Télam 162
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Fuego amigo, daño colateral o como se lo quiera llamar, prácticamente no ha pasado un día en las últimas semanas sin que la candidatura de Daniel Scioli no termine cascoteada por algo que dice o hace un kirchnerismo que está en retirada, pero no tanto. A tan sólo nueve días de las elecciones, el Ministerio de Trabajo resolvió dejar ayer a las puertas de la personería gremial al sindicato ultra K de los metrodelegados del subte, ansiosos por independizarse de una vez del gremio de los choferes de colectivos (UTA).

Para la ortodoxia sindical dominante, no es una disposición más. El tema excede la puja sectorial. Si Carlos Tomada, el ministro, firma nomás la autonomía del gremio que lidera Beto Pianelli (tiene 10 días de plazo), el precedente podría significar, en un futuro no tan lejano, un viaje rumbo a la dimensión desconocida para la vieja dirigencia gremial peronista, tan guardiana del modelo clásico, como refractaria a la coexistencia de sindicatos paralelos.

La situación sólo trajo malhumor entre los colectiveros, que pidieron la nulidad de la audiencia a la que Trabajo había llamado para ver cuál de las partes demostraba tener más trabajadores del subte bajo su jurisdicción. Pianelli y equipo se presentaron con el resultado de una compulsa que, según ellos, respalda su pedido de autonomía para negociar los convenios colectivos del sector, entre otras atribuciones exclusivas de los gremios con personería.

Por lo pronto, el primer efecto político fue que el colectivero Roberto Fernández se bajara del bote del candidato oficialista: "Acá estamos frente a una componenda política entre Tomada y los metrodelegados; es evidente que se cambian favores. Pero Scioli tendría que darse cuenta e intervenir...", dijo a Infobae Roberto Fernández, jefe de la UTA, reprochándole al todavía gobernador bonaerense una actitud demasiado pasiva para alguien que ha hecho de la defensa de la ortodoxia sindical una de sus banderas de campaña.

"Yo no tengo ningún compromiso con Scioli. Cuando fui a sus actos lo hice como un simple dirigente gremial. Pero no podemos estar del lado de un gobierno que en todos estos años nos ha tratado muy mal", rompió lanzas Fernández, que hasta poco antes de inclinarse para el lado de Scioli, había coqueteado públicamente con Mauricio Macri, al sostener que éste era más peronista que muchos que se presentaban como tales. Aquel amago de romance pinta ahora para reeditarse.

Vienen de lejos las muchas idas y venidas que hubo entre el gobierno K y el gremio colectivero, siempre condicionado en sus movimientos a los subsidios que llegaran desde el Estado para sostener tarifas y aumentos salariales en el sector de transporte de pasajeros.

En cualquier caso, la de la UTA y el gremio de los metrodelegados es una pelea de largo aliento, que contempla todavía muchos más rounds, incluida la probable intervención de la Justicia. Es una de las bombas del campo sindical que deberá ver cómo desactiva la administración que suceda a la de Cristina.

La actividad gremial bajo tierra es, además de indómita e imprevisible, muy diversa. Ayer mismo, fue otro jueves de pesadilla para viajar en distintas líneas del subterráneo, a raíz de los paros sorpresivos que dispuso el ignoto Sindicato de Trabajadores del Subte, a cargo de Raúl Jerónimo, otra ex Uta igual que Pianelli. Los gremios reconocidos por ley acusan a Tomada de haber alentado una corriente de "aventurerismo sindical", que estaría expresada en las más de 600 inscripciones que dio a organizaciones alternativas.

Fernández: "No tengo ningún compromiso con Scioli. No podemos estar del lado de un gobierno que en todos estos años nos ha tratado muy mal"

Desde la central de Moyano, mientras, velan armas para el acto del martes en Azopardo e Independencia. El atractivo pasa por ver qué va a decir el camionero a cinco días del ballotage. La excusa de la parada es la conmemoración del Día del Militante peronista, que evoca el regreso de Perón a la Argentina tras 17 años de exilio.

"Va a recordar que aquel retorno fue posible gracias a los trabajadores. Pero ante todo hará un llamado para que el peronismo se ponga de pie", dicen en el círculo íntimo de Moyano, donde dan por seguro un triunfo de Macri, algo que por otra parte desean.

El jefe de la CGT opositora, reposicionado en la interna gremial tras acertar el pleno de Macri, le va a entrar duro al Gobierno, en la que al fin de cuentas será la última ocasión que tenga de dirigirse a éste antes de que la Argentina tenga un nuevo Presidente electo. Dicen que va a condenar la campaña de "terrorismo mediático del kirchnerismo para meter miedo", pero resaltando sobre todo que la devaluación, la inflación y la presión impositiva con las que asocian a Macri Presidente, corresponden en verdad a la más estricta actualidad.

"Scioli promete ahora el 82% por ciento móvil para las jubilaciones. Por qué no lo hicieron antes, es una cosa de locos", dice el moyanismo. Como sea, Moyano maquillará donde tiene puesto su corazoncito, al advertirle a los dos candidatos por igual que no habrá paz social si inauguran un ciclo signado por un ajuste que financien los trabajadores y la clase media.

En igual sentido se pronunció el miércoles Pablo Micheli, jefe de la CTA combativa, quien además llamó a sus afiliados a expresarse en las urnas como mejor les pareciera. Exaltó la autonomía de su central, pero sin privarse de analizar a los candidatos, a los que equiparó en estilo y en propuestas. "Son muy semejantes en todo. Nadie podría decir que Scioli es un progresista o un dirigente de izquierda", sostuvo con ironía, aunque lamentándose al mismo tiempo que del campo popular no hubiera surgido un candidato del todo comprometido con la problemática social que denuncia la CTA.

Micheli muestra especial preocupación por la tendencia que observa a "criminalizar la protesta social" (el 2 de diciembre encabezará un acto por esta cuestión) y en ese sentido fustigó a Scioli por entender que el candidato del FPLV se mostró más permeable a las necesidades de la empresa Minera Argentina Gold (subsidiaria de Barrick Gold), que solidario con las víctimas de la feroz represión policial contra quienes, en signo de protesta, bloqueaban la entrada a una de las minas, en la localidad de Jáchal.

El sciolismo sindical vivió otra semana de sentir que nada contracorriente. Los gratifica, sí, la reacción que creen verificar en la militancia tras la elección de octubre. Y los anima también el desprestigio de las encuestadoras, que ahora dan ganador a Macri. Pero también se preparan para esa contingencia, seguros de que el líder del PRO, de llegar a la Rosada, no se va a meter con el poder gremial y que "su impronta empresaria necesariamente se va a fundir con el ideario popular del radicalismo".

Para el sindicalismo, siempre en cualquier escenario, todos los caminos conducen a la negociación.