Presidencia de la Nación 162
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Mauricio Macri miró a un costado, buscó a uno de sus colaboradores y le preguntó en voz baja: "¿Cuánto falta?". Promediaba la jura de los ministros y de algunos de los secretarios de Estado en el Museo del Bicentenario. El Presidente leía uno a uno los juramentos, cansado y apurado. De buen humor, bromeó con el parecido de José Cano con el actor George Clooney; a Pablo Avelluto y Esteban Bullrich los cargó por sus segundos nombres, y a Gustavo Lopetegui, el último en prestar juramento, le dedicó un chiste "a lo Macri", como explicó luego uno de sus funcionarios. "Siempre se deja lo mejor para lo último", le asestó al ex LAN.

Distentido, Macri oficializó a su gabinete entre familiares, empresarios y amigos al filo de la noche de ayer, en una jornada intensa que empezó a marcar el estilo que Cambiemos le imprimirá a su gestión de Gobierno, muy diferente a la década kirchnerista. Ayer no hubo mística, ni cánticos, ni banderas, ni patios atiborrados de militantes, una costumbre de los últimos años. Solo decenas de funcionarios de primeras y segundas líneas todavía desconcertados frente al desembarco en territorio desconocido.

Cinco minutos antes de las 18, el flamante jefe de Gabinete, Marcos Peña, se asomó con uno de sus dos hijos a uno de los ventanales del primer piso con vista al Patio de las Palmeras. En las oficinas de la planta baja, algún ministro, secretarios de Estado y asesores hacían el primer desembarco en sus nuevos despachos. Un par tuvieron que pedir reiteradas instrucciones para encontrar las oficinas. Otros recién empezaban a acostumbrarse con el protocolo y las medidas de seguridad, como las huellas dactilares de varios de los accesos. Muchos funcionarios de primera línea, de hecho, aún no saben qué oficina ocupar. Al menos hasta ayer, Macri no había desembalado ninguno de sus petates en la oficina presidencial. Solo se acomodó por primera vez en su lugar de trabajo acompañado por sus más cercanos: su mujer y su hija, su hermano Mariano, sus amigos Nicolás Caputo, José Torello y Fabián Rodríguez Simón, el ex automovilista Osvaldo "Cocho" López y funcionarios de estrecha confianza como Fernando de Andreis, Hernán Bielus o Federico Suárez.

Trivialidades en comparación a la carga emotiva y a la responsabilidad que durante todo el día de ayer y desde ahora pesa en los principales funcionarios. "Es mucha responsabilidad", reconoció a Infobae un ministro de los más importantes un rato después del mediodía, mientras veía pasar frente a sus narices a Macri, que volvía de bailar ante la multitud en el balcón de la Casa Rosada. "Mucha presión", se sinceraba otro.


"Ahora no hay excusas ni margen para victimizarse. Gobernamos Nación, Ciudad y Provincia, nos van a exigir cambios", decía un secretario sentado en la antesala de un despacho ministerial, en la planta baja de la Rosada. "Si matan a un pajarito acá en la Plaza de Mayo, toda la responsabilidad va a ser nuestra", exageraba.

La responsabilidad que pesa sobre el lomo de la cúpula macrista es proporcional a la inquietud que desde hace semanas se debate en el seno del Gobierno, entre los ministros y funcionarios más encumbrados, y que tiene que ver con el equilibrio entre la gestión y la rutina personal y familiar. En ese dilema hay un dato que parece nimio pero que no es menor: muchos de los ministros del gabinete nacional son padres de hijos pequeños. Y varios de ellos ya empezaron a preocuparse por el tiempo familiar que deberán resignar. "Es un tema de discusión permanente, habrá que buscar el equilibrio", aseguró un asesor presidencial. En esa línea, el Presidente es el primero en buscar la armonía familiar con su hija Antonia y su mujer, Juliana Awada.

Entre risas, la inquietud familiar que rodea al nuevo gobierno quedó plasmada en la jura del jefe de Gabinete, Marcos Peña. "'Luchi' está nerviosa, como todas las mujeres y maridos que comparten esta responsabilidad", le dijo Macri. "Luchi" es Luciana Mantero, la mujer del ex secretario General porteño. Al igual que el Presidente, Peña es otro de los obsesivos por cuidar la rutina familiar. Un dilema con el que el más importante de los ministros deberá lidiar de ahora en más. "No permito que la política me coma la vida", aseveró el funcionario en el verano del 2008, cuando todavía no había desplegado toda su influencia.

En el nuevo esquema de gestión macrista, Peña será clave. No solo para amalgamar al gabinete, sino porque sobre él recaerá la política de comunicación del Gobierno. Será el mandamás de la mesa compartida con los cerebros comunicacionales de las gestiones porteña y bonaerense. A propósito: en el equipo de la gobernadora María Eugenia Vidal terminan de definir el color que identificará a la gestión de la mandataria y que reemplazará paulatinamente el naranja, símbolo sciolista.

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Entre hoy y mañana, Macri tendrá una agenda cargada. Después de la misa interreligiosa que compartirá esta mañana en la Catedral metropolitana, el Presidente recibirá al ex gobernador Daniel Scioli. Por la tarde hará lo propio con Sergio Massa, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Saá, todos ex candidatos presidenciales en la última elección. El sábado, el ex jefe de Gobierno porteño recibirá a una veintena de gobernadores en un almuerzo en la Quinta de Olivos. Ayer, el equipo de prensa de Macri también desembarcó por primera vez en la residencia presidencial. Husmeó en las instalaciones del salón de conferencias.

Antes de fin de año, y más allá de sus primeras medidas económicas, el Presidente anunciará el traspaso de parte de la Policía Federal a la ciudad de Buenos Aires. "Será en las próximas semanas", anunciaban anoche en medio de la jura de ministros.

Tras el acto –transmitido por cadena nacional, la tercera en su primer día al frente del Poder Ejecutivo- Macri tuvo su único momento de distensión de la extensa jornada. Entre mandatarios regionales, invitados especiales, funcionarios, familiares, amigos y dirigentes de la política y el empresariado, Macri compartió a última hora de la noche una función especial en el Teatro Colón. Aunque el más entusiasmado fue Jorge Lemus. Además de haber reanimado al Presidente durante su fiesta de casamiento en Tandil –con una migaja de pan le extirpó de la boca un bigote falso que le impedía respirar-, juran que el ministro de Salud es un eximio pianista, fanático de Mozart, de la música clásica y de la ópera.