EFE
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Michelle Obama, en cada aparición, demuestra por qué es un ícono de estilo estadounidense. Ayer, en el discurso que dio su marido sobre el Estado de la Unión en el Congreso, lució un destacado vestido que rompió todos los récords: en menos de una hora, estaba agotado en la tienda online; y con el detalle de que las palabras del presidente norteamericano aún no habían finalizado.

El modelo de crepé de lana amarilla sin mangas pertenece a Narciso Rodríguez, diseñador de origen cubano que se crió en Nueva Jersey y que también diseñó el look que la primera dama vistió en la noche de las elecciones de 2008, cuando su esposo, Barack Obama, fue elegido presidente por primera vez.

Como es habitual, el vestido de Michelle Obama causó sensación y, pese a que el mismo tiene un precio que ronda los USD 2.000, en la web que lo vende (Neiman Marcus) no queda ni una sola unidad. La primera dama es una embajadora de la moda en su país, en donde siempre combinó finos diseños con un elegante estilo digno del lugar que ocupa.

Michelle ha sido capaz de encumbrar a varios diseñadores con solo vestir sus prendas apenas unas horas. En términos económicos, quienes analizan este tipo de estadísticas, estimaron que cada aparición de la primera dama estadounidense puede generar un incremento de ventas cercana a los USD 12.000.000. De hecho, según los economistas, el negocio que Michelle Obama genera a las marcas cuyos modelos luce es de más de 2.000 millones de dólares al año.

En los últimos años, ha conseguido instalar un estilo basado en dos pilares específicos: el colorismo y la elección de diseñadores estadounidenses, así como darle la oportunidad a jóvenes talentos que dan sus primeros pasos en el mundo de la moda. Tal es así que la esposa del presidente de Estados Unidos fue jurado del programa Project Runway Junior, un reality en el que 12 aspirantes de entre 13 y 17 años debían crear cada día un nuevo diseño acorde a las directrices que les iban marcando.