Nicolás Stulberg 162
Nicolás Stulberg 162

El populismo macroeconómico de los últimos doce años termina como no podía ser de otra manera, como siempre lo ha hecho, aquí en la Argentina y en otros países de la región, con una economía devastada e hiperregulada.


La magnitud de los desequilibrios macroeconómicos se incrementó a niveles no imaginados apenas algunos meses atrás. Y, por las señales que dio el Gobierno post elecciones, promete incrementarse aún más de aquí hasta la entrega de mando el 10 de diciembre.

Ante este panorama desolador, después de la derrota del domingo pasado, el Gobierno incrementó el cepo importador (reduciendo cupos para la compra de dólares con ese destino); continuó interviniendo masivamente a precios de regalo en los mercados de futuros de tipo de cambio (principalmente ROFEX); e intervino en el mercado de activos en dólares forzando ventas de títulos dolarizados en cartera de algunas aseguradoras.

Hay rumores de medidas extraordinarias tendientes a incentivar la venta de granos en poder de los productores y se hacen especulaciones de qué otras sorpresas podrían darse en los 41 días que quedan de gobierno de CFK.

Las urgencias para el próximo Gobierno

Sin entrar en ese terreno especulativo, hay cuestiones muy delicadas y urgentes que el próximo Gobierno deberá intentar resolver desde su primer día de gestión.

Una de esas cuestiones es el cepo importador. Según nuestras estimaciones, las importaciones impagas hoy ascenderían a unos USD 7.500 millones (hay algunas otras estimaciones que las ubican por encima incluso de USD 10.000 millones) y es probable que se incrementen en las próximas semanas.

Quienes no han podido acceder a los dólares baratos del Banco Central, tienen como contrapartida de una deuda en dólares (con sus proveedores del exterior o sus matrices) activos en pesos.

Están "esperando" a que se resuelvan las cosas y puedan volver a comprar dólares libremente. Porque si eso no sucediera, la actividad industrial seguirá maniatada. Pero lo más probable es que no podrán comprar esos dólares que deben al tipo de cambio de hoy o del momento en el cual realizaron la importación, lo cual les significará una pérdida, en muchos casos, importante.

El próximo régimen cambiario y monetario deberá prever qué hacer con esta demanda reprimida de dólares. Porque podría ser muy riesgoso que el día uno de funcionamiento del nuevo régimen sin cepo, los importadores intentaran hacerse de esos dólares, catapultando su cotización a niveles irreconciliables con la estabilidad nominal.

Otro tema urgente será qué hacer con los contratos de futuro vendidos por el BCRA. El monto total de contratos de futuros en los que el BCRA participa como contraparte vendedora ascendería a unos USD 12.000 millones (considerando sólo lo operado en el ROFEX). En particular, desde el lunes, la posición vendida del BCRA en dicho mercado habría crecido en no menos de USD 2.000 M.

Más allá de la efectividad de esta operatoria para contener la demanda de dólares, y reducir su cotización en los mercados no oficiales, esta estrategia tiene importantes consecuencias sobre la política económica del nuevo gobierno.

La razón es sencilla: si al momento de vencimiento de los contratos, el precio del dólar en el mercado oficial es más alto que el que establece el contrato, el BCRA deberá pagar en pesos la diferencia entre ambos precios. Puesto de otra manera, si el peso se depreciase durante las primeras semanas de gestión del nuevo gobierno, el BCRA debería emitir una muy importante cantidad de pesos para "pagar" esos contratos.

Según estimaciones del mercado, tomando en cuenta la cantidad y precio de los contratos existentes, dicha emisión podría estar entre unos $40.000 millones (si el tipo de cambio alcanzara los 14 pesos por dólar) y unos $85.000 millones, un 15% de la base monetaria si la paridad oficial y única salta a $18 por dólar.

En la práctica, la mayoría de los bancos centrales del mundo se ponen en la punta vendedora del mercado de futuros para dar una señal en contra de una eventual devaluación (depreciación) de su moneda.

Después de todo, a nadie le gusta autoinfligirse una pérdida. Sin embargo, el juicio sobre la actuación de la autoridad monetaria luce muy distinto cuando se utiliza el mercado de futuros con el objetivo de mantener relativamente calmas las cotizaciones en el mercado presente (mercado spot) a sabiendas de que no hay ni habrá poder de fuego para evitar una corrección cambiaria.


No hay ni habrá poder de fuego para evitar una corrección cambiaria