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Además de ser un producto, Maggacup promueve un cambio en la relación de la mujer con su propio cuerpo, con su salud y con el medio ambiente.


Las mujeres arrojan 15.000 tampones o compresas en todo el ciclo vital sexual reproductivo, un total anual de 132.000 toneladas de desecho que no se biodegrada y que es prácticamente imposible de reciclar. Maggacup se presenta como una alternativa, ya que está hecha de silicona, dura unos 5 años y ayuda a reducir los desechos de la higiene menstrual en un 99%. El uso generalizado de la copa menstrual ahorraría toneladas de basura no reciclable.


Perullini, Licenciada en Psicología, menciona que los procesos productivos de los productos convencionales también están siendo muy cuestionados y agrega que no se trata solo de la cuestión medioambiental: "hay una problemática de derechos humanos vinculado a una problemática de medio ambiente", para ella, "la salud menstrual forma parte de un tema de justicia social y de derechos humanos".


"Hay miles de millones de niñas que no tienen los recursos dignos para gestionar su menstruación y tampoco tienen acceso a agua potable.Eso (genera) una deserción muy grande del sistema educativo y una tasa muy alta de deserción laboral".


Perullini cuenta además, que la UNESCO se ha puesto en contacto con Maggacup para que sean informantes claves en la investigación de estos números en América Latina y Caribe. Esto demuestra que la copa es más que un producto sustentable, ya que abarca un movimiento que intenta vincular temas de salud sexual y reproductiva con el paradigma del cuidado, que se conecta desde un primer momento en la relación que la mujer tiene consigo misma y por ende con sus ciclos.