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"(Santiago) Derqui está viviendo en la fonda, de limosna, y ya son muchos los meses sin tener con qué pagar", le informaba al presidente Bartolomé Mitre su canciller Rufino de Elizalde, lo que demuestra que la ingratitud, la descalificación y el olvido no son nuevos.

En estos días, fue noticia el hecho de que el recién estrenado presidente Mauricio Macri invitó a todos sus antecesores a la ceremonia de traspaso de mando, incluida la viuda de Juan Domingo Perón, María Estela Martínez, de la que el kirchnerismo sólo se ha acordado para ahondar el maniqueísmo.

Pese al largo período de normalidad institucional desde 1983, no hemos logrado convivir armónicamente con nuestra historia

Un gesto al que no estamos acostumbrados. Pese al largo período de normalidad institucional que vivimos desde 1983, los argentinos no hemos logrado convivir armónicamente con nuestra historia. Ni siquiera en 2010, año del Bicentenario de la Revolución de Mayo, pudimos ver una foto del estilo de las que son habituales en otros países, donde los adversarios políticos declinan sus diferencias ante acontecimientos de trascendencia nacional.

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Pero no todos los mandatarios han actuado hacia sus predecesores con la mezquindad y el sectarismo que han sido el signo distintivo de las tres gestiones del kirchnerismo, una corriente que construyó su poder sobre la base de la polarización.

Con el auxilio del historiador Claudio Cháves, hacemos aquí un rápido repaso histórico de los avatares sufridos por quienes ejercieron la más alta función de gobierno en nuestro país.

Aunque no fue presidente, Juan Manuel de Rosas ejerció de facto la representación nacional ante las potencias extranjeras. Derrotado en Caseros en 1852, se exilió en Southampton, Inglaterra. Pero, como lo revelan sus cartas conservadas en el Archivo General de la Nación, su vencedor y sucesor, Justo José de Urquiza (presidente de 1854-1860) lo auxilió pecuniariamente cada vez que se lo solicitó.

Pese a haber sido investido por Urquiza, Santiago Derqui (presidente efímero de 1860 a 1861) comienza a tomar distancia del caudillo entrerriano. Finalmente, con el bloque del interior dividido, en Pavón, Urquiza favorecerá el triunfo de Mitre sobre su adversario interno, abandonando el campo de batalla.

Derqui marcha al exilio –primero en Uruguay, después en Corrientes-, donde no la pasa nada bien, no sólo por los apuros económicos, sino porque los trastornos políticos en la provincia litoral lo llevarán a pasar breves períodos en la cárcel. Muere en la extrema pobreza, al punto que no fue sepultado de inmediato. A Urquiza le espera un destino peor: será asesinado el 11 de abril de 1870, por antiguos partidarios que se sienten traicionados por él.

A Mitre lo sucede Domingo Faustino Sarmiento, un hombre de su partido que, sin embargo, ya ha roto con él. Mitre comienza a atacarlo desde su diario La Nación Argentina. Hace pegatinas de carteles en los que trata a Sarmiento de "loco, maniático, animal en dos patas y peludo". El otro no se queda atrás.

Tras su jura, Sarmiento se dirigió a la Casa Rosada en medio de una muchedumbre mitrista que lo insultaba y agredía. No le fue fácil abrirse paso hasta donde estaba Mitre esperándolo con el bastón y la banda. Al dejar la presidencia, será senador y ministro. Murió en Asunción, donde vivía su hija.

Nicolás Avellaneda llega a la Presidencia por el apoyo de Sarmiento, Adolfo Alsina y otros. De inmediato debe enfrentar un levantamiento armado de Mitre y del general Arredondo. A su jura asiste muy escaso público, temeroso como estaba el pueblo de Buenos Aires de que asomara por la ciudad algún ejército revolucionario. Derrotada la insurrección, sus jefes marcharon al exilio, entre ellos, el ex presidente Mitre. Pero Avellaneda se muestra generoso y en 1877 anuncia la Conciliación. Mitre vuelve al país.

Roca nombró al ex presidente Avellaneda rector de la UBA y a Sarmiento presidente del Consejo Nacional de Educación

La primera presidencia de Julio Argentino Roca (1880-1886) presagiaba graves conflictos que se desataron una vez que fue elegido por los Colegios Electorales. El Gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor, con el apoyo de Mitre se alzó en armas para impedir dicha nominación. El levantamiento, aunque fracasado, dejó 3000 muertos.

Roca nombró al ex presidente Avellaneda rector de la Universidad de Buenos Aires y a Sarmiento presidente del Consejo Nacional de Educación.

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Miguel Ángel Juárez Celman sucede a Roca quien, para no interferir, se marcha a Europa. Regresa un año después y asume como Senador. Empiezan los desacuerdos que llevarán a la ruptura del PAN que al parecer ya tiene dos jefes: el presidente Celman y el ex Roca. En este contexto, se produce la Revolución del '90, que fuerza la renuncia de Juárez Celman ante el Congreso. El presidente renunciado comenta que, hasta ese momento, jamás había tenido inconveniente alguno en la vía pública -restaurantes, teatros-, "pero ahora vienen a cantar a la puerta de mi casa". Y afirma: "Los hombres son siempre malos, si no encuentran quien los obligue a ser buenos".

Su mandato lo completa Carlos Pellegrini (1890-1892). Mitre y Roca se ponen de acuerdo y para las elecciones de 1892 surge la fórmula Luis Saenz Peña-José Evaristo Uriburu. Los conflictos con la naciente Unión Cívica Radical y las revoluciones de 1893 llevaron a la renuncia de Sáenz Peña y la asunción de su Vice.

Segunda presidencia de Roca

Como presidente de la Asamblea, Bartolomé Mitre, antiguo y feroz adversario del "Zorro", le toma juramento al general Roca que inicia su segunda presidencia (1898-1904).

Fue una Convención de "notables" convocada por Roca -264 personas, cumbre del elitismo oligárquico-, la que decidió la fórmula presidencial que lo sucedería: Manuel Quintana - José Figueroa Alcorta. Gobernaron ambos, ya que Quintana renunció por enfermedad a los dos años y murió poco después.

Figueroa Alcorta fue sucedido por Roque Sáenz Peña, que pasó a la historia por la Ley de sufragio universal, secreto y obligatorio que cambiaría para siempre la política argentina. Murió en 1914 en ejercicio de la presidencia y fue sucedido por su vice, Victorino de la Plaza.

La Ley Sáenz Peña hizo posible la elección del primer presidente con amplio apoyo de masas, Hipólito Yrigoyen. Su asunción fue una apoteosis, con numeroso público aclamándolo a lo largo de la avenida de Mayo. Para tener una idea del cambio de época, basta el testimonio del Secretario del Senado, Benigno Ocampo, citado por Pilar de Lusarreta en Cinco Dandys: "Parecía el carnaval de los negros".

Yrigoyen se había negado a entrevistarse previamente con Victorino de la Plaza, de manera que este último no lo conocía. El nuevo presidente se calzó la banda solo.

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Don Hipólito nominó a dedo a su sucesor, Torcuato María de Alvear. El día que éste debía asumir, 12 de octubre de 1922, Yrigoyen llega a las 6 de la mañana a la Casa de Gobierno y firma múltiples nombramientos de última hora. Se retira a las 11 y vuelve para el traspaso a las 14 horas. Entrega la banda y el bastón y se retira rumbo a la Plaza donde es aclamado por más de media hora.

Yrigoyen es reelecto presidente al concluir el mandato de Alvear. Jura en el Congreso y se traslada hasta la Casa Rosada en un descapotable. Nuevamente la Avenida Mayo está repleta de bote a bote. Alvear le entrega la banda y el bastón. Pero cuando pide silencio para decir unas palabras, nadie obedece, de modo que no se escuchó su alocución.

Tras su derrocamiento por un golpe de Estado dos años después, en 1930, Yrigoyen es detenido y enviado a la Isla Martín García, inaugurando un viaje que varios ex o futuros presidentes harán después. Murió en julio de 1933, y sus funerales congregaron una impresionante multitud. Su fortuna la había invertido toda en la política.

Salteemos el período del fraude patriótico y vayamos a las dos presidencias de Juan Domingo Perón. Un detalle irónico –a la luz de lo vivido en la actual transición- es que al asumir el 4 de junio de 1946 la bancada opositora –mayormente radical- no asiste al Congreso -"nada tenemos que hacer en la reunión que tomará juramento al ciudadano cuya elección y calidad se impidió discutir"- , buscando deslegitimar al nuevo gobierno, algo parecido a lo que subliminalmente hizo Cristina con Macri.

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Sigue una historia conocida. Perón es derrocado en 1955, mientras ejercía su segundo mandato, y marchó al exilio. Fueron proscriptos él y su movimiento y un decreto prohibió hasta su nombre.

Tras un breve período de gobiernos de facto, Arturo Frondizi, de origen radical, hace un acuerdo con Perón que le permite ganar las elecciones de 1958. Pero sufrirá constantes "planteos militares" y en 1962 es desplazado del poder y enviado a la Isla Martín García, donde permanecerá hasta 1964. En los años siguientes, sufrirá un atentado y el asesinato de su hermano Silvio, abogado defensor de presos políticos. En 1973, sumará su partido, el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), a la alianza que lleva al peronismo a la victoria. Y hacia el final del Proceso, participará de la Multipartidaria. Asiste a la asunción de Raúl Alfonsín y en 1983 es condecorado por el mismo Ejército que lo derrocó. Muere en 1995. Su figura está en plena reivindicación actualmente; fue el único ex presidente nombrado por Mauricio Macri en su discurso inaugural.

Arturo Umberto Illia es elegido presidente en 1963. El peronismo está proscripto, lo que se traduce en el elevadísimo porcentaje de voto en blanco (21 %). No existe aun el ballotage: Illia gana con el 25 por ciento. Seguimos en la etapa en que las Fuerzas Armadas condicionan fuertemente la vida política. En 1966, un golpe de Estado derroca al presidente radical. Murió en enero de 1983. Su figura fue reivindicada por Raúl Alfonsín.

Héctor J. Cámpora, que ejerció brevemente la presidencia del 25 de mayo al 13 de julio de 1973 –fue candidato por el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) ante la proscripción de Perón- se refugiará en la embajada de México al producirse el golpe de 1976. La dictadura le dio un salvoconducto para viajar a México recién en 1980, cuando tuvo la certeza de que padecía una enfermedad terminal. Murió poco después, en diciembre de ese mismo año. Su figura es hoy reivindicada por los herederos de la Tendencia, la corriente de izquierda peronista.

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Juan Domingo Perón regresa al país tras 18 años de exilio y proscripción, durante los cuales padecerá atentados contra su vida y el robo y ocultamiento del cadáver de su segunda esposa, Evita, que le será devuelto recién en 1971 en Madrid. Recupera su grado en el Ejército. Muere en ejercicio de la presidencia, el 1° de julio de 1974.

Lo sucede su viuda, María Estela Martínez de Perón, más conocida como Isabel, será derrocada en marzo de 1976 por la dictadura más sangrienta de nuestra historia. Al igual que casi toda la dirigencia peronista del momento, Isabel será encarcelada por varios años, hasta que en 1981 se le permite regresar a España donde reside hasta hoy. Alfonsín –de nuevo- le dio un trato respetuoso y ella le correspondió respaldando el plebiscito por el canal de Beagle. Fue la ocasión para un breve regreso a la Argentina. Pero poco después renunció a la jefatura del Partido y se retiró de la vida política. Bajo el gobierno de Néstor Kirchner, se buscó incriminarla en los juicios por terrorismo de Estado y hasta se pidió su extradición, una situación de la cual, paradójicamente, la protegió el Estado español.

Raúl Alfonsín –que abrió el actual período democrático- gobernó de 1983 a 1989. Como vimos, tuvo un trato considerado y respetuoso hacia sus predecesores. Él mismo fue reivindicado en vida. Tras una primera etapa de "ninguneo", Cristina Kirchner hizo instalar su busto en la galería de los presidentes en la Casa de Gobierno y lo homenajeó. Murió en marzo de 2009 y decenas de miles asistieron a su funeral.

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Carlos Saúl Menem sucedió a Alfonsín y, reforma constitucional mediante, gobernó dos períodos completos, de 1989 a 1999. En el año 2003 intentó un regreso, pero la crisis del 2001 le pasó factura. El kirchnerismo estigmatizó su figura y su década –los 90- negándole todo logro y atribuyéndole responsabilidad en todo lo negativo. Un relato que no impidió a Cristina Kirchner aliarse con él cuando necesitó su voto en el Senado. El ex presidente fue electo en 2005 como representante de La Rioja en la cámara alta. Reelecto, tiene mandato hasta 2017. Enfrenta varios juicios por irregularidades en su gestión.

Fernando de la Rúa tuvo una presidencia efímera (diciembre 1999 a diciembre 2001), que concluyó por la combinación del estallido de la crisis económica y la falta de apoyo político –tanto de su fuerza como de la oposición-. También enfrentó juicios y su figura está desprestigiada. Se ha retirado de la vida política activa pero participa de actos institucionales en los que es de rigor invitar a ex mandatarios, como la reciente asunción de Mauricio Macri.

La transición y el primer reordenamiento post crisis estuvo a cargo de Eduardo Duhalde, presidente designado por el Congreso ante la acefalía generada por la renuncia de Fernando de la Rúa, cuyo vicepresidente, Carlos Chacho Alvarez, había renunciado antes, por diferencias con él. Tras poco más de un año de gestión, Duhalde decidió normalizar políticamente el país, convocando a elecciones. Ungió candidato a Néstor Kirchner quien, con 22 por ciento de los votos, asumió la presidencia ante la renuncia de Carlos Menem de participar del ballotage.

El ex presidente Duhalde fue una de las primeras víctimas del relato kirchnerista. El propio mandatario por él investido lo estigmatizó -hasta alentaron escraches en su contra- y su sucesora no reconoce jamás los logros de su breve gestión, pese a que Néstor Kirchner conservó de ella varios ministros, en particular Roberto Lavagna.

Néstor Kirchner ungió a su esposa como candidata, con el secreto plan de sucederla luego. Pero falleció en 2010, durante el primer mandato de Cristina Kirchner. Su velatorio fue muy mediático y concurrido. Luego vino una fiebre de imposición de su nombre a cuanta obra se inaugurase en el país, a lo que se suma la exaltación constante de su figura y la reinterpretación de su muerte como una "entrega" al proyecto. Cristina Kirchner cerró su segunda gestión inaugurando el busto de su esposo en la Casa Rosada.

En cambio, la reivindicación de la figura de Juan Domingo Perón estuvo, paradójicamente, a cargo de Mauricio Macri quien, como jefe de Gobierno porteño, inauguró la primera estatua del general en la Ciudad.

El revuelo –quizá buscado- en torno al primer viaje de la ex Presidente hacia su provincia permite augurar que no habrá para ella un retiro tranquilo. Aunque no ejercerá ningún cargo por el momento, fue evidente en el último tiempo la intención –incluso la planificación- de mantener porciones de poder desde el llano –el gobierno de Santa Cruz, el bloque de legisladores nacionales, los nombramientos a granel, etc.-, pero aún es temprano para evaluar la eficacia y perdurabilidad de ese dispositivo.

Tras un largo período de maniqueísmo extremo y de épica fundacional –todo, hasta la democracia "real", empezó en el 2003, cuando llegó "él"-, el gesto de respeto institucional de Mauricio Macri hacia sus predecesores –en contraste con la ausencia de Cristina Kirchner en el acto de traspaso de mando- puede ser anticipo de una etapa de madurez y, sobre todo, de toma de conciencia histórica de la necesidad de que nuestros gobernantes se asuman como representantes del conjunto, de ese todo –la Argentina- que es "superior a la suma de sus partes" y que contribuye a que una Nación gane respeto en el mundo. Quizás Cristina sea la primera beneficiada por este nuevo clima.

 Adrián Escandar 162
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