qué? Porque no sabe ni entiende.

Hablemos de eso, muchos artistas llegan por imagen más que por talento. ¿Qué opinas?

—Los contactos son importantes en todas partes del mundo. Es difícil vender arte en todo el mundo. Vos podes llegar a lo más alto, pero realmente a mí hay cosas que no me las vendes. Como muchos que están por ahí ahora trabajando, ¿no? Es culpa del sistema. Después del arte abstracto, se le abrieron muchas puertas a la mediocridad. Y perdónenme pero se les dio mucho espacio. Hoy se está pagando el costo. Hoy hay mucho dando vuelta que a mí, en lo particular, no me venden lo que hacen. A la gente: ´Abran un poquitito más los ojos porque no les están vendiendo cosas buenas y quizá están pagando fortunas´.

"No creo en los artistas apolíticos; si estás afuera de eso, estás afuera del mundo".

¿Qué es lo que nunca pintarías?

—Paisajes. Me aburren. Dejémoselo a la fotografía.

¿Crees en los artistas apolíticos?

—No. El artista capta absolutamente todo. Es un comunicador. Si estás afuera de eso, estás afuera del mundo. No creo en los artistas que dicen no tener inclinaciones políticas.

Tu obra de Néstor Kirchner fue colgada por Cristina Kirchner en la Casa Rosada en medio de un clima social político tenso, ¿cómo lo viviste?

—En realidad todo empezó siendo un regalo para Cristina. Empecé a pintarlo y traté de llegar a ella de alguna manera para dárselo. Me atendió Parrilli, la pintura llegó, la recibió y terminó siendo colgada en Casa de Gobierno. En el momento en que sacó la tela que la cubría, sentí un logro tremendo. Me pasaron muchísimas cosas por la cabeza en ese momento: familia, historias, agradecimientos. Y pensé: ´Viste, vos podías´.

¿Cuántos cuadros de Néstor hiciste antes de entregar el definitivo?

—Hice dos. Uno a pedido y el de Cristina.

¿Y las repercusiones cómo fueron?

—Lo viví tranquilo. Lo disfruté con mi familia, mis amigos. Y el resto que siga hablando. Siento que hice un poquitito de historia, en lo personal. Fue lindo.

¿Cómo te tiene esto de vivir en Inglaterra siendo tan nacionalista?

—Mojado. Llueve todos los días (se ríe). Fue una elección también. Me gusta el tema de viajar, conocer otras costumbres, otros pueblos porque me gusta mucho la historia. Son lugares que tienen muchísima historia. Caminar por lugares que tienen dos mil años, es increíble. Vivir en casas de 400 o 500 años. Pero no cambio Buenos Aires. Mis amigos, mi familia, mis costumbres, un asado que extrañaba tanto.

Qué es lo peor y lo mejor de ser artista?

—Lo peor es la situación económica y lo mejor es que se disfruta mucho esa milésima de segundo de decir ´esta es la imagen perfecta´. Y no lo digo desde un punto de vista de envidia hacia el resto. Ojo! Sino que es lo que a mí me toca y lo que yo acepté de mi vida.

¿Cuál es tu sueño?

—Mi próxima obra, que la quiero perfecta. Siempre es así: la próxima obra. Creo que crecí muchísimo con lo que estoy haciendo ahora.

¿Qué le falta a la Argentina en términos de posibilidades para los artistas?

—Más centros culturales. Más ruido, que la gente hable y se exprese. Si no tenemos eso, estamos fritos. Y la educación la veo muy pobre. Las criaturas salen sin saber. Les vendes cualquier cosa que no saben. Si supieran, serían más exigentes. No tendríamos tanto de lo que hay ahora, sino realmente dedicada a lo que hace, con estudios.

¿Estás vendiendo más?

—Sí, hay pedidos. Pero se me complica el tema de vender y querer exponer porque yo no hago 30 pinturas por día. Una obra quizá me lleva un mes.

¿Tenés pensado hacer algo acá en Buenos Aires?

—En cualquier momento. Amo mi tierra.

Sus obras se pueden ver en www.pablorenauld.com y por Facebook