Si bien le costó más de la cuenta afianzarse en la máxima categoría, el alentador sprint final había sembrado una esperanza descomunal en cada alma verdinegra. Si bien no dependía de sí mismo para continuar en la Primera División, Nueva Chicago sabía que debía enfocarse en hacer su tarea y quedarse con el triunfo ante Quilmes, para luego esperar un tropiezo ajeno y jugarse la vida en un mano a mano para no volver a la B Nacional.

Y aunque el panorama no pintaba nada sencillo de entrada, el destino coqueteó un poco en Mataderos y el Torito por algunos minutos tocó el cielo con las manos. Es que apenas a los 9 minutos logró ponerse en ventaja gracias al gol de Alejandro Gagliardi y 20 minutos más tarde recibía el guiño esperado desde Parque Patricios: Huracán perdía por el gol de Zelarayán y así Chicago y el Globo iban a un desempate para batallar por la permanencia.

Pero la alegría duró poco. Es que antes de que finalizaran las etapas iniciales en cada partido, llegaron los inesperados cachetazos: Braña decretaba el empate entre el Verdinegro y el Cervecero, mientras el Chiqui Pérez en contra lo hacía para el Quemero y Belgrano; dejando así nuevamente a Chicago en la zona de pérdida de la categoría.

Ya en el complemento, todo Mataderos volvió al campo de juego casi sabiendo qué les deparaba el destino. Es que a los pocos minutos de iniciado, los fanáticos desataron una fiesta de bengalas, obligando a Pezzotta a interrumpir el juego por varios minutos, reanudándolo ya bajo una tormenta.

Lejos de resignarse, el Torito batalló hasta el final y hasta recuperó la ventaja con el gol que anotó Mauricio Carrasco poco antes de la media hora de juego. Pero ya no hubo ayuda externa que les permitiera seguir soñando: ni Huracán ni Temperley perdieron (el Globo igualó 1-1 con el Pirata, mientras el Gasolero empató sin goles ante Argentinos) y Nueva Chicago se despidió de la élite del fútbol argentino luego de apenas una temporada.

Si bien los de Mataderos se retiraron con la frente bien alta gracias a las cinco victorias al hilo con las que cerraron el Campeonato de Primera División, el haberse despertado demasiado tarde les pasó una costosa factura (tardaron 20 fechas en ganar su primer partido).

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