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"Hoy en día no hay que transmitir los valores con el catecismo sino con los clásicos", dijo el padre Fazio. Es lo que él se propuso hacer a partir de la vasta obra de su autor favorito, Charles Dickens.

El profesor Pedro Luis Barcia –actual presidente de la Academia Argentina de la Educación- fue el encargado de presentar el nuevo libro de Fazio y de encantar al público -reunido en el acogedor auditorio del CUDES (Centro Universitario de Estudios)- con su habitual combinación de gracia y erudición, dos cualidades que no siempre van juntas.

Había mucha erudición concentrada en el escenario, considerando los pergaminos del doctor Barcia y la larga formación académica de Fazio. Pero también la había entre el público, con la presencia, en primera fila, del experto en política internacional Carlos Escudé, del profesor y ensayista Roberto Bosca -miembro del consejo directivo de CUDES y uno de los anfitriones del encuentro-, los diplomáticos José Ramón Sanchís Muñoz y Archibaldo Lanús y la experta en comunicación Rosa Julia Bellizzi. También estaban entre los presentes los periodistas Jorge Rouillon y Ceferino Reato, la senadora Liliana Negre de Alonso, Carlos Regúnaga, el historiador Roberto Distéfano, María Elena Vigliani de la Rosa y Guillermo Lascano Quintana.

"Es un libro que se lee con fluidez, un libro con vocación de servicio, es decir, que no busca complicarnos la vida, no maneja esa jerga críptica tan de moda", dijo Barcia.

Mariano Fazio es sacerdote. Tuvo el privilegio de ser ordenado por San Juan Pablo II en 1991. Actualmente es Vicario General del Opus Dei. Es licenciado en Historia y doctor en Filosofía. La vocación por escribir no es nueva en él -es autor de más de 20 ensayos- pero El universo de Dickens. Una lección de humanidad es una incursión novedosa en algo que, en palabras de Barcia, no es crítica literaria clásica, sino "un libro de comprensión humana a partir de la literatura". "Fazio no se ocupa de estructuras narrativas sino de la galería de almas", explicó.

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"Un sacerdote católico se vale de un autor protestante para hace un libro cristiano, dijo Barcia. Fazio desarrolla la psicología de un personaje y luego pasa al siglo XXI. Yo lo hubiera titulado 'El almario de Dickens', pero la gente hubiera confundido con armario".

En referencia a Charles Dickens, destacó su "riqueza increíble para crear vidas, como (Honoré de) Balzac". "Dickens compite con el registro civil por la cantidad de nacimientos, bautismos, casamientos y defunciones que hay en sus novelas", bromeó.

"Chesterton decía que Dickens tenía la llave de la calle", dijo, en referencia a los personajes y a los ambientes preferidos por el escritor. Brevemente, recordó que el célebre autor inglés, trabajó de niño en una fábrica –experiencia que recrea en muchas de sus novelas-, luego fue periodista, finalmente novelista consagrado y acabó como histriónico lector en público de sus novelas. Como el bululú, o teatro de una sola persona que representaba los diferentes personajes cambiando la voz.

Fazio destacó que "un testigo fantástico de estas lecturas en público de Dickens fue Sarmiento, que lo cuenta en un libro, impresionado por cómo el escritor cambiaba la voz en cada personaje". En efecto, Dickens hizo una gira por Estados Unidos leyendo sus novelas y fue allí que Sarmiento tuvo oportunidad de escucharlo.

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"Los clásicos son clásicos porque se pueden leer hoy y siguen vigentes", dijo el autor, justificando su enfoque. Explicó que, al leer a Dickens, pensaba siempre cuántas ideas y valores había para transmitir en sus largas catorce novelas... Una tarea que empezó hace un tiempo y que le llevó varios años completar porque sólo podía dedicarle los ratos libres que le dejan sus múltiples responsabilidades al frente de instituciones académicas pontificias y otras.

El libro se abre con una presentación de la vida de Dickens. Luego viene un capítulo en el cual el autor desarrolla las tres características de ese universo literario. Como lo resumió en la presentación, Dickens es el novelista de la vida cotidiana, de la gente común; pero además, "de Dickens se puede decir que hizo una opción preferencial por los pobres"; y la tercera característica es la alegría y esperanza de vivir, porque hay una vida trascendente.

Un escritor pre-bergogliano podría decirse. O la sencillez y contundencia de una idea cristiana de la vida. La que el papa Francisco predica a diario desde Santa Marta.

"El mensaje es que la alegría no está en que nos vaya bien sino en brindarse a los demás -dice Fazio-. Los grandes personajes de Dickens son los que se olvidan de sí: Ester, la pequeña Dorrit (Amy), la segunda esposa de David Copperfield, etcétera".

Luego cada capítulo del libro está dedicado a un personaje de cada una de las largas novelas del escritor.

"Sin ser Esopo, Fazio toma de él la advertencia: 'El personaje habla de vos", dijo Barcia, aclarando enseguida que el autor "no abusa de las consideraciones morales o religiosas; sólo un párrafo al final para situar".

"Las de Dickens son verdades sobre la naturaleza humana. ¿Qué me dice esto hoy?", dijo Fazio, explicando la pregunta que fue estructurando su libro.

Dickens merece ser considerado como el precursor de las series televisivas, incluso de la telenovela, porque escribía por entregas y sus capítulos eran esperados con ansia por el público, que se volvía fan de sus personajes, como sucede hoy con algunos éxitos televisivos.

"Por ejemplo –contó Fazio- con el personaje de la pequeña Nell [Historia de dos ciudades]se creó un vínculo tan grande con el público que, como se publicaba por entregas, cuando llegaban barcos de Inglaterra a Estados Unidos, desde el muelle la gente que esperaba a los pasajeros preguntaba a gritos: '¿Vive aún la pequeña Nell?' Y Dickens recibía cartas en las que le rogaban: 'Por favor no la mate', pedido que desgraciadamente tuvo que desatender por exigencias de la trama".

"Hay gente que dice que Dickens era muy sentimental. Yo digo: sentimentalísimo", concluye Fazio. El propio Dickens testimoniaba de su sufrimiento al tener que eliminar un personaje.

Pese a ser un escritor realista, en algunos casos, apela a lo fantasioso. Como cuando un personaje logra que le quiten los malos recuerdos. Eso lo lleva a una vida de gran infelicidad y soledad, porque no puede recordar a quienes lo ayudaron cuando estuvo en la mala. Otro personaje le dice: "Es bueno recordar las cosas malas para perdonar".

De la novela Little Dorrit, Fazio no eligió un personaje sino una institución, la Oficina de los Circunloquios, que parodia la burocracia estatal. "En esta novela Dickens le da mucho a dos categorías de personas: los banqueros y la burocracia estatal", explica el autor. En efecto, la Oficina de los Circunloquios es kafkiana: colas interminables, ventanillas, empleados que conversan entre ellos, formularios, extravío de trámites, etc.

"Ahora veo gente real y pienso: este es como tal o tal personaje. El que dogmatiza (esto es así, es de ley natural), el que tira pálidas cuando todos están alegres", señaló el autor.

Fazio recomendó releer David Copperfield, su preferido, "que también era el preferido de Dickens", y que, junto con Oliver Twist y Grandes esperanzas, son los tres que componen en cierta forma la vida del propio escritor. "Luego sigan con Casa desolada", sugirió.

En casi todas las novelas de Dickens hay elementos autobiográficos. En Little Dorrit, Amy, la protagonista, nace en la cárcel por deudas donde se encuentra su padre, Marshallsea, donde también estuvo recluido el padre de Dickens. Pero hay otro detalle, contó Fazio, más anecdótico. El otro protagonista se reencuentra con una novia de juventud, un amor imposible que lo dejó en ensoñación mucho tiempo, pero cuando la vuelve a ver la desilusión es, como se diría entre nosotros, de "tango". De esta novela de Dickens hay una excelente versión en forma de miniserie de la BBC (ver video).

En el libro, Fazio incluye una cita en la cual Dickens describe la gran ciudad, que bien puede adaptarse a la realidad actual de cualquiera de las grandes urbes que conocemos: "¡Corazón de Londres, cada latido tuyo tiene una moral! Al contemplar tu indomable trabajo, en el que no influirá ni un ápice la muerte, ni el ansia de vida, ni el dolor, ni la alegría exterior, me parece oír una voz dentro de ti que penetra en mi corazón, que me ordena, mientras me abro paso entre la muchedumbre, que piense en el mísero desgraciado que pasa junto a mí, y puesto que soy hombre no me aparte con desprecio y orgullo de nada cuanto tenga forma humana".

Un párrafo con claros ecos de las advertencias del papa Francisco contra "la cultura del descarte", el egoísmo y la indiferencia hacia mucho de eso que tiene, como dice Dickens "forma humana".

"A Dickens se le ha acusado a veces de moralismo pasado de moda –escribe Fazio-. Es sin duda un moralista, lo que no significa necesariamente algo negativo. También este libro es algo moralista; al final de cada capítulo hay una breve reflexión".

Esperando que al lector le sirva el universo dickensiano, como le ha servido a él, agrega: "En un mundo donde tantas veces prevalecen la violencia, la fealdad, el interés egoísta, me parece que pueden ayudar algunas de las visiones 'pasadas de moda' de Dickens, que llenan el ambiente de generosidad, pureza, capacidad de darse a los demás".

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Como bien señala el padre Mariano Fazio, revisitar los clásicos siempre es edificante y enriquecedor. Y su libro es un excelente anticipo y guía para adentrarse en el vasto mundo de Charles Dickens.